El periodista se encontraba presentando una noticia inverosímil ya que era imposible que un hecho de esas características hubiera podido tener lugar; no solamente ponía en duda lo ocurrido sino que, además, cuestionaba la falta de sinceridad del supuesto agente.
Para hacerlo, utilizó el refrán que reza “Dime de qué alardeas y te diré de qué careces”. Quienes estábamos observando el programa, inmediatamente, nos dividimos en dos grupos: uno, el de los jóvenes, no había comprendido el mensaje encerrado en la paremia; el otro, de mayor edad, lo había captado perfectamente y tuvo que explicar el significado encerrado en esas palabras ancestrales.
Vemos que la estructura de este refrán es bipartita y que se contraponen la orden de la primera parte (“dime”) y la acción futura de la segunda (“diré”).
Los otros elementos contrapuestos son el verbo ‘alardear’, en relación con la orden, y el verbo ‘carecer’, en relación con la acción futura.
Desnudada esta estructura básica, nos queda por dilucidar el significado de ese verbo ‘alardear’ para poder ir armando el valor significativo del dicho. ‘Alardear’, según el diccionario académico, es “hacer alarde” y “presumir de algo”.
Mis jóvenes interlocutores siguen sin poder entender: entonces, explicamos que ‘alarde’, voz de origen árabe, es la “exhibición u ostentación de algo, especialmente de una cualidad personal”: “Siempre hacía alarde de sus conquistas”. El sinónimo de ‘alardear’ es ‘presumir’, ‘jactarse’, verbos que coinciden en significar “vanagloriarse de las propias habilidades, cualidades o logros”.
Estos valores significativos nos llevan a la conclusión de juzgar al que alardea o presume como alguien engreído y no necesariamente sincero. En voces coloquiales, diríamos que “se manda la parte”, por su actitud vanidosa.
En la segunda parte, el yo hablante –presente en el pronombre personal ‘me’ del ‘dime’– le contesta a un interlocutor presente en el ‘te’ de la segunda parte. Precisamente, lo que se va a revelar es que aquello que ha sido motivo de jactancia o alarde no es auténtico, pues se ha mentido sobre ello como un modo de desviar la atención o de provocar admiración sobre una realidad de la que se carece: el ‘alarde’ (irreal, falso, hipócrita) se enfrenta y contrasta con la dura ‘carencia’ (real, genuina, verdadera).
Este viejo refrán castellano es recogido por el Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes, con la explicación de que alguien, faltando a la verdad, hace gala de una cosa de la que, en realidad, carece. La idea clave es, pues, la presunción y la hipocresía.
Ligeras variantes se presentan para este dicho, como suele suceder con todo lo que se transmite por vía oral y de generación en generación: “Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres”; “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”; “Dime de lo que te jactas y te diré de lo que careces”.
En la historia de los refranes, nos encontramos con que es una estructura favorita la recogida en esa bipartición contrastante entre lo que coloca luego de la orden y lo que, en la realidad, depende de la acción futura. Algunos ejemplos son: “Dime cuánto traes y te diré cuánto vales” y su variante “Dime cuánto tienes y te diré cuánto vales”, en donde se presenta la temática del interés por los bienes materiales, representada por la dura máxima “tanto tienes, tanto vales”.
También, el conocido “Dime con quién andas y te diré quién eres”, en donde la oposición “aparecer/ser” nos hace reflexionar acerca del valor de los verdaderos amigos. Según el Centro Virtual Cervantes, se pueden deducir los gustos y aficiones de alguien por los amigos y ambientes que frecuenta.
Del mismo modo, este refrán advierte acerca de la gran influencia que ejercen, en el comportamiento o en las costumbres de alguien, las compañías de los demás, ya sean buenas o malas. Este refrán aparece ya en la segunda parte de la máxima obra cervantina, como “Dime con quién andas, decirte he quién eres”.
Lo interesante es la gran cantidad de variantes de forma que se registran para indicar estas oposiciones, con una misma temática subyacente: “Dime qué cantabas antes y te diré qué piensas ahora”; “Dime lo que gastas y te diré cómo eres”; “Dime cómo discutes y te diré cómo gobiernas”; “Dime qué comes y te diré cómo eres”; “Dime lo que sueñas y te diré cómo eres”.