"En su concepción del cosmos, los huarpes ubicaban en las primeras jerarquías a Hunuc Huar como proyección energética del universo captada por las montañas y transformada en energía vital para el planeta y a Pelme Tau (la madre Tierra). Precisamente el vocablo 'huarpe' significa "hijos o parientes (Pe) de Huar", lo que indica el sentido identitario del grupo humano con la naturaleza y el cosmos. Pero la energía vital opera con la ayuda de Xumec (el Sol), dador de vida y elemento fundamental para la supervivencia del mundo vegetal, animal y humano en nuestro planeta.
La consideración de los huarpes hacia Hunuc Huar y el Sol queda de manifiesto en sus ceremonias de solsticio en agradecimiento por el intercambio energético de su comunidad con estas deidades.
También Che (la Luna) cumple una función clave en la regulación de su calendario social, religioso y agrícola, compuesto de 13 ciclos lunares. Incluso, los fenómenos atmosféricos como el rato -que para ellos constituía una manifestación de Ketek (el elemento fuego)- están relacionados con lo astronómico como parte integrante de Xumec.
La concepción astronómica huarpe era dual, puesto que existía un polo masculino representado por Xumec (el Sol), que irradiaba la energía de hunuc Huar confiriendo vida al planeta, y un polo femenino encarnado por Che (la Luna) y Pelme Tau (la madre Tierra), que eran las receptoras de la radiación solar. En esta perspectiva cósmico-telúrica en la que todo tiene vida (biocéntrica), la astronomía representaba un mapa y una orientación que establecía las épocas propicias para las actividades agrícolas e indicaba los tiempos sociopolíticos.
Las tradiciones y el legado cósmico de los huarpes han sobrevivido en algunas festividades derivadas del sincretismo cultural de su religión con la imposición del catolicismo, así como en las últimas ceremonias del fuego ofrecidas por Luz Numita antes de su muerte, en el año 2009, en las que la anciana pedía por el retorno de Hunuc Huar a la montaña mendocina".
(Comunicación personal con Silvia Lemos, agosto de 2012)
Fragmento del libro "De Mendoza al Cosmos" (Premio Ensayo de divulgación Ediunc 2012), de Pablo Pacheco.