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- ¿Cómo era Laura Horta antes de esta hazaña?
-Siempre he tenido una característica muy propia: soy un poco testaruda y valiente. Según mi madre, soy una "optimista peligrosa". Y la gente que sabe de montañismo dice que tengo una distorsión cognitiva del peligro (risas). Siempre fui muy corajuda y rebelde. Paradójicamente, le tengo pánico al encierro (claustrofobia) y a nadar en aguas abiertas; por eso me anoté en un Ironman, para exponerme a eso y superarlo. Mis debilidades se convirtieron en mi mayor fortaleza. Sin dudas, que fue clave la motivación, docencia y acompañamiento de mi entrenador Sergio Furlan, fue el quien me demostró que yo podía lograr y superar todos mis límites.
-¿A qué te dedicás profesionalmente?
-Siempre he sido profesora de Matemática, Física y Cosmografía. Cuando mis hijos fueron muy pequeños bajé el ritmo, pero nunca dejé la docencia universitaria. Como exalumna que ama al Colegio Universitario Central (CUC), siempre me dejé unas horitas para dar clases ahí. Estuve 14 años en un cargo de gestión como decana en la UMaza. Cuando volví del Manaslu, dejé el cargo y me dediqué a un nuevo proyecto que parecía imposible: formar una comunidad filantrópica en la universidad. Contra todo pronóstico por la situación del país, no solamente la formé, sino que en un año me convertí en la directora del programa de desarrollo institucional, algo pionero en Mendoza y en el interior del país.
- ¿Seguís con el entrenamiento de alto rendimiento?
-Estoy un poquito lejos del alto rendimiento, pero sí sigo con entrenamientos muy exigentes. Tuve que bajarlos por "La Misión", una carrera de autosuficiencia en el sur argentino que es durísima a nivel físico. El año pasado corrí 80 kilómetros; mi entrenador me había dicho que no la corriera, y después de eso quedé inhabilitada un tiempo por una lesión en la rodilla.
- ¿Cuáles son tus próximos proyectos deportivos y profesionales?
-En breve seré jubilada. Y lo más importante de todo: seré abuela. A nivel deportivo, tengo un próximo "ochomil" en vista. Teníamos ganas de hacerlo con Denis Urubko, una leyenda del montañismo, pero tuvo un accidente y suspendió los ascensos por ahora. Desde lo profesional tengo dos metas: continuar con la comunidad filantrópica para que más chicos no abandonen sus estudios por problemas económicos, y luchar por una Ley de Mecenazgo educativo. Es una ingeniería fiscal para que las empresas que donen a la educación tengan beneficios. Lograr esta ley es mucho más difícil que hacer una cumbre, pero el año pasado ya logramos el apoyo del Ministerio de Producción, legisladores y muchas cámaras empresarias de Mendoza.
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- ¿Qué ganaste en tu vida al volcarte a tu faceta deportiva?
-Si bien nunca me dediqué "de lleno" porque jamás descuidé a mi familia, gané el poder ser fiel a una parte de mi esencia que tuve guardada y dormida durante muchos años: la montaña, el aire libre, el entrenamiento. Hoy, gané vivencias que para mí fueron claves y necesarias. Gané años de vida al tener sensaciones de libertad, de plenitud, paciencia y mucha vida interior.
- ¿Qué perdiste por dedicarte a esta pasión?
-Como dije, nunca dejé mi casa ni a mis hijos. Lo que perdí fue mucha tranquilidad y muchas horas de sueño. Perdí la prolijidad por salir corriendo a entrenar; todos se reían cuando me cambiaba los tacos de decana por unas calzas adentro del auto. En definitiva, perdí el miedo a lo imposible y me despojé de los prejuicios. Comprendí que lo inesperado también es perfecto, porque nace de la vida propia y no de los moldes que nos impone la sociedad.
Laura Horta se define como madre y amiga
- ¿Cómo te definís como madre?
-Soy una madre muy dedicada. Una palabra que no me gusta es "obsesiva", pero soy de estar en cada detalle de mis hijos y de sus parejas. Soy una madre miedosa, que quiere tenerlos controlados para que no les pase nada. Me encanta atenderlos, mimarlos, compartir con ellos. Soy fanática de lo que hacen, de sus deportes y de cómo son como personas.
