La herencia clave de Nelson Mandela será su obra de reconciliación en Sudáfrica, misión aparentemente imposible en una nación rota por décadas de opresión racista.
La herencia clave de Nelson Mandela será su obra de reconciliación en Sudáfrica, misión aparentemente imposible en una nación rota por décadas de opresión racista.
En 1990, cuando Mandela salió de la cárcel, el país empezaba a salir de tres siglos y medio de dominación por la minoría blanca, incluyendo los más de 40 años de un sistema racista institucionalizado único en el mundo: el apartheid.
Ayudado por el pragmatismo del último presidente del apartheid, Frederik de Klerk, Mandela impuso allí una transición pacífica a la democracia. "Es tiempo de curar las heridas. Tiempo de superar los abismos que nos separan. Tiempo de construir", lanzaba en su investidura, en mayo de 1994, el primer presidente del país elegido democráticamente.
A lo largo de su presidencia, Mandela multiplicó los gestos de perdón, para inspirar a la mayoría negra y para tranquilizar a la minoría blanca, que sigue teniendo las claves financieras y militares de Suráfrica.
La imagen del primer presidente negro de Suráfrica enfundando la camiseta de la selección nacional de rugby, los Springboks, cuando ganaron la Copa del Mundo de 1995, compartiendo la alegría de los "afrikaners" y al mismo tiempo su deporte histórico, marca para muchos el apogeo de la euforia reconciliadora.
Mandela halló en el rugby, ícono nacional y principal herramienta a la que apeló para la unión del país durante ese Mundial del ?95. Como bien describe el periodista John Carlin en su famoso libro "El factor humano", allí Mandela encontró un punto de comunión en la sociedad, hasta aquél momento violentamente dividida por la desigualdad y el racismo. Ese campeonato lo ganaron los Sprinboks, en emotiva final ante los All Blacks, por 15 a 12, despertando una de las primeras alegrías de una nación golpeada.
En 2009, Clint Eastwood tomó "El factor humano" para la realización de su filme "Invictus", con el rol protagónico de Morgan Freeman y Matt Damon.
Como cuenta Carlin en su libro: "Todo el país, blancos y negros, cantaron y bailaron hasta la noche, unidos en una causa por primera vez en la historia, una celebración delirante. No había guerra civil, no había terrorismo de derecha y Mandela cumplió su meta de crear lo que permanece hasta hoy, y que parecía imposible en ese entonces: una democracia multirracial estable".