23 de diciembre de 2018 - 00:00

"De abusos y acosos", por Maxi Salgado

El deporte tiene una deuda con la descontrucción de una sociedad que sigue luchando por un nuevo camino.

El mundo del deporte mirá hoy con dedo acusador a la sociedad “patriarcal” y revolucionaria que nos está tocando vivir, pero no se hace un mea culpa de todo lo que colabora para que la situación sea lo que es y se pueda comenzar a cambiar.

El caso de los chicos de los seleccionados mendocinos de balonmano sancionados por “jugar a perder” en el torneo nacional es un claro ejemplo de las situaciones que el deporte ha institucionalizado como normales.

“Antes del partido los técnicos nos dijeron las decisiones las tomamos nosotros y no se discuten”, cuentan las chicas en una acusación que es grave. Porque esos técnicos las llevaron a cometer un ilícito deportivo. Hubo además manipulación. Si trasladamos eso a otro ámbito de la sociedad todos pondríamos el grito en el cielo.

Pero lo peor es que de no haber surgido la sanción, después discutimos si es justa o no, estos jóvenes de 20 años hubieran recorrido su vida creyendo que es normal manejar las situaciones a su necesidad más allá de que en el camino no se actúe como se debe.

El fútbol es una actividad en la que todo pasa y nada cambia. Dónde el machismo está siempre a flor de piel y la violencia se nos hace carne.

El River-Boca de la final de la Copa Libertadores fue el más claro ejemplo de la situación. El escándalo de los piedrazos en el Monumental quedó en el olvido una vez que el partido se jugó y que al agresor del micro de Boca le dieron 18 meses de probation, una pena que nunca cumplirá lo que es un secreto a voces.

En pos del apoyo a mis colores, todo se justifica. La burda burla como la de Darío Benedetto a Montiel tras convertir el solitario gol de Boca en España es algo que está internalizado porque en el fútbol el único que tiene la verdad es el que gana y el otro no puede hablar, porque una derrota te lleva a ser “una hembra abusada por el macho ganador” (así con toda la crudeza del patriarcado, porque en la tribuna esa tendencia crece a límites insospechados) y todas las cargadas que vienen adosadas a ello. Repasar sino el final de la canción “el Pity Martínez, que loco que está…”

Cosas que le legamos a nuestros niños creyendo que los estamos moldeando sanamente y entonces la mujer de Benedetto defiende su decisión de vestir a su hijo con el fantasma con la B para gastar a los hinchas River, sin darse cuenta el mensaje que está dejando en esa cabecita que todavía no puede discernir por si misma o nos encontramos con la madre hincha de River que le pone bengalas a su hijo en el cuerpo porque es la manera de evadir la ley. Ese niño pasa a ser otro delincuente en potencia.

Los hinchas también abusamos de los jugadores, los que deben ser máquinas de alta precisión dentro de una cancha de fútbol y a los que no se les permite ningún relax. El River histórico e híper halagado de la Libertadores, pasó a ser vapuleado y hasta se lo acusó de hacer un “papelón” (léase ridículo) por perder una definición por penales una semana después.

Claro esto hecho, seguramente, por gente toda exitosa que es superior al resto de los mortales. Porque el fútbol tiene una particular teoría de que la valía se da según el lugar dónde naciste y los argentinos creemos ser una casta privilegiada hasta que la realidad nos muestra que hace 32 años que no ganamos un Mundial y ningún club de este país pudo coronarse en las doce ediciones que tiene el Mundial de Clubes.

Por otra parte, nadie más habló de los chicos de Independiente de Avellaneda obligados a prostituirse y hay casos de ídolos deportivos condenados por violaciones a los que el mismo sistema los cuida.

El deporte es parte importante de la vida de los argentinos y entonces es lógico que están cosas estén arraigadas, pero son situaciones que habría que comenzar a descontruir como bien está haciendo la sociedad en su conjunto.

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