- ¿Cómo es Laura Horta como amiga?
-Incondicional y alegre, de las que siempre quieren compartir. Pero no soy de tener grupos inmensos; soy reservada. Mis verdaderas amigas son tres o cuatro. Valoro la amistad como una hermandad: no solo hay que estar en las malas, en las buenas también hay que estar porque se disfrutan el doble.
- ¿En qué momento tomaste la decisión de salir de tu zona de confort?
-Salí de mi zona de confort cuando me ofrecieron ser decana de la facultad por seis meses... y se convirtieron en 13 años. De la misma forma, la gestión la dejé cuando yo decidí que era el momento. Pero el gran quiebre personal fue cuando mis hijos crecieron y necesitaron su espacio; me sentí muy sola anímicamente y vacía. Ahí empecé a hacer carreras en la montaña. Las mujeres de mi generación nos criamos con el mandato de estar siempre en la casa, por eso yo sentía una culpa muy grande al salir. Me anotaba en carreras muy largas para "justificarme" la ausencia. Fue un cuestionamiento interno muy fuerte.
- ¿Cómo fue la reacción de tus hijos cuando empezaste con el montañismo extremo?
-Tuvo varias etapas. Cuando fui al Aconcagua, el acompañamiento fue total, una motivación gigante con videollamadas permanentes. Pero cuando el desafío creció, abrir un Instagram y pedir apoyo económico les cayó pésimo. No fue fácil. Tuve que reunir a los más chicos para decirles que me quería ir al Himalaya y que, por primera vez en la vida, iba a tomar una decisión 100% mía sin buscar el consenso familiar. Fue sorpresivo. Paradójicamente, mi hijo Juan Francisco, que no quería saber nada con el viaje por los riesgos físicos, fue el primero en ponerse al frente de mi equipo de comunicación y actuó como fusible con el resto. Cuando hice cumbre, lo primero que saqué fue una bandera que me habían hecho ellos.
- Tu principal virtud...
-No soy rencorosa y soy muy generosa. Aunque esa virtud a veces se convierte en mi peor defecto: termino estando pendiente de todo el mundo.
- Un defecto...
-Soy muy obsesiva, sinceramente.
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-Un momento inolvidable de tu vida.
-El día que me casé, los días que nacieron mis tres hijos y el día que bajé del Manaslu. A los 14 años tuve un accidente grave y estuve internada; por esa razón, cada pequeño momento de la vida lo considero inolvidable. Estar manejando, meter los pies a un río o darle la mano a un sobrino, y pronto a un nieto, son regalos fantásticos.
- El golpe más duro que te tocó vivir.
-Cuando mi hijo Juan Francisco y su novia sufrieron una intoxicación por monóxido de carbono. En mi casa había calefacción central y ese día la caldera combustionó mal; la habitación de mi hijo hizo de chimenea. Fue el peor día de mi vida, casi se me mueren en los brazos.
- ¿Te arrepentís de alguna decisión que hayas tomado?
-No me arrepiento de grandes cosas, me acordaría. Quizás de haberme presentado al concurso para directora del CUC, porque me llevó mucho tiempo de preparación y me generó una ilusión muy grande querer dirigir de otra forma el colegio que tanto amaba.
- Tu comida preferida.
-Soy terrible, me encanta la comida chatarra (risas). Milanesas a la napolitana, el lomo, la pizza, las hamburguesas. Y la banana con dulce de leche es mi gran debilidad.
- Un perfume.
-No uso porque me descomponen. Pero si existiera un perfume con olor a jarilla, lo usaría sin dudas.
-Un libro.
-No me gusta leer novelas. Si leo, son cosas específicas que me interesen, como Mente de campeones o el Elogio a la desmesura de Luis Jait. Me aburre mucho leer, tal vez no tendría que decirlo, pero la sinceridad es una de mis características.
- ¿Qué disfrutás cuando sos Laura de entrecasa, sin deporte ni profesión?
-Recibir a mis hijos y hacerles la comida. Tenerlos tomando la leche, ver un partido de fútbol en familia o ir a verlos jugar a ellos. Y tomar sol, me encanta.
- Un sueño por cumplir.
