“Fui un superdotado. Mientras uno se concentraba, yo jugaba al flipper”. El Roña Castro era un fuera de serie. Uno de verdad. La frase “Guapos eran los de antes” le calzaba a la perfección a este boxeador que murió anoche, a los 59 años, y que dejó un récord de 130 triunfos (90 por nocaut), 11 derrotas y tres empates.
Jorge Fernando Castro se sabía ganador antes de subir al ring. “Yo ganaba antes en la escalera, ¿entendés? Porque yo sabía que el rival me tenía miedo”, contó en una entrevista. Y enseguida fanfarroneaba: “Conozco 27 países y perdí 7 peleas afuera nomás, una sola defendiendo el título. Fue en Japón”.
La muerte del Roña Castro generó gran conmoción en el boxeo argentino.
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Aprender a boxear
Nacido en Caleta Olivia, en la fría Santa Cruz, a los 15 años eligió canalizar ese temperamento en el boxeo. El apodo “Roña” lo acompañó desde chico, por su costumbre de pelearse en las calles. “Nadie me enseñó a boxear. A mí me tocó la varita mágica, porque aprendí solo, en la calle o mirando en el gimnasio”.
“Me salvó la vida”, repetía sobre el deporte que lo llevó a conquistar el título mundial de la categoría mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), frente al estadounidense Reggie Johnson, el 12 de agosto de 1994, en Tucumán. Sin embargo, su combate más épico, por el desenlace, llegó cuatro meses después. Fue el 10 de diciembre de ese año, cuando defendió el título ante el estadounidense John David Jackson. Sufrió un duro castigo y cuando la derrota se hacía inminente, en el noveno asalto conectó una izquierda fulminante que lanzó a su rival a la lona. Aunque Jackson continuó, dos caídas después llegaría el nocaut técnico y un nuevo apodo: “Locomotora”.
El Roña escribió sobre el ring una historia plagada de capítulos épicos e inolvidables.
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Del hambre a las piñas
Tuvo 15 hijos con distintas mujeres y se casó 7 veces. Siempre pícaro, mostraba reflejos también bajo el ring, cuando le tocaba seducir. “Todo bicho que camina, va a parar al asado”, decía al hablar de sus aventuras amorosas.
Tuvo una infancia dura, marcada por la pobreza y la desnutrición. Años después, esa experiencia también estuvo presente en su trabajo solidario.
“Duele más el hambre que las piñas”, dijo alguna vez. Casi un gancho a la mandíbula. Por eso dedicó sus últimos años a actividades solidarias, sosteniendo comedores y merenderos en el conurbano bonaerense. “A mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos”, disparó hace un tiempo.
Carismático y fanfarrón, el Roña Castro impulsó una historia de coraje y voluntad para llegar a ser campeón.
Gentil
Frontal y bocón, fue uno de los grandes guapos del boxeo argentino. En esa tradición también aparecen Carlos Monzón, Horacio Accavallo, Víctor Galíndez y el mendocino Nicolino Locche.
-¿Nunca tuviste miedo?
-Jamás.
Esa pasión por vivir al límite lo llevó al borde de la muerte en varias ocasiones. Sufrió múltiples accidentes. Uno lo tuvo 23 días en coma. “Ni la muerte me puede parar”, dijo entonces. Esta vez, el Roña no pudo cumplir con la épica.