Cabeza de zapallo: En nuestro país, como también en Uruguay y en Bolivia, se puede usar esta expresión o, simplemente, ‘zapallo’, para señalar a alguien tonto o falto de entendimiento o razón: “Se burlaban por sus equivocaciones constantes y le gritaban ¡cabeza de zapallo!”.
No darle el coco: En lenguaje coloquial, se alude a la cabeza llamándola ‘coco’, por su forma y tamaño. Por consiguiente, si a alguien no le alcanza su ingenio o su inteligencia para un correcto desempeño, se lo describe diciendo, burlonamente, que “no le da el coco”.
Ese significado positivo del vocablo ‘flor’, como “parte mejor y más escogida de algo”, se podía apreciar en los títulos de colecciones, tales como “Flor nueva de romances viejos” y en el vocablo, de origen griego, ‘antología’, ya que “ánthos” equivalía a “flor” y “logía” a “colección”, con el sentido de “colección de piezas destacadas de literatura o música”; el valor significativo del término quedó calcado en el vocablo ‘florilegio’ (del latín ‘flos, floris’ = “flor” y ‘legere’ = escoger), que se define como “colección de trozos selectos de materias literarias”.
Flor y nata: Esta locución de carácter sustantivo se refiere a lo más escogido y selecto en su especie: “Concurrió la flor y nata de la sociedad del lugar”.
Echar raíces: Por ser la raíz la parte de la planta que la fija al suelo, se usa la locución ‘echar raíces’ para señalar “establecerse y asentarse en un lugar”: “Mis padres cordobeses echaron raíces en esta provincia; mi hijo mendocino echó raíces en la tierra de sus abuelos”.
Irse por las ramas: Esta locución verbal indica que alguien habla sin mantener un hilo en la conversación ni abordar lo más importante, desviándose para referirse a asuntos secundarios o menos pertinentes: “Lo tuve que traer de vuelta porque estaba disperso y se iba por las ramas”.
Ser más fuerte que un roble: Todos sabemos que el roble es un árbol, cuya madera es muy requerida por su resistencia. Ya en latín existía el sustantivo ‘robur, roboris’, que señalaba, denotativamente, el nombre de este árbol, pero que, connotativamente, señalaba la dureza, la solidez, la resistencia, el vigor, la fuerza. Al usar esta comparación de superioridad, se está señalando el elevado grado de energía y fortaleza de alguien: “Concurre a trabajar hasta enfermo porque es más fuerte que un roble”.
Pedir peras al olmo: Resulta obvio que cada planta da su propio fruto y, por consiguiente, si se desean peras, se recurrirá al peral, no al olmo, cuyo fruto se presenta como una sámara, esto es, como un tipo de fruto seco, con alas que favorecen la dispersión de las semillas. Pueden llegar los frutos del olmo a parecerse, por su color pardo amarillento, a las peras, aunque no se confundan con ellas. Al usar esta locución, la intencionalidad del hablante es aludir a la imposibilidad de concretar un pedido por irrealizable: “No le exija que madrugue porque es lo mismo que pedir peras al olmo”.
Hacerle la pera a alguien: Con esta locución se quiere significar que se le ha fallado a una persona, en especial cuando se la hace esperar inútilmente: “Ya no le creo porque me hizo la pera varias veces”.
Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija: Este refrán alude a la conveniencia y ventaja de buscar protectores poderosos, para obtener de ellos distinto tipo de beneficios. En él, el ‘árbol’ simboliza al poderoso, el verbo ‘arrimar’ significa “acercarse, ponerse al lado de alguien”, la ‘sombra’ es la protección que brinda el poderoso al que se le ha acercado y el verbo ‘cobijar’ toma el valor de “dar refugio, proteger”.
Es una paremia de antigua data pues ya los romanos decían “Adhaerens potenti adversitatem non timet” (“No teme la adversidad el que se adhiere al poderoso”); luego, se retoma en la literatura española, en la que puede documentarse en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Cervantes, y en el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán. En nuestro Martín Fierro, leemos el consejo del Viejo Vizcacha, con el mismo sentido
“Hacete amigo del juez, no le des de qué quejarse, pues siempre es güeno tener, palenque ande ir a rascarse”. En la actualidad, coexisten variantes del refrán, tales como “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cubre” y “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cae encima”. Huelga decir que en nuestro entorno hemos visto más de un ejemplo de interesados que supieron obtener ventajas de su cercanía a los poderosos.
Cabeza de alcornoque: Para entender esta expresión, hay que saber, en primer lugar, que el alcornoque es un árbol siempre verde, de ocho a diez metros de altura, con una copa extensa y con madera muy dura. Su corteza queda formada por una gruesa capa de corcho. Entonces, en sentido metafórico, a esta abundancia de corcho se alude cuando se dice que alguien (una persona ignorante y zafia) tiene “cabeza de alcornoque”: en su cabeza están ausentes las ideas valiosas y, en cambio, abundan las necedades y lo vacuo y superfluo.
Más fresco que una lechuga: En el lenguaje coloquial, esta locución señala a alguien de proceder muy descarado: “Dio un falso testimonio y lo hizo más fresco que una lechuga”.
Ser de madera: Según nuestro Diccionario integral del español de la Argentina, se usa esta expresión coloquialmente, para indicar que alguien no tiene habilidad o inteligencia para realizar determinada actividad: “Es de madera para bailar”. En cambio, el diccionario de la Real Academia consigna, como acepción coloquial del vocablo ‘madera’, un valor positivo, pues dice “talento o disposición natural de las personas para determinada actividad”:
“Tiene madera para el oficio”. Además, con el agregado del adjetivo ‘buena’, la connotación es absolutamente positiva: “Que es noble y tiene buenas intenciones”. Así, por ejemplo, “El intendente es de buena madera, no los va a perjudicar”. Si se refiere la expresión a un objeto, se quiere significar que tiene buena calidad: “Todos los productos que ofrecen son de buena madera”.
¡Alpiste!: Conocida es la planta de alpiste, que alcanza hasta 50 cm de altura, con espigas de tres flores y semillas muy pequeñas que se usan como alimento para pájaros. Cuando el nombre de esta plantita, toma el valor de una interjección, sirve para indicar que alguien ha resultado perjudicado por una situación irremediable y que no hay posibilidades de volver atrás: “¿Te cobraron mal? ¡Alpiste!”; también se da la locución ‘dejar a alguien sin alpiste’, con el valor coloquial de “privarlo de los medios de vida”.