EL Atlético de Madrid del Cholo Simeone tiene nuevo domicilio. Ayer por la tarde se mudaron a un estadio con más capacidad, nuevo y más moderno. Más de equipo grande. El nuevo hogar rojiblanco se llama Wanda Metropolitano y a su fiesta de inauguración asistieron 182 países de todo el mundo. La fiesta fue completa y el ‘Atleti’ le ganó al Málaga en un buen partido de los locales.
Los 68.000 asientos del nuevo aforo estaban ocupados hacía semanas y la gente llegó dispuesta a tantear la sonoridad del nuevo espacio, algo que los propios arquitectos estaban impacientes por escuchar.
Se habían hecho pruebas de sonido, pero la acústica con el campo lleno no se podía simular; tenían que esperar al primer partido. Quedó claro que es un estadio perfecto para el club que alberga. La afición del Atleti siempre fue la más parecida a una hinchada argentina. Ayer no se calló ni un segundo. La pretendida olla a presión sonó y se sintió mucho mejor de lo esperado.
El rey Felipe VI tampoco se quiso perder el primer partido de la historia del nuevo estadio. Desde la mañana se sucedieron actos y conciertos y tuvieron un éxito rotundo. Los aficionados y socios del segundo equipo de Madrid colmaron los aledaños desde muy temprano a la espera de la apertura de puertas.
Valía la pena esperar cantando y bailando para ver la nueva casa de los chicos del Cholo, que costó 310 millones de euros y tres años de obras ininterrumpidas. Diez minutos antes del inicio del partido la Patrulla Águila del ejército español sobrevoló el estadio con seis aviones que formaron la bandera de España.
Minutos después, tres paracaidistas flotaron sobre la espectacular estampa del estadio hasta posarse sobre el verdísimo pasto virgen. Uno de ellos traía la pelota y aterrizó justo en el punto del centro del campo. La gente enloqueció ante semejante show alegórico.
Arrancó el partido entre cánticos y con la presión sobre el rival que anunció el Cholo en la previa. El Málaga se defendía como podía y el equipo local lo intentó de todas las formas, aunque no logró deshacer el cero a cero en la primera parte.
No importaba, la afición seguía alardeando de la buena nueva acústica. Los atléticos saltaron a la segunda parte a morder, conscientes de la importancia deportiva y simbólica de meter ese primer gol.
Y por fin llegó, justo cuando se cumplía una hora de juego. El argentino Angelito Correa le puso un pase perfecto a Antoine Griezmann y el francés la enganchó con la derecha para entrar en la historia. El primer gol en el Metropolitano se escuchó a kilómetros de distancia.
EL ruido era ensordecedor y la felicidad plena. Y desde ahí hasta el final el Málaga lo intentó y el Atlético tuvo alguna más, pero sobre todo aguantó el resultado. Muy a lo Atlético.
Muy a lo Cholo. Y así se acabó la primera función de un teatro que recién abre. El primer partido de miles, los primeros noventa minutos de las décadas venideras. Todo se selló con fuegos artificiales.
Atrás queda el Vicente Calderón, la antigua casa cincuentenaria de los colchoneros. Atrás quedó la humedad y el frío que se sentía por el río Manzanares que tenía pegado.
Quedan los buenos recuerdos que dejaron allí Luis Aragonés, José Garate, Paulo Futre, Diego Forlán, el Kun Agüero o Radamel Falcao. Se sustituyen hoy por la ilusión, la esperanza y la fe, por quince mil asientos más y por tres pantallas LED gigantes y 900 monitores IPTVs.
El Atlético de Madrid tiene estadio nuevo, su entrenador ideal recién renovado y la plantilla intacta respecto al año pasado. Todo parece perfecto. Pero el fútbol nos ha demostrado demasiadas veces que las condiciones idóneas no se traducen necesariamente en éxitos deportivos.
El tercer equipo más laureado de España, ahora con el tercer estadio de mayor capacidad y con el tercer mayor presupuesto del país vuelve aspirar a subir algún escalón del pódium. Están listos para más que el bronce. Y ellos se lo creen, porque Diego Pablo les enseñó a creer.