ENVIADO ESPECIAL DE LOS ANDES A LA DESPEDIDA DE LIONEL MESSI.
La sola presencia de Lionel Messi en el predio de Ezeiza es el tesoro más grande que el fútbol argentino no puede dejar ir.
ENVIADO ESPECIAL DE LOS ANDES A LA DESPEDIDA DE LIONEL MESSI.
Hay hilos sagrados que el fútbol no debería atreverse a cortar jamás. La historia de Lionel Messi con la Selección Argentina costó lágrimas, sudor, resiliencia y batallas homéricas hasta convertirse en el cuento de hadas más hermoso jamás escrito. Por eso, pensar en un futuro donde Leo ya no camine por los pasillos del predio de Ezeiza genera un vacío difícil de digerir. Pero, ¿quién dijo que el final de su etapa con los botines puestos significa un adiós definitivo?
Existe una fórmula perfecta, un puente entre el mito y el futuro: que Lionel Messi sea parte del cuerpo técnico de la Selección Argentina.
Esta idea no nace desde la exigencia ni desde el compromiso formal de cumplir un horario de oficina. Se trata de ofrecerle las llaves de su casa para siempre. Que Leo venga cuando quiera, como quiera y para lo que sienta.
Si desea estar en todas las concentraciones, bienvenido sea. Y si prefiere sumarse únicamente para las batallas trascendentales —las fechas clave de Eliminatorias, las noches complejas de Copa América o los duelos a todo o nada—, la puerta debe estar de par en par:
En el fútbol de elite, el respeto no se impone con gritos; se gana con historia. Los futbolistas que visten la camiseta argentina admiran la gloria, y no existe en el planeta un símbolo de mayor grandeza que Lionel Andrés Messi.
Imaginemos por un segundo lo que significa para un joven recién convocado ver a Leo caminando por el predio, compartiendo un desayuno o tirando una palabra justa antes de salir al campo. Su sola mirada transmite serenidad; su palabra es palabra santa. Los jugadores de elite escuchan a los gigantes de elite. No hace falta que prepare tácticas en un pizarrón ni que dibuje pelotas paradas: su sola presencia eleva el estándar competitivo de cualquiera que tenga al lado.
Lionel Scaloni y su cuerpo técnico conocen mejor que nadie el valor humano y futbolístico del capitán. Ojalá esta idea repase estas líneas, resuene en los pasillos de AFA y funcione como un disparador. Ponerle una silla a Messi al lado del banco de suplentes o en la mesa del cuerpo técnico no le resta espacio a nadie; al contrario, multiplica el valor de todos.
Es una ecuación sin margen de error:
El tiempo pasará y los botines quedarán colgados en un cuadro, pero la sabiduría de Messi no puede quedar guardada en un cajón. Que venga, que opine, que mire, que acompañe. Que sea el guardián de la mística que a él mismo le costó una vida construir. La Selección lo necesita y la historia se lo merece.