Desde la llegada de Javier Milei al Gobierno, el precio de la nafta súper aumentó 558%, muy por encima de la evolución de los salarios y de la inflación. El salto llevó el litro desde los $311 registrados en 2023 hasta superar los $2.000 actualmente, según un informe de Fundación Encuentro.
El impacto también puede medirse en la cantidad de tanques que puede llenar un trabajador del sector privado con su salario promedio. Mientras en 2023 podía completar 26,3 tanques de 50 litros, actualmente solo alcanza para unos 16,4, lo que representa una caída cercana al 38%.
Frente a 2023 se perdió alrededor de 10 tanques, cuando se podrían llenar más de la mitad (26,3) con un salario promedio. El impacto se vio reflejado de manera directa en el deterioro del poder de compra de las personas y en la menor capacidad para abastecerse.
Esto ocurrió porque el aumento que se registró en los combustibles fue muy superior al que obtuvieron los salarios en el mismo período: mientras los mismos aumentaron 311%, la nafta súper pasó a valer casi el doble. También queda muy por encima de la inflación, la cual se sitúa por encima del 373%.
Precios internos fijado, la política cuestionable
La política de fijar el precio interno de los combustibles, a pesar de que la Argentina produce su propio petróleo, entra en el relevamiento y es cuestionada por la Fundación.
Desde agosto de 2025 a agosto de 2026, la producción de petróleo en el yacimiento de Vaca Muerta aumentó 47% y las refinerías trabajan al tope de su capacidad. Sin embargo, el precio se sigue fijando y el argentino lo compra como si fuese importado del exterior.
“Vaca Muerta bombea cada vez más petróleo propio y barato, y las refinerías trabajan al tope. Sin embargo, se decidió fijar el precio interno como si cada litro llegara importado desde el exterior. El resultado: pagamos valor internacional por un recurso que es nuestro”, criticó el informe.
El impacto no solo alcanza a quienes poseen vehículos, sino que empuja a todos los precios. La cadena al alza engloba cuatro fases que terminan chocando con el consumidor.
En primer lugar, el combustible anota un aumento y se incrementa la nafta y el gasoil. Ese alza se traslada hacia el transporte, por lo que el precio de mover mercadería se encarece, haciendo que llegue a los alimentos y bienes en el precio final.
En materia inflacionaria, el encarecimiento de los combustibles puede presionar hasta 2,5 puntos. “El combustible caro no lo paga solo el automovilista: lo paga cualquiera que compra comida”, aseveró el documento.
Las rutas y el bolsillo, los principales afectados
El informe también señala el destino de los Impuestos a los Combustibles Líquidos (ICL) asignados por ley a la construcción y el mantenimiento de rutas.
Del total de $1,5 billones recaudados en los últimos dos años y medio, solo el 26% se ejecutó en obra vial, mientras que el resto permaneció colocado en plazos fijos y bonos del Estado. Con los fondos no ejecutados, podrían haberse mejorado entre 20 y 25 mil kilómetros de rutas, equivalentes a cerca de dos tercios de la red vial nacional.
“La política de combustibles llena dos cajas -la de los balances y la del superávit- y de paso empuja la inflación de todos. Las cuentas de arriba cierran; la ruta y el bolsillo, no”.