En el mundo de los negocios el emprendedorismo es muchas veces la opción para evitar la crisis o en otros casos, resulta el camino valedero de la independencia económica y la creación de riqueza. El sueño de la empresa propia es una tendencia que pisa fuerte, sin embargo, son pocas las firmas que perduran con vida comercial.
En Argentina, luego del pico registrado en 2011, la tasa de población adulta dedicada a emprender cayó casi dos puntos porcentuales en 2012: del 21 al 19%, los datos los difundió el Monitor Global de Emprendedorismo (GEM, por sus siglas en inglés), que mide la tasa de actividad emprendedora en etapa temprana en 60 países.
Esta semana, invitado por Endeavor, una de las entidades que promueve el espíritu emprendedor en el país, llegó a la provincia Daniel Falcón, un experto del mundo financiero, quien no sólo habló del rol del sector público en el desarrollo del emprendedorismo, sino que también delimitó los desafíos que enfrentan aquellos que gerencian día a día su proyecto empresarial.
-¿Considera que existe un buen clima para el emprendedorismo en la actualidad?
-Desde el punto visto macroeconómico hemos avanzado porque hace 10 años que no tenemos una crisis mayúscula. Sin embargo, las variables son volátiles con medidas cambiantes como el alza de precios y el tipo de cambio que surgen en forma cotidiana. Si hubiéramos tenido una actividad macroeconómica mucho más estable podríamos haber escrito una historia de emprendedores más fértil.
No obstante, el argentino es muy emprendedor y comparado con lo que sucede en otros países, en Argentina es muy alto el impulso de crear y desarrollar una firma propia. A los que crean empresas yo los defino como superadores de obstáculos que aplican lo que decía Nietzsche sobre aquello de lo que no te mata te fortalece, y sin duda lo demuestran los numerosos casos exitosos.
-Sin embargo las estadísticas señalan que es alto el índice de mortalidad de estas firmas...
-Es que hay que distinguir dos tipos de emprendedorismo: el que crea una actividad por necesidad y el emprendedor por oportunidad. En el primer caso, al no tener chances de insertarse en el mercado laboral formal, no tiene otra alternativa que impulsar una actividad propia; por ejemplo, es el caso de los vendedores ambulantes. Esto sucedió en el mercado formal en Argentina en la crisis del 2001.
Luego está el emprendedor por oportunidad, que detecta justamente una necesidad insatisfecha y desarrolla una solución novedosa. En el primer caso hay que formar una economía formal que le ofrezca condiciones dignas. En cambio, para el segundo tipo de emprendedor hay que fomentar políticas y cambios culturales claves.
-¿Por ejemplo?
-La visión que tiene la sociedad sobre la actividad empresarial es fundamental. El emprendedorismo florece cuando la actividad empresarial está bien valorada, es entendido como un valor agregado, creador de empleo, riqueza y es el resultado del esfuerzo.
En cambio, las sociedades que castigan al emprendedorismo poseen concepciones negativas, las firmas son percibidas como agentes que obtienen su utilidad basados en lobby o en prebendas. El ser exitoso es sospechado y la ganancia es percibida como poco clara. Indudablemente esa sociedad no es un buen terreno fértil para el emprendedorismo.
-Y nosotros, ¿cómo estamos en esa percepción?
-En general, es desvalorizadora de las empresas y de su rol de creación de riqueza.
-¿Cómo empieza el cambio cultural entonces?
-Instalando el tema en la agenda pública y privada, dándole visibilidad a los emprendimientos exitosos para que sean modelos de rol que inspiren a otros a seguirlos.
-¿Qué rol juega el financiamiento?
-Y, es uno de los pilares fundamentales. Justamente, la mayor dificultad es el acceso al financiamiento en todo el mundo, no sólo en Argentina. El emprendedorismo es una actividad dinámica que conlleva en sí misma intentar, muchas veces fracasar y volver de nuevo a realizar estrategias.
Mundialmente, en su primera etapa no se financian con crédito bancario, sino con el aporte de familiares y amigos, después intervienen inversores de capital semilla llamados ángeles. Normalmente el financiamiento del capital emprendedor está formado con fondos que invierten en portafolios de empresas que algunas veces les va bien y otras mal. Muy pocas empresas de las que consiguen el financiamiento logran tener viabilidad económica. No es un proceso fácil.
-Y en el país, ¿cómo está estructurado?
-No está tan formado como en los países desarrollados. Sin embargo, el proceso es bastante parecido. El emprendedor crea su firma con ahorros previos o con dinero proveniente de su familia y luego, cuando tiene que financiar su crecimiento, lo hace con algún fondo. En Argentina no están muy desarrollados los fondos para capital emprendedor.
-¿Y cuál sería el modelo a seguir?
-La mejor forma de usar el dinero público es colocar la plata junto a fondos privados. Por cada peso público debería haber un peso privado para evitar los favoritismos del Estado hacia ciertos sectores. De esta forma se garantiza que el proceso de selección de las empresas sea hecho con criterios de mercado. Si un emprendimiento merece ser apoyado es porque primero convenció a un empresario.
-¿Hay sectores donde el emprendedorismo florece más?
-Emprendedores hay de todo tipo y en todos los sectores. A veces los vinculados a los sectores tecnológicos concentran mayor interés general. El encanto del mundo tecnológico es porque posee mayor capacidad de producir resultados y una muy baja barrera de entrada. Pero también poseen una altísima tasa de mortandad. Ahora cuando hay casos de éxitos tienen impactos muy grandes.
-¿Cómo sería una política pública orientada al emprendedorismo?
-Básicamente facilitar la creación de nuevas empresas. Si para obtener un permiso hay un universo de regulaciones que demanda una cantidad de energía extra, todo eso se resta a la actividad del negocio y es claro que juega en contra.
Hoy no hay un buen clima de negocios y me parece que tenemos que empezar por un cambio cultural, en el que exista en todos los estamentos sociales un pleno reconocimiento de lo que generan las empresas en cuanto a la creación de riqueza, generación de valor agregado, pago de impuestos y beneficios a la comunidad. Porque los valores que maneja una sociedad surgen de un conjunto de creencias, y esas personas a través de sus representantes son las que deciden las políticas públicas.