¿Cuántas veces nos han preguntado por el género de la palabra ‘sartén’? Como soy devota de las etimologías, me remonto al origen del vocablo y lo encuentro en el sustantivo latino “sartago, sartaginis”.
¿Cuántas veces nos han preguntado por el género de la palabra ‘sartén’? Como soy devota de las etimologías, me remonto al origen del vocablo y lo encuentro en el sustantivo latino “sartago, sartaginis”.
Del caso acusativo, “sartaginem”, se deriva el término actual ‘sartén’, que en la lejana Roma era de género femenino y servía para designar una mezcla, componenda de pedazos cortados y trabados; la palabra nombraba los platos que se confeccionaban a base de frituras de cosas cortadas y trozadas, a veces sobrantes de otras comidas.
Luego, en un proceso de sinécdoque, el nombre pasó a designar también el recipiente que contenía esta comida. El vocablo se relacionaba con el verbo latino “sarcire” (“remendar, componer”) y, mucho más atrás, con la raíz indoeuropea *serk, con los valores de “remendar y completar”.
Hoy, la definición del diccionario nos dice “utensilio para freír”. El Panhispánico nos advierte que su género no es igual para todos los pueblos de habla española, pues en el habla culta general de España es femenino, mientras que en el habla popular de algunas regiones es de género masculino. En América, se alternan los dos géneros, pero predomina el masculino. Así, escuchamos decir y no corregimos “Freí rápidamente unas milanesas en aquella sartén” y “La oferta promocionaba un sartén con antiadherente”.
El Diccionario de la Lengua Española, en su última edición que el lector puede consultar en la página de la Real Academia Española, define ‘sartén’, sustantivo de género femenino, como “recipiente de cocina, generalmente de metal, de forma circular, poco hondo y con mango largo, que sirve sobre todo para freír”. Lo que nos interesa es que advierte que, en muchos lugares de América y de España, se usa también como masculino. Añade que también se denomina ‘sartén’ y ‘sartenada’ a lo que se fríe de una vez en este recipiente o a lo que cabe en él.
Emparentados con ‘sartén’ se dan los sustantivos ‘sartena’ y ‘sartenazo’: el primero, de género femenino, designa una cacerola de barro, grande, con asas, destinada a cocinar alimentos; el segundo, en cambio, es un vocablo americano, ya poco empleado, que se usaba para referirse al azar o a la casualidad.
En relación con ‘sartén’, conocemos dos expresiones populares: una de ellas es ‘caer fuera de la sartén’, usada en Puerto Rico para aludir a que alguien no se beneficia de algo: “¡Pobre Ernesto, siempre cae fuera de la sartén”; la otra, conocida en Mendoza y en todo nuestro país, es ‘tener la sartén por el mango’, para referirse a alguien que es dueño de una situación, que puede decidir y mandar.
En este caso, cuando se quiere aludir al excesivo poder de una persona determinada y ya se ha dicho que “tiene la sartén por el mango”, se completa exageradamente y con expresión burlona “… y el mango también”: “En ese matrimonio, ella tiene la sartén por el mango… ¡y el mango también!”.
El Centro Virtual Cervantes, en su Refranero multilingüe, incluye esta paremia, poco usada hoy: “Dice la sartén a la caldera: ‘Quítate allá, ojinegra”. Así, el hombre de pueblo usa la expresión para recriminar a personas igualmente ruines que se echan en cara sus defectos. También se aplica a quienes poseen defectos y vicios y critican faltas menores en otros.
El verbo que se usa para referirse a la acción llevada a cabo en una sartén es ‘freír’. Este verbo posee dos participios, ‘freído’ (regular) y ‘frito’ (irregular), ambos utilizables en la conjugación sin que nos corrijan por un uso incorrecto: “He freído las milanesas” y “¿Habrá frito el pescado en buen aceite?”; pero, si el valor de ese participio es adjetivo, solamente se usará el participio irregular: “Los niños devoraron las papas fritas”. Este participio irregular puede también ser utilizado como sustantivo: “Acostumbran acompañar todo con fritas”. “Fritos y colesterol están reñidos”.
¿Es lo mismo ‘freír’ que ‘fritar’? En muchos lugares de América, se acepta ‘fritar’ como equivalente de ‘freír’: “Para el 25, en la plaza estaban fritando pasteles de carne”. Es un verbo regular, cuyo participio es ‘fritado’. Su empleo técnico no se relaciona con el ámbito culinario, sino con el arte cerámico y del vidrio, pues significa someter los materiales a muy altas temperaturas: “Fritan el esmalte en un crisol refractario”.
Finalmente, hay un verbo que las generaciones jóvenes no conocen: ‘saltear’. El significado es “freír ligeramente un alimento a fuego vivo en manteca o aceite hirviendo”: “Acompañó su porción de carne con verduras salteadas”. Sinónimo de este verbo e igualmente poco conocido, salvo por los especialistas en arte culinario, es ‘sofreír’, que se define igual que ‘saltear’ y que posee la misma conjugación que ‘freír’, con dos participios, ‘sofreído’ y ‘sofrito’.