8 de octubre de 2026 - 00:00

Las bibliotecas populares en el difícil camino de subsistir

Las bibliotecas populares son emblemas culturales, como definió alguna vez Los Andes. Mucho menos de cien están en servicio en la provincia, pero necesitan más apoyo de las autoridades y del público, que puede dar una mano asociándose e integrando sus comisiones cooperadoras.

Las bibliotecas populares en Mendoza, como en el resto del país, mantienen con un gran esfuerzo la tarea de difusión de la lectura y los libros, en un contexto de dificultades económico-financieras, desfinanciamiento y el impacto de los recortes de subsidios.

La dimensión que antes tenía la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), ya no es la misma.

Pero, estas instituciones persisten. Son un servicio pleno para la cultura y la educación, ya que reciben a diario a decenas de estudiantes, de diferentes niveles del proceso educativo, que no solo pueden estudiar en sus instalaciones, sino que tienen a mano los libros que los planes de estudio solicitan.

Esto es así porque las bibliotecas del territorio -probablemente 75 están activas a la fecha- reciben fondos de la ya mencionada Conabip y de la Comisión Provincial de Bibliotecas Populares (Conabip) y con esa ayuda adquieren libros de lectura general, pero también orientados a los niveles primario y secundario de la educación.

El servicio, como sostenemos, se mantiene con las penurias del caso, pero la cuesta no tendría que ser tan empinada.

El dinero invertido en libros es la inversión mejor concebida porque muchos de los usuarios de las bibliotecas, en general adolescentes y jóvenes, no pueden acceder a su adquisición.

Hay bibliotecas populares que también son municipales, como el caso de la importante unidad de Luján de Cuyo, la “Juan Bautista Alberdi”, y ese doble circuito de vinculación les permite sortear con un poco más de holgura las dificultades de la gestión.

El problema se plantea con las representaciones que no tienen una dependencia municipal por encima. Entonces, libran una batalla cotidiana por la subsistencia y el pago de sueldos a empleados, cuando se tiene esa prestación, y por los costos operativos que implican mantener dependencias que están abiertas muchas horas.

El año termina con dificultades de servicio para la gran mayoría de las entidades repartidas en la geografía provincial.

N obstante las limitaciones, sus empleados y las comisiones ad honorem de sus cooperadoras perseveran en la batalla de la continuidad del servicio, que no sólo es la cesión de un ejemplar, sino además la realización de actos culturales, conferencias y cursos de aprendizaje y capacitación en distintas disciplinas.

El público puede ayudar asociándose a las bibliotecas por medio del pago cuotas, en general accesibles, e integrando las comisiones que conducen estas instituciones.

Para cerrar este comentario, dos aportes de personas que conocen a fondo el desenvolvimiento de las casas de los libros. Uno es del hacedor cultural de Junín, Oscar Alberto López, quien cuenta en las redes cuánto significó en su formación disponer de la mano solidaria de la biblioteca “Pedro J. Bustos”, al lado de la parroquia Nuestra Señora del Rosario.

El restante surge de una experta en el tema, Rosa Ruiz Huidobro, extitular de la Alberdi, de Luján de Cuyo, para quien estas organizaciones son “de vital importancia para la vida social de una comunidad porque brindan espacios abiertos a la expresión cultural y artística, brindando identidad a cada comunidad donde están insertas. La vida de las bibliotecas populares se sostiene gracias a la participación de las personas de su comunidad. Enfrentan el desafío del avance de la pantalla frente a las páginas de un libro. La IA y la tecnología solo son una herramienta ante tanta humanidad.

“Creo que por eso es importante que más allá de que muchas personas posean libros en cualquier formato, visitar una biblioteca popular abre un universo”.

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