9 de julio de 2016 - 00:00

Diferencias impidieron la redacción de la constitución

En 1816, los congresales tenían como otro objetivo el de redactar la Carta Magna, pero no pudo concretarse por sus distintas percepciones al respecto. En su lugar, se decidió escribir un reglamento provisorio.

Además de declarar a las Provincias Unidas de Sud América “libres e independientes del rey Fernando VII, sus sucesores y su metrópoli”, tal como reza el Acta de la Independencia, el Congreso de Tucumán que se reunió en 1816 tenía como segunda misión redactar una constitución que rigiera su vida política.

Sin embargo, conflictos entre las provincias hicieron imposible la concreción de una ley fundamental.

“El Congreso de 1816 tuvo por sobre todo el afán de escribir una constitución, era el tema de la vida autónoma o del autogobierno”, comenzó a relatar Julio Saguir, politólogo y vocal del Ente Provincial del Bicentenario durante su participación en el Congreso del Bicentenario que se realizó en Tucumán en mayo pasado.

Pero principalmente por la inequidad de las provincias, tal como sugirió el experto, se suscitaron conflictos a la hora de organizarnos como país nuevo. “Nos encontramos con algunos conflictos que limitaron severamente la posibilidad de un acuerdo constitucional. Tanto lo limitaron, que no pudimos acordarlo sino por medio de la guerra”, remarcó.

Según su visión, en aquel momento no nos constituimos como nación a pesar de que en el Acta de la Independencia se menciona ese vocablo. “No había nación en 1816; en ese sentido, los actores que estaban conformándose tenían proyectos alternativos”, señaló.

“De hecho vemos a algunos próceres del pasado como a (José Gervasio) Artigas con una connotación negativa porque no querían venir”, añadió.

Para Saguir, elegir “ir juntos o ir separados” era una alternativa válida para los intereses de cada provincia. “También había proyectos de unión alternativos, pero por la pobreza de muchas provincias del interior, no tuvieron alternativas y se subsumieron a las de los poderosos”, subrayó.

En ese contexto, remarcó el politólogo, los actores de ese momento no procedían tanto a partir de sus ideas y preceptos institucionales, sino estratégicamente. “Es decir, acorde a las circunstancias y a las acciones posibles”, añadió. En este sentido, aseguró que se acuerda de forma estratégica otra alternativa cuando se percibe que es imposible la sanción de una constitución.

Esta decisión se toma a pesar de que los mismos congresales se perciben a sí mismos en una situación de anarquía. “En este contexto buscan una constitución sólida, tal como se refleja en el periódico El Redactor, no debe ser efímera”, recalcó.

Dos posturas

Tal como relató Saguir, cuando se plantea la necesidad de escribir una constitución los congresales se dividen en dos. “Hay distintas percepciones al respecto”, explicó.

Un grupo, con Tomás Godoy Cruz a la cabeza, sostiene que no es posible en estas circunstancias escribir una constitución que permanezca, sino que es mejor remplazar a la ley fundamental por dispositivos temporarios.

“Más bien debemos asegurar frente al enemigo común un pacto que una primero a las provincias y que luego les permita un acuerdo institucional”, fueron las palabras de los congresales que tenían esta visión, tal como citó el politólogo.

En tanto mencionó las elocuciones de Pedro Miguel Aráoz, diputado por Tucumán: “No se presenta en el día otro camino de organizar las cosas bajo el pie en que se hallan, organizar los poderes sociales de modo que su recíproco equilibrio sea bastante para afianzar la seguridad y libertad de los individuos”. Lo que Saguir describió como una postura a favor de mantener el “statu quo”.

La misma percepción muestra el diputado por Buenos Aires Luis José de Chorroarín: “Decía que para darle una constitución permanente, surgía la necesidad de consagrarse primero a la reforma y preparación de las costumbres que debían asociarse, lo que se podía hacer era distribuir los poderes de forma interina”, expuso.

En conclusión, estos referentes no se manifestaban convencidos de que fuera posible una constitución permanente después de declarada la independencia.

