21 de julio de 2019 - 00:00

Dirigencia 1.0 - Por Maxi Salgado

Los mandatarios del fútbol se muestran pro, pero terminan repitiendo sus acciones arcaicas.

Más allá de que se han desvivido por querer mostrar un cambio, el fútbol argentino sigue mostrando las falencias de siempre. La llegada de la Superliga no fue el bálsamo que muchos vendieron y por el contrario solo ha creado un doble comando que complica las cosas.

La única diferencia es que ahora hay un CEO en Puerto Madero queriendo vender una imagen de profesionalismo y dirigentes en Viamonte que siguen manejando las cosas entre gallos y medianoche.

Porque al final y al cabo, son estos últimos los que tienen el poder de las decisiones importantes.

El tema descenso fue el capítulo semanal de los bochornos. El uso de las excepciones siguen siendo en nuestra dirigencia (y acá no solo pasa en el fútbol) moneda de cambio a la hora de conseguir votos, entonces nada se legisla con tiempo en el país. Lo que se escribe hoy se puede borrar mañana, dependiendo siempre quién está del otro lado del mostrador.

El anuncio rimbombante de la abolición de los promedios duró menos que promesa de borracho y entonces comenzó la puja. Los clubes comprometidos quieren un sistema mixto, es decir dos descensos por promedio y dos por tabla general. Los grandes no quieren correr riesgos. ¿Resultado? La mitad de los clubes no fue a la reunión en la que debía ratificarse el reglamento. Claro que eso poco importó porque se ratificó igual la decisión de que los descenso sigan siendo por promedios, cómo querían los poderosos, lo que debería ratificarse en dos semanas, ya con el campeonato empezado.

Esto porque como todos sabemos, el show debe continuar. El mismo show que hoy todavía no define una postura clara sobre los hinchas visitantes y que también crea una grieta entre los clubes.

Los que están en el Interior y en provincia de Buenos Aires, ya cuentan con el aval de la seguridad para recibirlos, mientras que los que están geográficamente ubicados en la Capital Federal no.

Así Lanús puede recibir en esa primera fecha a los hinchas de Gimnasia de La Plata el próximo sábado, pero a muy poca distancia, ese mismo día, Argentinos no puede venderle entradas a los hinchas de River.

Otro tema que trajo polémica fue el del cierre del libro de pases. Los grandes pedían que no se cerrara en la tercera fecha cómo se hace históricamente y que se esperara a que cerraran en Europa (31 de agosto). El pedido era para resguardarse por si los europeos venían por algún jugador el mes que viene. El principal impulsor era Boca. La Superliga no dio el visto bueno, pero entonces fueron por AFA y consiguieron el visto bueno.  Otro paraguas para los grandes, siempre más proclives a vender al mercado europeo y una resolución que deja a los chicos desprotegidos. Porque si Boca vende a Benedetto y sale a buscar al nueve de Central Córdoba, difícilmente los santiagueños puedan retenerlo y menos actuar con celeridad (por una cuestión financiera) para reemplazarlo.

Y para el final y como claro ejemplo de que todo cambia para que nada cambie. AFA que hizo una campaña mostrándose inclusivo con la profesionalización del fútbol femenino, lo primero que hizo frente a un reclamo de las chicas fue descabezar al grupo de la selección argentina que pedía un cambio. No hubo negociación, no hubo escucha. Hubo acción intimidante. Bien de AFA, bien de machos. Afuera Banini y compañía. ¿Le harían lo mismo a Messi que le hicieron a Banini? Obvio que no. Debería entender la dirigencia que a veces es más importante serlo que parecerlo.

Mientras el mundo piensa en 3.0, nosotros seguimos actuando con acciones arcaicas. Bien 1.0. No se mirá más allá, nos conformamos con que lo que haya se mueva, no importa cómo.

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