11 de octubre de 2026 - 00:00

Efectos de una economía doméstica en crisis

Recientes relevamientos coinciden en que el consumo masivo de la población alcanza en estos momentos una contracción alarmante. Y un estudio, puntualmente, explicó con números que la merma es ya generalizada en las 24 jurisdicciones del país, es decir, en todas las provincias y la ciudad de Buenos Aires.

La economía del día a día de los argentinos no sólo no avanza como se esperaba; cae en cifras e indicadores importantes y, a la par, ya genera grietas en la estructura del gobierno nacional.

Recientes relevamientos coinciden en que el consumo masivo de la población alcanza en estos momentos una contracción alarmante. Y un estudio, puntualmente, explicó con números que la merma es ya generalizada en las 24 jurisdicciones del país, es decir, en todas las provincias y la ciudad de Buenos Aires.

Es lamentable que, por ejemplo, ninguna provincia haya logrado recuperar los volúmenes de comercialización que registraba en 2023, es decir, con la anterior administración nacional, pese al descontrol con que terminó aquel gobierno y el nivel de inflación al que se había arribado.

Y se suma un dato que también se referencia en la anterior gestión, además de en la actual: las ventas en supermercados medidas a precios constantes cayeron un 15,8% entre enero y julio de este año si se las compara con el mismo período de 2023; y un 7% con respecto al año pasado.

Hay, además, indicadores que marcan caídas mucho más severas en zonas puntuales de la Argentina, pero sin que región o provincia alguna se salve del naufragio. Números que confrontan con cifras oficiales de inflación que generan cada vez más desconfianza en un amplio porcentaje de la población, o resultan directamente demostrativas de que en un marco recesivo es muy difícil afrontar condiciones de vida aceptables independientemente de que los números inflacionarios marquen lo contrario.

Cabe preguntar, por qué no, si esa merma inflacionaria está en gran medida impulsada por la baja del nivel de consumo de la mayoría de la población. Hay muchas coincidencias sobre dicho vínculo: cuando la actividad económica se contrae con fuerza la presión sobre los precios tiende a disminuir.

Otro aspecto que muestra el estudio es el deterioro del poder de compra del salario (entre un 27 y 38 por ciento) frente al costo bastante cambiante de tarifas de servicios públicos, de transporte, medicina prepaga y educación. Más grave aún en casos de empleos informales o ingresos de monotributistas. Se trata de consumos impostergables que en muchísimos casos derivan en endeudamientos con tarjetas de crédito o préstamos de difícil devolución posteriormente. Es éste uno de los grandes problemas de este tiempo.

Es así como en medio del desorden señalado no debe sorprender que se hable en estos días de una situación un tanto tambaleante de la conducción económica del país. Está visto que la gestión del ministro Caputo atraviesa tensión interna derivada de la caída de indicadores económicos que distan mucho de lo que el funcionario pronosticó en su momento. Demasiado riesgo para una gestión presidencial con apetencias de cómoda reelección dentro de un año justo.

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