5 de julio de 2026 - 11:17

Domingo Faustino Sarmiento: el día que escribió enojado a Los Andes

Una visita, una noticia equivocada y una carta encendida: el inesperado cruce entre Domingo Faustino Sarmiento y el joven Diario Los Andes en 1884.

La primera visita conocida de Sarmiento a Mendoza ocurrió durante la Batalla del Pilar, librada en el actual departamento de Godoy Cruz entre unitarios y federales. En Recuerdos de Provincia, Sarmiento evocó aquella experiencia con una mezcla de dramatismo y nostalgia:

“La guerra con todas las ilusiones que engendra, y el humo de la gloria que ya embriaga a un capitán de compañía, no me ha dejado impresiones más dulces, recuerdos más imperecederos, que aquella campaña de Mendoza, que concluyó en la tragedia horrible del Pilar”.

Durante aquel enfrentamiento estuvo a punto de perder la vida. Fue rescatado por su padre y logró cruzar la cordillera rumbo a Chile. A partir de entonces, Mendoza se transformó en un punto de encuentro durante sus años de exilio. Como regresar a San Juan resultaba peligroso por razones políticas, muchas veces se reunía con su madre, sus hermanas y su hija en Puente del Inca, donde la familia podía reencontrarse después de largas separaciones.

La caída de Juan Manuel de Rosas en 1852 abrió una nueva etapa. Poco después, Sarmiento regresó a Mendoza para colaborar en la creación de la Quinta Normal. Fue él quien impulsó la llegada del agrónomo francés Michel Aimé Pouget, encargado de introducir nuevas técnicas agrícolas y distintas variedades de vid, entre ellas el malbec, cuyo destino terminaría siendo parte de la identidad mendocina.

Aunque volvió en otras oportunidades, su última visita sería la más recordada. Corría 1884 y con 73 años el sanjuanino regresó a Chile para despedirse, reencontrándose con viejos amigos y recibiendo homenajes multitudinarios.

De regreso hacia Buenos Aires decidió permanecer algunos días en nuestra provincia. Se alojó en la casa de la familia Civit, sobre la actual calle Montevideo de Ciudad. El edificio todavía existe: funciona allí la Junta de Estudios Históricos de Mendoza. Según señaló Raúl Romero Day, presidente de la institución, Sarmiento descansó en la habitación que actualmente ocupa la hemeroteca.

Su llegada despertó un entusiasmo extraordinario. Los Andes, que llevaba apenas unos meses de vida, describió así el recibimiento:

“El General Sarmiento no ha venido a estas tierras investido de ninguna función oficial (…) Era solamente el educacionista que consagró el apostolado de su vida a la instrucción del pueblo (…) ha sido objeto de entusiastas ovaciones que estos pueblos han tributado en un simple ciudadano, que presenta con orgullo su pobreza después de haber ocupado los más altos cargos (…) y después de haber manejado millones en sus manos”.

Todo parecía transcurrir en armonía hasta que, pocos días antes de abandonar la provincia, el prócer encontró una noticia publicada por el diario que lo indignó profundamente. En sus páginas se reproducía una versión, tomada de un semanario rosarino, sobre un supuesto conflicto que habría protagonizado durante su estadía en Chile.

Edición de Los Andes del 21 de mayo de 1884, en la que el diario publicó íntegramente la carta enviada por Domingo Faustino Sarmiento.

Edición de Los Andes del 21 de mayo de 1884, en la que el diario publicó íntegramente la carta enviada por Domingo Faustino Sarmiento.

Sarmiento escribió una extensa carta dirigida a la redacción, negó categóricamente los hechos y exigió que su descargo fuera publicado. La respuesta de Los Andes no tardó en llegar. El 21 de mayo de 1884 el diario reconoció el error, explicó el origen de la información y ofreció disculpas públicas:

“Profesamos admiración por el Sr. Sarmiento, que como hombre de letras y como publicista, es uno de los genios más originales de América Latina”.

Adolfo Calle, fundador del periódico, no sólo asumió la equivocación, sino que decidió publicar íntegramente la extensa carta enviada por Sarmiento. En ella, el sanjuanino desplegó todo su carácter: corrigió la información, reprendió a la redacción e ironizó con la agudeza que lo convirtió en uno de los polemistas más brillantes del siglo XIX.

Aquella discusión periodística quedó registrada en las páginas del diario y, más de un siglo después, permite redescubrir no sólo el temperamento apasionado de Sarmiento, sino también la temprana vocación de Los Andes por rectificar sus errores y preservar, en sus propios archivos, las huellas vivas de la historia argentina.

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