ENVIADO ESPECIAL DE LOS ANDES A LA DESPEDIDA DE LIONEL MESSI
Este martes 6 de octubre de 2026 no solo colgará la camiseta argentina el futbolista más glorioso de todos los tiempos; se despide el hombre que nos unió en un solo abrazo. Lionel Messi acompañará a generaciones por el resto de sus vidas.
ENVIADO ESPECIAL DE LOS ANDES A LA DESPEDIDA DE LIONEL MESSI
Y arrancó la cuenta regresiva, nomás. El corazón no late a su ritmo habitual; se acelera, se oprime, presiente el final de una época. Este martes 6 de octubre de 2026 quedará grabado a fuego en las páginas más sagradas del deporte argentino y mundial: Lionel Messi vestirá por última vez la camiseta de la Selección Argentina. Con él no solo termina un partido; se baja el telón de la era más gloriosa, emocionante e irrepetible que haya conocido el fútbol desde sus orígenes.
Argentina es pasional por naturaleza. No conoce de medios términos ni de grises: ama o padece, abraza o juzga. Pero con aquel pibe que partió de chiquito desde Rosario, el amor rompió todas las fronteras. Superó cualquier límite del lenguaje; se nos agotaron los adjetivos para explicar la devoción que despierta en propios y extraños. Leo nos conquistó desde el silencio, la constancia y una genialidad divina que rozó la perfección.
Se retira de la Selección el hombre que nos enseñó que también es de valientes llorar. El que nos demostró que caer de pie o quedar segundos jamás debe llamarse fracaso si se entregó el alma en el intento. Nos enseñó, con el ejemplo y sin discursos grandilocuentes, que tras la caída más dolorosa —porque en la vida y en la cancha se pierde mucho más de lo que se gana—, la resiliencia, el coraje y la humildad son los únicos cimientos reales para volver a ponerse de pie.
Se despide nuestra bandera viva. Nuestro capitán insustituible. Nuestro escudo contra las penas. El único capaz de zurcir todas nuestras grietas y el máximo responsable de la alegría compartida por casi 45 millones de almas.
Gracias, Leo. Te vamos a extrañar con la nostalgia eterna de lo inolvidable. Dejaste una marca indeleble en el alma de generaciones enteras de argentinos... y ese legado vale mucho más que cualquier Copa del Mundo.
Gracias eternas, Capitán.