Estados Unidos se ve nueva e involuntariamente arrastrado a las cenizas humeantes de la guerra de Irak en medio de acusaciones de que su falta de intervención en Siria ayudó al ascenso de los yihadistas, que ahora se acercan a Bagdad.
Estados Unidos se ve nueva e involuntariamente arrastrado a las cenizas humeantes de la guerra de Irak en medio de acusaciones de que su falta de intervención en Siria ayudó al ascenso de los yihadistas, que ahora se acercan a Bagdad.
Más de una década después de la invasión de Irak y casi tres años después de que las últimas tropas estadounidenses se retiraran, Washington ha quedado relegada en un segundo plano mientras veía colapsar a las fuerzas iraquíes ante la embestida sorpresa de esta semana de los combatientes del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL).
Desde 2003, Estados Unidos puso más de 25.000 millones de dólares para entrenar y equipar al ejército iraquí, e incluso la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, admitió que hubo “una clara ruptura estructural” en las fuerzas de seguridad.
Ahora, con Bagdad en la mira del EIIL en su lucha por establecer un califato islámico desde Líbano hasta las montañas de Zagros en Irán, Washington promete aumentar la ayuda militar.
El gobierno de Barack Obama incluso estudia una petición de Irak de realizar ataques con drones, algo que había rechazado reiteradamente.