Por otro lado, se paran quienes creen conveniente la sanción de una carta magna. “Ellos se apoyan en la percepción de causalidad de una constitución, piensan que puede ser un factor causal de resolución para los problemas que se perciben”, remarcó el experto, y señaló como representante de esta postura a Pedro Ignacio de Castro Barro, que llegó hasta Tucumán en nombre de Buenos Aires.

“Él dice que la constitución es el gran principio del que deben derivar las esperanzas de extinguir el fuego de los partidos y principiar la reforma de nuestras costumbres”, indicó.

Ante esta división reinante finalmente se decide escribir un reglamento provisorio. “La percepción de los congresales es que cuando no se puede resolver una situación de anarquía que se vive es conveniente apelar a dispositivos temporarios hasta que sea posible”, remarcó el representante del Ente del Bicentenario.

La mesa del Congreso

La más firme tradición tucumana sostiene que la mesa que se encuentra en el Salón de la Jura de la Casa Histórica es la que sirvió para la presidencia del Congreso de las Provincias Unidas, en 1816, asegura en un artículo del diario La Gaceta el historiador Carlos Páez de la Torre.

La mesa pertenecía a la familia de Bernabé Aráoz -ex gobernador tucumano- y a fines del siglo XIX era propiedad de su nieta, doña Francisca Aráoz de Aráoz.

Según don Nabor Córdoba, ante ella se había anudado, en 1812, el compromiso de don Bernabé con el general Manuel Belgrano, de reforzar el Ejército del Norte para enfrentar a los realistas en la batalla de Campo de las Carreras. El poeta Baldomero Fernández Moreno dedicó a este mueble inspiradas estrofas, en una de sus composiciones.

Ocurre que, en el templo de San Francisco de esta ciudad, se exhibe otra mesa, también de considerable antigüedad. La comunidad franciscana asegura que ella fue facilitada en préstamo al Congreso y que estuvo en el salón en que se declaraba la Independencia, como también los sillones que se muestran conjuntamente.

Obvio es decir que, en estos temas, no se cuenta para dilucidarlos más que con referencias de la tradición; que, en este caso, se inclina resueltamente por la mesa de los Aráoz. De todas maneras, es perfectamente creíble que, además de la correspondiente a la presidencia, hubiera otras distribuidas en el salón, ya que los diputados debían tener dónde apoyarse para escribir.

Perfil

Julio Saguir.

Es licenciado en Filosofía y en Historia, ambos títulos otorgados por la Universidad Nacional de Tucumán.

Se doctoró en Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago (Estados Unidos).

Se desempeña como secretario de Gestión Pública y Planeamiento de Tucumán y vocal I del Ente Provincial del Bicentenario Tucumán 2016 .

Forma parte, desde octubre de 2008, del Comité de Expertos en Gestión Pública, creado por la Secretaría de Gabinete y Gestión Pública de la Nación.

En la función pública comenzó en 1999 cuando fue asesor del Gobierno de la Provincia de Tucumán con rango de subsecretario, para temas de Reforma del Estado; cargo que ocupó hasta abril de 2011, cuando asumió  como ministro de Educación y Cultura de la Provincia de Tucumán.

Es licenciado en Filosofía y en Historia, ambos títulos otorgados por la Universidad Nacional de Tucumán.

Se doctoró en Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago (Estados Unidos).

Se desempeña como secretario de Gestión Pública y Planeamiento de Tucumán y vocal I del Ente Provincial del Bicentenario Tucumán 2016 .

Forma parte, desde octubre de 2008, del Comité de Expertos en Gestión Pública, creado por la Secretaría de Gabinete y Gestión Pública de la Nación.

En la función pública comenzó en 1999 cuando fue asesor del Gobierno de la Provincia de Tucumán con rango de subsecretario, para temas de Reforma del Estado; cargo que ocupó hasta abril de 2011, cuando asumió  como ministro de Educación y Cultura de la Provincia de Tucumán.

LAS MAS LEIDAS