De 2017 hasta 2026, 756 casas fueron deslumbrando aquella idea que surgió, me acuerdo patente, sentado en un río, diciendo: ¿por qué tengo que seguir los caminos que todos siguen y no puedo hacer un camino particular? En 2020 encontramos una marca de paneles que nos acompañó y pudimos resolver todo lo que fue ingeniería.
El sistema existe desde 1978 en Italia, solo que no está implementado en Argentina en su totalidad. Es un poco como Mercado Libre: existía eBay, existían empresas de Estados Unidos que comercializaban, pero tuvimos un loco al que se le ocurrió que se podía construir de forma diferente, y trajo algo que pudo desarrollar y explotar.
—Pero la idea había que concretarla, y en cada municipio había que presentar el sistema. ¿Cómo resolviste la cuestión burocrática?
—Enmarcada en la parte técnica. Nosotros dimos ese marco técnico, ayudamos a los proveedores de paneles a validar los sistemas en la provincia, no solo acá sino también en San Juan, y fuimos explotando la parte técnica para darlo a conocer. El gran input que vimos como empresa, que en ese momento éramos una constructora y hoy somos Grupo Fonther con muchas unidades de negocio, fue capacitar y enseñar.
Creemos que el sistema no es nuestro: es algo que provino de Alemania, de Italia, de grandes empresas de afuera, y lo que hacemos es colaborar y compartir. Empezamos a compartir conocimiento con el IPV, con municipalidades, con universidades, y cada uno fue sacándose el mito o la preocupación, hasta que hoy el sistema está homologado y muy bien visto. Mucha gente ha migrado del sistema de ladrillo a esto. Somos más del 12% en la provincia, en la construcción, que es un montón.
—¿Cuáles son las dudas más comunes que plantea la gente?
—Si se cae. Si resiste sismos. Nos quedamos así, mirando. Claro: si no, no estaría aprobado. Si no, estaríamos todos complicados legalmente. Estas 756 casas construidas: muchas han sido viviendas pequeñas, de 50 a 70 metros cuadrados, otras de 400 metros, y tenemos edificios construidos. No hay mejor dato que lo que está escrito y hecho. El sistema no se resuelve a través del CIRSOC o la norma nacional: se basa en ensayos, muchísimos ensayos, y en obras que ya datan de más de 50 años y que respaldan todo esto.
—¿Cuánto cuesta el metro cuadrado? Circula la idea de que se elige este sistema porque es más barato.
—Para el costo del metro cuadrado, primero hay que definir qué voy a construir. Es como si quiero un auto: híbrido, no híbrido, con gas, nafta. Esto es lo mismo. Las terminaciones marcan mucho el costo, pero si sacamos las terminaciones y vemos solamente el producto, el sistema es equivalente al costo del ladrillo o inferior. Pero real, inferior. ¿10% menos puede ser? Sí. ¿Puede ser un 15? También, depende de cómo lo planteo. ¿Por qué vale menos? Porque está asociado al peso. Estamos en zona sísmica.
Mientras más pesado sea el edificio, las fundaciones son mucho más grandes: muchísimo hormigón, muchísimo hierro. En vez de poner un edificio, voy a poner una casa que pesa la mitad, y la fundación la voy a achicar a la mitad, los tiempos de obra se van a reducir, el hormigón va a ser menor, la mano de obra se va a pagar menos, menos excavaciones, y así te puedo estar hablando un montón de tiempo.
Unitariamente, el panel versus el ladrillo, solo un metro cuadrado, sí es más caro, pero no podés comparar uno a uno. Hay que comparar el metro cuadrado del panel versus vigas, columnas, losetas, excavaciones profundas. En el costo final, estamos por debajo del ladrillo.
—Los plazos son uno de los grandes dolores de cabeza en la construcción. ¿Cuánto se acortan?
—Los tiempos dependen mucho de la habilidad de la constructora. Si arrancamos dos obras con los mismos gremios, el panel es un 50% menos que el ladrillo. Y cuando hablábamos del precio recién, no estaba cuantificando que voy a pagar menos seguro, menos gente, menos muro, y eso disminuye más todavía.
El sistema es tan seriado y tan sistemático que hace que la obra fluya mucho más rápido. Puntualmente, la semana pasada empezamos a levantar una casa de 200 metros, y en 7 días está levantada y empieza a revocar, algo que con el ladrillo se haría en mucho tiempo, depende de la capacidad de la constructora. Hoy el IPV, en Ciudad de Mendoza, está haciendo obras trabajando con moldes de encofrado, y levanta 3 casas de 50 metros por semana, aproximadamente. Evoluciona notablemente los tiempos y reduce los costos.
—¿Cómo imaginás Grupo Fonther en los próximos diez años?
—Me imagino una empresa no muy grande, pero sí muy consolidada en lo que sabe. Muchas veces nos han invitado a participar de rutas, diques o cosas que son desafíos mayores, y siempre dijimos que no: yo juego en esta línea y este es mi carril. En el rugby, yo jugaba en esa posición. Eso lo quiero potenciar al máximo, y sí me imagino que de acá a diez años vamos a hacer una muy gran academia donde vamos a estar digitalizados, adonde va a venir gente de muchas partes del mundo, y seguir ejecutando obras afuera.
Hoy estamos con una obra en Salta, estuvimos con obras en México, en Orlando, y eso nos enorgullece. Ojalá tengamos un equipo sólido que piense como nosotros y que sepa defender los colores de la camiseta, que es ser tradicional. Creemos fuertemente que dentro de unos años el panel va a ser tradicional y que le vamos a ganar la batalla cultural al ladrillo, siempre y cuando sea necesario, porque este edificio amerita hacerlo en hormigón. En otras condiciones, será con panel.
—¿Qué peso tienen los impuestos en el desarrollo de una empresa como la tuya?
—Pregunta difícil. Creo que, como empresarios, los impuestos son muy altos. Creo que los Ingresos Brutos están castigando fuertemente a los empresarios, y muchas veces me planteé si era necesario llegar a donde estábamos o decir: no, freno, hago cuatro cálculos de ingeniería por mes, no tengo la estructura que tengo, y funciona. Pero el rugby no me enseñó eso: el rugby me enseñó a dar batalla. Necesitamos fuertemente colaboración del gobierno para poder bajar los impuestos, porque de la gente no rasqueteás mucho. ¿Cuántas personas están en blanco? El 70, 80% están en negro por los planes, que hoy se está cayendo todo eso, y por otro lado porque poner una persona en blanco realmente es muy costoso. Entonces tenés que empezar a hacer estrategia: jugar con monotributo, subcontratar y esperar a ver qué pasa. Creo que hace falta mucho apoyo político para poder generar más emprendedores y dejar de ser pymes o minipymes para ser empresas. Si no, la batalla es muy desigual. Cuando uno va a competir con precio, no tenés precio, tenés calidad, pero la calle está muy difícil y se vuelve complicado.