El fútbol todavía no había comenzado, pero en el Bautista Gargantini ya se jugaba otro partido. En las tribunas, los hinchas de Independiente Rivadavia preparaban una nueva noche de esas que tienen al color y la pasión como protagonistas.
La Catedral del Parque se vistió de azul para recibir al equipo de Alfredo Berti. El color de las tribunas y el aliento de los hinchas, en una galería imperdible.
El fútbol todavía no había comenzado, pero en el Bautista Gargantini ya se jugaba otro partido. En las tribunas, los hinchas de Independiente Rivadavia preparaban una nueva noche de esas que tienen al color y la pasión como protagonistas.
Ante Gimnasia y Esgrima de La Plata, por la fecha 11 del Torneo Clausura de la Liga Profesional, el equipo de Alfredo Berti volvió a encontrarse con su gente y el estadio de calle Las Tipas respondió con una postal conocida, mucho azul en las tribunas, banderas, trapos, bengalas y canciones.
A medida que se acercaba la salida de los equipos, el Gargantini fue tomando temperatura. Las camisetas azules se multiplicaron en las tribunas y las banderas comenzaron a darle movimiento a un estadio que esperaba el momento más esperado de la previa.
El dale, dale, dale Le.... ensordeció en las tribunas, las banderas aparecieron en distintos sectores y el canto de los hinchas acompañó la salida del plantel. Por unos minutos, el protagonista principal no estuvo dentro del campo de juego: fue el público.
La tradicional Catedral del Parque volvió a vestirse de azul para recibir a la Lepra.
Pero la fiesta de la previa dio paso rápidamente a otra escena. Con el comienzo del partido, el ruido de las tribunas se transformó en aliento.
Cada avance de Independiente Rivadavia encontró una respuesta desde las populares. Cada recuperación, cada pelota disputada y cada aproximación al arco rival fueron acompañadas desde las tribunas, que dejaron atrás el espectáculo del recibimiento para meterse de lleno en el partido.
La pelota había empezado a rodar y el Gargantini pasó a cumplir su otro papel, empujar al equipo durante los 90 minutos.
Los cantos se mantuvieron como banda sonora de la noche, mientras los jugadores de Berti buscaban responder dentro de la cancha a la energía que llegaba desde afuera.
Así, una noche ante Gimnasia tuvo dos caras que se complementaron. Primero, el espectáculo de los hinchas para recibir a la Lepra. Después, el aliento constante con el partido en marcha.
Otra vez, el Gargantini fue escenario de una noche teñida de azul. Porque para Independiente Rivadavia, jugar en el Parque no empieza cuando el árbitro da la orden de mover la pelota: empieza mucho antes, cuando las tribunas comienzan a cantar.