16 de julio de 2016 - 00:00

Dios aprieta, pero no ahorca

Hemos escuchado en las noticias que un gobernador ha recibido ‘aprietes’ por parte de un grupo opositor; más tarde, oímos que, en determinada localidad, se han visto en ‘aprietos’ para terminar de pagar los salarios: ¿cuál es la diferencia entre ambos términos si los dos derivan de 'apretar’?

Efectivamente, las dos formas en cuestión provienen de ese verbo cuya etimología nos dice mucho: el origen latino es ‘appectorare’, que significaba “estrechar contra el pecho”. Este valor significativo resultaba de la preposición ‘ad’, que daba idea de movimiento o de dirección hacia un lugar, y del sustantivo ‘pectus’,  equivalente a “pecho”.

De ese valor etimológico, se nutren las múltiples acepciones actuales de ‘apretar’: “estrechar algo contra el pecho o ceñir, de ordinario con la mano o los brazos”, como en “La madre apretaba al pequeño en su regazo para darle calor”. También, “oprimir, ejercer presión sobre algo”: “Apriete el botón derecho”. Si se refiere a un vestido o algo similar, significará “ceñir de modo muy ajustado”: “El pantalón demasiado apretado le restaba elegancia”. Otro valor es el de “juntar firmemente los distintos segmentos de una parte articulada del cuerpo”, como en las expresiones ‘apretar los dientes’ o ‘apretar los puños’.

Coloquialmente hablando, puede significar “presionar a una persona, generalmente por medio de amenazas, para lograr de ella un cierto comportamiento”: “Cambió su declaración porque la apretaron para que todo pareciera normal”. También, en el ámbito coloquial, “exigir mucho a una persona”, como en “Hoy te aprietan en esa materia, pero luego lo vas a agradecer”. Si se refiere a una sensación o a lo que lo provoca, ‘apretar’ significa “ser o hacerse tan intensa esa sensación como para provocar una molestia”: “Salgamos temprano, antes de que apriete el calor”.

Si el verbo es ‘apretarse’, como pronominal, referido a un grupo de personas, significa “acercarse unas a otras”: “Si nos apretamos, entramos todos en un solo auto”. Coloquialmente y de forma figurada, puede significar “hacer economía, ahorrar”: “Nos apretamos un tiempo, pero después vimos el fruto del sacrificio”.

Se trata de un verbo irregular, que muchas veces se escucha mal conjugado; en efecto, en todo el sistema de presente y en las tres personas del singular y tercera del plural, cambia la –E- por el diptongo –IE-: yo aprieto, ellos aprietan, valen como ejemplos. Siempre hay diptongo cuando esa vocal E constituye sílaba tónica, vale decir, es portadora de mayor intensidad.

En cambio, son regulares las demás personas y formas: vos apretás, nosotros apretamos, él apretó…

Para responder la pregunta inicial, vemos que ‘apriete’ es una voz coloquial, que no figura en el diccionario académico, pero sí en el Diccionario integral del español de la Argentina. Significa “presión realizada a través de una amenaza o intimidación”: “Denunciaron haber recibido un apriete”. También, en el ámbito económico, equivale a “recorte o reducción en una partida de dinero”: “Se ha anunciado un apriete presupuestario”. El Diccionario etimológico del lunfardo, de Oscar Conde consigna la voz ‘apretada’, como sinónimo de ‘apriete’, y da como variante alternativa ‘aprete’, sin diptongo.

En cambio, ‘aprieto’ sí figura en el diccionario académico y señala una “situación difícil y comprometida; un conflicto o apuro”: “Se vio en aprietos para salvar su reputación”.

Desde el punto de vista fraseológico, encontramos expresiones como ‘apretar el paso/la marcha’, para indicar “aumentar la velocidad con que se camina”; ‘apretar las tuercas/clavijas’ equivalente a “reprender o tratar con dureza a una persona para que cambie su comportamiento”; ‘apretar los dientes’ que señala la preparación para realizar un gran esfuerzo; ‘apretarse el cinturón’ para indicar que se deben reducir los gastos y comportarse de un modo más austero; ‘apretón de manos’ que nombra un tipo de saludo en que dos personas se estrechan sus palmas en señal de cariño, confianza o amistad.

El Diccionario fraseológico del habla argentina, de Barcia y Pauer, consigna frases como ‘apretado como en lata de sardinas’, para señalar la incomodidad por la falta de espacio; ‘apreta(d)o como matambre’, para aludir al tacaño; ‘apretarle a alguien el zapato’, para indicar que una persona siente el rigor; ‘apretar los puños’, para referirse al empeño que se pone al hacer algo o al hecho de contenerse ante una situación.

El Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes consigna, entre sus paremias, “Dios aprieta, pero no ahoga”, variante de “Dios aprieta, pero no ahorca” y la considera de uso actual. En su explicación, podemos leer: “Recomienda la conformidad en la desgracia y la confianza en Dios”. También, nuestra obra Con sabor a Mendoza (2013: 80) incluye este refrán, con la siguiente explicación: “Se quiere significar que Dios podrá someter a pruebas difíciles a los humanos, pero nunca hasta llegar a su aniquilación. Toda situación dura tiene un término”.

“Mucho abarcar y mucho apretar, no pueden ser a la par” y su variante “El que mucho abarca, poco aprieta” son refranes que critican la ambición desmedida pues, hablando metafóricamente, significa que los brazos no van a poder estrechar algo de dimensiones exageradas. “Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato” es un refrán en que, con hablar figurado, se alude al conocimiento que cada persona tiene de sus virtudes y, sobre todo, de sus defectos.

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