El clásico del Parque General San Martín tuvo un recibimiento a la altura de las circunstancias por parte de los hinchas de Gimnasia y Esgrima, que le dieron la bienvenida a su plantel con una enorme demostración de color, pasión y expectativa.
Los hinchas del Lobo protagonizaron un momento muy especial con el ingreso de los equipos, dejando en claro la importancia del duelo ante la Lepra.
El clásico del Parque General San Martín tuvo un recibimiento a la altura de las circunstancias por parte de los hinchas de Gimnasia y Esgrima, que le dieron la bienvenida a su plantel con una enorme demostración de color, pasión y expectativa.
Existen las finales, los partidos fundamentales por la permanencia o aquellos que resultan importantes para pelear por una vuelta olímpica. También están los intrascendentes, que se olvidan con gran rapidez. Cada uno de ellos tiene su condimento especial, pero ninguno se le parece a la sensación de un clásico como el del Parque.
Son vecinos, apenas separados por cientos de metros. Pero no se quieren ni un poco. Por eso, desde temprano los hinchas del Lobo coparon las tribunas para dejar bien en claro que la victoria en este último duelo de la fase de grupos del Torneo Clausura era clave. Si, había que ganar para meterse en los playoffs, pero fundamentalmente el objetivo era superar al rival de toda la vida.
Esa ilusión por el triunfo generó la silbatina general cuando los jugadores de la Lepra ingresaron al campo de juego para hacer los movimientos previos, y la explosión de aplausos cuando lo hicieron los Blanquinegros. A esa altura ya había muchísima gente, y el cotillón comenzaba a repartirse.
Apenas se desocupó el campo, las tribunas se llenaron de banderas negras y blancas, agitadas al aire por los miles de fanáticos presentes en el estadio. También había espacio para banderones, trapos, papelitos y el aliento constante.
Luego llegó el momento más esperado por el hincha, ese donde pudo convertirse en el protagonista principal del evento sabatino. El ingreso a la cancha de ambos equipos fue la señal para hacer volar los papelitos al viento, encender el humo de color blanco y negro, acompañándolo del grito pelado de los fanáticos y fuegos de artificio.
Así, la parcialidad local le puso el marco ideal para un partido grande, que siempre genera mucha tela para cortar sin importar la categoría. Liga Mendocina, Primera Nacional, amistosos o Liga Profesional, el clásico del Parque siempre es un duelo especial.