-Conocer el planeta Tierra en su totalidad, de polo a polo. Tomarme un avión y conocer todas las culturas. Cuando cumplimos 25 años de casados con Lele (Alejandro) fuimos a Isla Múcura, en Colombia. Era paradisíaca y exclusiva, pero me di cuenta de que no sirvo para estar ahí encerrada.
- ¿Tuviste alguna vez una gran discusión que no pudiste recomponer?
-He tenido discusiones fuertes, por supuesto. Pero he sabido reconocer mis errores y logré recomponer todas las relaciones que de verdad valían la pena. Las que no me interesaban, simplemente las dejé ir.
- A esta altura de tu vida, ¿te harías alguna cirugía estética?
-No. Ya es demasiado premio que mi cuerpo esté sano, es lo más valioso que tengo. Jamás entraría a un quirófano por estética. Tal vez haría algo superficial por las arrugas, pero ni siquiera me animo a tomar el colágeno que me regalan, ¡no logro ni pintarme las uñas! Amo lo natural y agradezco el milagro de la vida. Una vez leí una publicidad de cirugías que decía "quítale las huellas a tu rostro" y me pareció de muy mal gusto. Lo más lindo que dejamos en la vida son nuestras huellas.
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Laura Horta y su relación con Dios, sus sueños, ilusiones
- ¿Cuáles son tus miedos?
-Pasan pura y exclusivamente por mis hijos. Que les pase algo a ellos. Me ha tocado estar a su lado en operaciones muy grandes y la situación fue brava.
- ¿Cómo es tu relación con Dios?
-Compleja. Durante muchos años fui una fanática católica, apostólica y romana. Me crie en la Parroquia San José, con mi esposo éramos del grupo juvenil, nos casamos en Semana Santa. Después de lo que pasó con el accidente de mi hijo, sentí una bendición muy grande al poder salvarlo. Hoy, me siento parte de todas las religiones juntas. Fui a la India, estuve con budistas y me enamoré de sus pensamientos. Me enojé mucho con la Iglesia por el tema de la culpa o eso de inculcarnos "el morir por los demás". Pero jamás dejé de creer en Dios. Toda religión que te eleve el alma y te permita crecer, es mi religión.
- ¿Qué te quedó pendiente de tu infancia o adolescencia?
-Me quedó pendiente usar una minifalda, ponerme ropa ajustada, salir a un boliche a reírme y divertirme sin culpas. Tuve una formación muy estricta y me faltó esa soltura. También me quedó la cuenta pendiente de hacer un deporte federado.
- ¿Quién es tu héroe?
-Tengo tres héroes: mis hijos, porque me enseñan un montón. Mi hija Marina me educa con un simple comentario; Juan Francisco me maravilla con su humildad y su pensamiento profundo; y Juan Cruz tiene una simpleza y una claridad que admiro profundamente.
- ¿Prestaste plata alguna vez y te defraudaron?
-Nunca he prestado plata. Siempre he pedido y he devuelto (risas). Lo que no significa que no me hayan defraudado por temas económicos. Lamentablemente pasó; como creo mucho en las personas, a veces me desilusiono.
- La última… ¿cómo está el corazón de Laura Horta?
-¡El corazón de Laura Horta está vivo! Y eso ya es un montón. Sigue latiendo fuerte a pesar de las adversidades que tuvo que asumir. Mi corazón tiene mucho para dar, y más ahora que seré abuela. He logrado una cordialidad familiar divina y eso, al final del día, es lo más importante de todo.
Laura Horta, ganó la Cruz al Mérito 2022 de los Premios Huarpe/ José Gutiérrez (Los Andes).
Laura Horta, ganó la Cruz al Mérito 2022 de los Premios Huarpe/ José Gutiérrez (Los Andes).
Laura Horta demuestra que las montañas más difíciles de escalar no siempre están hechas de roca y hielo, sino de mandatos, miedos y prejuicios impuestos. Tras conquistar el Himalaya y dejar una huella en el ámbito académico y social de Mendoza, su próxima gran aventura la encuentra más cerca del llano, pero con la misma intensidad: la llegada de su primer nieto y la búsqueda incesante de ayudar a otros a través de la educación. Una mujer que, literal y metafóricamente, sabe perfectamente que lo más valioso de la vida siempre se encuentra en la cima del espíritu.