A diario, los medios de comunicación van introduciendo términos que nos sorprenden y cuyo valor significativo intuimos o deducimos por contexto pues los diccionarios aún no los registran. Así sucede con los vocablos “dron” y “viralizar”.
A diario, los medios de comunicación van introduciendo términos que nos sorprenden y cuyo valor significativo intuimos o deducimos por contexto pues los diccionarios aún no los registran. Así sucede con los vocablos “dron” y “viralizar”.
Con respecto a “dron”, consultamos la página web de la FUNDÉU y encontramos allí que el término “dron”, cuyo plural es “drones”, puede considerarse una adaptación válida al español del sustantivo inglés “drone” (cuyo significado es “zángano”), y se utiliza para designar diversos tipos de vehículos aéreos no tripulados. No lleva tilde la palabra adaptada por tratarse de un monosílabo.
Nos dice literalmente la FUNDÉU: “En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como «Un drone le llevará su pedido a casa», «Naciones Unidas estrena en África los primeros ‘drones’ para misiones de paz» o «Un ‘drone’ para controlar la inmigración y evitar incendios».
En una primera etapa, este término aludía a aparatos básicamente de uso militar y con aspecto similar al de un avión, por lo que se extendió, como alternativa al término procedente del inglés, la expresión “avión no tripulado”, que puede considerarse adecuada en muchos casos. No obstante, en los últimos tiempos han surgido otros vehículos que no guardan semejanza con los aviones. Para ellos pueden emplearse expresiones más genéricas como “vehículos aéreos no tripulados” o “robots voladores”, según los casos”.
¿Y qué explicación encontramos para el verbo “viralizar” que escuchamos en forma permanente? Vinculamos su origen al vocablo “virus”, del cual el diccionario académico nos da dos valores: el primero, relacionado con el ámbito de la biología, lo define como “organismo de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucleicos, y capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo”. El segundo es del ámbito informático y se define como “programa introducido subrepticiamente en la memoria de un ordenador que, al activarse, destruye total o parcialmente la información almacenada”. De estos valores se deriva el concepto de “viralizar”, que se define como “dar a una unidad de información la capacidad de reproducirse de forma exponencial”. El concepto toma, entonces, de la noción de virus la característica de “reproducirse solo”, sin necesidad de promoción, de boca en boca o a través del correo electrónico. Cualquier tipo de contenido –videos, imágenes, textos– puede llegar a viralizarse.
Además, también nos dice la misma Fundación, que no habría llegado a formarse el verbo “viralizar” si no existiera, con valor de sustantivo, el vocablo “viral”. Textualmente, en la página web de esta institución española, encontramos: “La palabra “viral” es válida como sustantivo, con el significado de “mensaje, idea o contenido que se transmite de forma exponencial a través de las redes sociales, mediante constantes reenvíos entre los usuarios de internet. En las noticias sobre tecnologías de la información y la comunicación es habitual encontrar frases como «Un problema matemático elaborado para niños en Hong Kong se ha convertido en un viral en internet. Aunque el término “viral” solamente aparece recogido en el diccionario académico como adjetivo para referirse a lo “perteneciente o relativo a los virus”, su uso sustantivado está ya ampliamente extendido y puede considerarse válido.
En este sentido, cabe señalar que “viral” no se emplea en estos casos en relación con la capacidad de destruir información de los virus informáticos, sino como metáfora de su modo de transmisión”.
Durante los días del Mundial, las fronteras se borraron y las distancias se hicieron mínimas. Más que nunca la globalización estuvo presente en nuestra existencia cotidiana. La información llegaba al instante y de diferentes formas: allí advertimos que ha variado el modo de hacernos conocer las noticias pues los locutores, enfrentados el uno al otro, tienen en sus manos una tableta con el acceso permanente a las redes sociales, a fin de ir corroborando las reacciones de la población ante determinados hechos. Así, escuchamos que uno le menciona al otro el contenido de los memes. ¿Qué significa este vocablo?
Se trata de un neologismo: meme se escribe en redonda y sin comillas. Este término, creado por Richard Dawkins en su libro El gen egoísta, aparece definido en el diccionario Webster como “idea, comportamiento, moda o uso que se extiende de persona a persona dentro de una cultura”. Por otra parte, nos dice la Fundéu que se emplea cada vez más para referirse a cualquier imagen o texto, a menudo de contenido humorístico, que se comparte viralmente en las redes sociales durante un periodo breve. Aunque aún no aparece recogido en los principales diccionarios de español, su grafía respeta las normas ortográficas del español y puede considerarse un término correcto y escribirse sin ningún resalte tipográfico.
Y ya que nos encontramos en el mundo de la informática, nos vamos a referir al valor de la arroba y de la equis, para involucrar a los dos géneros a la vez, en las fórmulas de encabezamiento de los mensajes que nos llegan a través de los comunicados masivos y también en avisos publicitarios. Leemos la voz autorizada del Panhispánico de dudas, que nos dice así: “Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (“los niños y las niñas”, “los ciudadanos y las ciudadanas”), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: “l@s niñ@s”. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en “Día del niñ@”, donde la contracción DEL solamente es válida para el masculino NIÑO”. Además, desde el punto de vista de la lectura oral, ¿cómo leeríamos una expresión que incluyera la arroba: “día del niñoa” o “día de la niñao” o “día del niño y de la niña”?
Recordamos, además, que las formas duplicadas (“todos y todas”, “compañeros y compañeras”) son innecesarias en español, pues el masculino es el género no marcado y con él nos referimos a los dos sexos. Volviendo entonces al problema de la arroba, debemos evitar su uso porque no se trata de un signo lingüístico y porque podemos usar el masculino como forma genérica.
Con respecto al uso de la X con un fin similar al de la arroba, nos dice el Instituto Cervantes: “Últimamente ha aparecido, como alternativa a la arroba, la letra X, seguramente por su carácter de incógnita, proveniente de las operaciones matemáticas: “Estimadxs ciudadanxs”. Esta alternativa es tan incorrecta como el uso de la arroba, además de poco práctica en algunos contextos: piénsese, por ejemplo, en la imposibilidad de pronunciar estas palabras en la lectura oral.
Debemos rescatar que no todo está mal ni es incorrecto respecto de la utilización de la arroba: en principio, la forma @ fue usada como símbolo de esta unidad de medida de capacidad y masa (correspondía a la cuarta parte de un quintal, esto es, de treinta a treinta y seis libras –unos doce kilos y medio–), proveniente del árabe ‘ar-rub’, “la cuarta parte”. Más tarde se comenzó a usar como símbolo del inglés AT, “a” o “en”, para separar, en las direcciones de correo electrónico, el nombre del usuario, de la denominación del servidor. En otros servicios en línea, como la red social Twitter o la aplicación informática Instagram, se escribe antes del nombre del usuario, para mencionarlo: @editorialespasa.