11 de octubre de 2014 - 00:00

Decires mendocinos

Desde el año 2009, un grupo de lingüistas mendocinas, pertenecientes a la Facultad de Filosofía y Letras, nos dedicamos a estudiar la existencia de un bagaje cultural ancestral, plasmado en aforismos, refranes y sentencias atesorados en el habla del pueblo mendocino, desde la época colonial; por otro lado, nos interesamos también por el análisis del uso de voces locales, de origen indígena, de voces procedentes de Chile, de voces compartidas con la provincia de San Juan y con otras provincias aledañas, en formas de creación o en acepciones de términos polisémicos que son desconocidos en otros ámbitos hispanohablantes.

El usuario mendocino se encuentra familiarizado con estas formas, no así, el visitante de otras provincias argentinas o el turista de distinta procedencia.

Otro tanto ocurre con el estudiante extranjero que viene a aprender español y que, habiendo conocido la variedad peninsular, no comprende las voces regionales.

Parte de este estudio ya ha visto la luz en forma de publicación, en el libro “Con sabor a Mendoza. Antología de voces regionales”, que se presentó al público en dos tomos, el primero, en setiembre de 2011 y el segundo, en octubre de 2013, las dos veces en el marco de nuestra Feria del Libro. Veamos, a modo de muestra, algunas de esas expresiones:


"A OJO DE BUEN CUBERO": En la Argentina y, por ende, en Mendoza se ha recogido esta locución, de origen español. El cubero es la persona que fabrica la 'cuba', recipiente de madera destinado a contener líquidos, como agua, aceite o vino.

La medición de la capacidad de dicho recipiente no se realizaba con ningún tipo de medición exacta, sino según el cálculo que la experiencia le otorgaba al cubero. El adjetivo ‘buen’ toma aquí el valor de ‘experimentado’.


"A LA ALTURA DE UN POROTO": Se trata de una comparación: El 'poroto' no se refiere aquí a la planta, sino al vocablo 'poroto, porota', que designa a un "niño o niña en su primera infancia". Por lo tanto, la expresión equivale a "de poca altura". La voz 'poroto' proviene del quechua purutu = "persona que está en la niñez".


"ANDAR DE CAPA CAÍDA": La capa es una prenda de vestir; si está correctamente colocada, indicará que la persona va bien vestida porque su situación es próspera; si se le cae o la arrastra, seguramente, su situación es de pobreza o de mala fortuna.

Históricamente, la expresión deriva del latín capitis diminutio, que era la pérdida parcial de los derechos civiles. A esa condición se llegaba por deudas, por enfermedad y, en el caso de las mujeres, por contraer un mal matrimonio. En castellano, se los llamó también ‘derechos caídos’. En boca de los legos, capitis pasó a ser ‘capa’ y la expresión quedó como ‘andar de capa caída’.


"COMO TURCO EN LA NEBLINA": El dicho original es 'perdido como tuco en la neblina'. El 'tuco' es la luciérnaga y es una voz usada, con preferencia, en el Noroeste de la Argentina.

Es decir que, acostumbrado el tuco a brillar en medio de la noche, si hay niebla, pierde su luminosidad por contraste y, por consiguiente, su posible orientación. Al difundirse el dicho en otros lugares de la Argentina y al desconocerse la voz ‘tuco’, se la sustituyó por su afinidad fónica con ‘turco’. La frase así enunciada no tiene mucho sentido alusivo, pero se impuso de este modo en todo el ámbito rioplatense.


"DIOS APRIETA PERO NO AHORCA": Literalmente se han contrapuesto, a través de la conjunción adversativa 'pero', los significados de 'apretar' y de ''ahorcar/ahogar', como "acosar, estrechar a alguien persiguiéndolo o atacándolo", en el primer caso, y  de "quitar a alguien la vida echándole un lazo al cuello", en el caso de los segundos.

Así, se quiere significar que Dios podrá someter a pruebas difíciles a los humanos, pero nunca hasta llegar a su aniquilación. Toda situación dura tiene un término.


"SE LO TRAGÓ LA TIERRA": El origen de esta expresión se encuentra en los movimientos sísmicos de gran magnitud en los cuales, por efecto de la oscilación, la tierra se abre y cae en su interior todo lo que se encuentre en ese lugar; si, por efecto de la onda sísmica, la tierra vuelve a cerrarse, lo que había caído en ella se da por desaparecido.

El Diccionario de la Academia registra la expresión ‘tragarse a alguien la tierra’, como frase coloquial, con el valor de “desaparecer de los lugares que frecuentaba”.

También registra la expresión ‘trágame tierra’ –nosotros, como voseantes, decimos ‘tragame tierra– como locución interjectiva, con el significado de “denotar una gran vergüenza que mueve a quien lo dice a desear verse oculto de las gentes”.


"PONER TODA LA CARNE EN EL ASADOR": El asado es una costumbre argentina; en general, el asador va regulando el fuego y de acuerdo a la intensidad de este, coloca paulatinamente sobre la parrilla los distintos cortes y las achuras; poner todo al mismo tiempo significa un gran riesgo de quemarlo y echarlo a perder.

El Diccionario Fraseológico del Habla Argentina, obra de los académicos Barcia y Pauer, dice al respecto  que significa “jugarse el todo por el todo, hacer uso de todos los recursos”.


"CUANDO EL RÍO SUENA, AGUA TRAE": Para el hombre de campo, el ruido del río es significativo de la cantidad de caudal que lleva. Traslaticiamente, el 'río' es el rumor que se ha echado a andar y, por ende, algo de verdad debe sustentarlo.

La expresión sugiere, entonces, la existencia de algún hecho, a partir de la divulgación de un rumor, murmuración o habladuría. Como muchas otras frases populares, presenta variaciones: “Cuando el río ruge, agua lleva”; “Cuando el río suena, agua o piedras lleva”; “Cuando el río suena, agua trae”; “Cuando el río zurría, o lleva agua o piedra”; “Cuando el río suena es porque piedras lleva”.

En el Refranero popular, de Calles Valles,  se lo hace equivalente, por referirse al valor de la murmuración, a “Lo que se dice por doquier o es o lo quiere ser” y a “Cuando el río no hace ruido, o no lleva agua, o va muy crecido”.


"TIRAR MANTECA AL TECHO": Esta expresión señala lo vano y superfluo de una acción; al principio del siglo XX, 1920 y tantos, en épocas de bonanza económica, los argentinos pudientes viajaban a París y eran activos participantes de las noches de boîtes y varietés.

Los jóvenes de familias adineradas, los “niños bien”, se divertían en el cabaret lanzando pancitos de manteca al techo, usando los cuchillos como impulso. Ganaba el que lograba pegar más pancitos en el techo.

El Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, registra la expresión ‘tirar manteca al techo’, con dos acepciones: 1. “Despilfarrar o malgastar, generalmente con ostentación de lo que se posee”. 2. “Celebrar algo en exceso y generalmente sin que esté justificado todavía”.


"SOBAR EL LOMO": Esta expresión se utiliza para indicar adulación. La expresión se genera en la costumbre campesina de 'sobar', que es "restregar fuertemente un cuero o soga para que se ablande o suavice". Traslaticiamente, al "sobar el lomo" a otra persona, generalmente un superior, se está tratando de suavizar la relación, para conseguir un beneficio personal.


"SE VENDE COMO PAN CALIENTE": Esta expresión indica el éxito comercial en la venta de un producto. En las panaderías, el pan recién hecho y, por ende, caliente, blando y crocante, se vende más rápidamente que cuando han transcurrido algunas horas y ya está frío y endurecido.

Veamos, también, algunas palabras aisladas; hoy, particularmente, la voz “lampazo”, instrumento de limpieza tan caro a las costumbres mendocinas. El origen del término se encuentra en el latín “lappaceus”, adjetivo relacionado con el sustantivo “lappa”, de origen oscuro y que los diccionarios latino-españoles traducen como “lampazo”o “bardana”, pero no como lo usamos nosotros, sino como el nombre de una planta.

Alguien dice por allí que es un utensilio y una palabra que nos identifica ante el mundo; sin embargo, descubrimos que no es así, porque diferentes fuentes consultadas nos dicen que en la marina designa  un manojo o borlón hecho de filásticas de largo variable, y con una gaza en la cabeza para su manejo, que sirve principalmente para enjugar la humedad de las cubiertas y costados de los buques.

En Nicaragua, se lo define como “fregona” (“utensilio para fregar los suelos sin necesidad de arrodillarse”) y en  Uruguay, como “haragán”, con la misma utilidad: “Utensilio de limpieza que consta de una pieza alargada y plana de goma, insertada en un palo, que se utiliza para secar superficies”.

Para el Diccionario integral del español de la Argentina, la definición es “utensilio de limpieza que consiste en un palo con un conjunto tupido de flecos de tela en un extremo; suele pasarse mojado por los pisos”.

Otro término conocido por los mendocinos es “alcayota”. ¿A quién no le agrada comer dulce de alcayota o recordar los postres que nuestras madres o abuelas hacían con este fruto?

Pues bien, no en todos los sitios de habla española se conoce este vocablo: Según el Diccionario integral del español de la Argentina, se trata de una planta herbácea, común. en el noroeste argentino, de tallos alargados, flores en forma de tubo y hojas de color verde amarillento; su fruto, parecido a la sandía, se consume como verdura y se usa para hacer dulces. Se denomina también ‘alcayota’ el fruto de esta planta.

Para el Diccionario de americanismos, es sinónimo de “chilacayote”, planta y fruto. Deriva del nahua tzilacayutli, “calabaza blanca”. Bajo la forma “chilacayote” es definido como un fruto comestible, oblongo, de color verde y pulpa blanca y fibrosa.Se usa para hacer mermeladas y frutas.

Este diccionario da como variantes las formas ‘alcayota’, ‘cayota’, ‘chiberre’,’chinchayote’, ‘lacayote’ y ‘zambo’.

Según el Diccionario de regionalismos de San Juan, el término deriva del mexicano izilac, liso, y ayotti, calabaza. Son formas variantes ‘cayote’, ‘cayota’.

Se trata de una planta y fruto del chilacayote, rastrera de la familia de las Cucurbitáceas. Es una variedad de sandía, que también recibe el nombre de ‘cidra’ –no confundir con ‘sidra’– y de ‘cabello de ángel’, porque su carne blanca y fibrosa tiene la forma de un ovillo, y una vez separadas sus partes, parecen hilos o fibras como si fueran tallarines. Esta carne es la que se emplea en la elaboración de dulce, con el que se rellenan tabletas, colaciones, etc.”.

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