4 de octubre de 2013 - 23:06

Construyeron su casita de juegos con botellas plásticas

Es una iniciativa de una escuela rural de Tupungato, para que los niños de 4 y 5 años se comprometan con el cuidado del ambiente.

Aunque son muy pequeños, ellos ya comprendieron que la mejor manera de frenar el deterioro ambiental es organizarse y "ponerse a trabajar".

Cultivar el árbol propio en el vivero escolar fue el primer desafío que enfrentaron estos 31 mini guardianes ecológicos de la escuela Hermenegildo Hidalgo, de Tupungato. Ahora están construyendo una enorme casita en el centro del patio de juego con botellas plásticas y diseñando cortinas para el cole con las tapitas.

Las docentes lanzaron la idea, después los papás se involucraron, convirtiendo el jardincito en un gran taller familiar.

Ornella Pizarro (4) relató paso a paso la confección de las cortinas: "Primero separamos las tapitas por colores en las mesas y después les hicimos un agujerito con un alambre caliente", y -para dejar en claro que la acción no implicó riesgo alguno- agregó: "Mi mamá nos ayudó".

Esta escuela rural -y sobre todo el Nivel Inicial- tiene un compromiso de larga data con la protección del medio ambiente. El reciclado de estos materiales -que pueden tardar cientos de años en degradarse- forma parte de un proyecto pedagógico anual sobre el cuidado del medio ambiente, que llevan adelante los 17 niños de 5 años de edad y los 14, de 4.

El mismo incluyó el armado de un video con fotos -que una de las autoras del proyecto, Marcela Granizo, subió a internet- donde los chicos buscaron crear conciencia en la comunidad sobre la importancia de proteger nuestro "hogar".

Al ritmo del ir y venir de mates y tortitas, ayer las maestras, papás y alumnos trabajaban para terminar la casa, que alcanzó los dos metros de altura. "Los chicos están ansiosos. Ya quieren llenarla de cosas y entrar a jugar", contó Elena Pizarro, una de las mamás de la sala de 4.

La construcción es la etapa final de esta iniciativa pedagógica. La tarea más ardua comenzó en mayo, cuando arrancó la campaña para recolectar los materiales. El jardín organizó un concurso para toda la escuela, en el que se premiaba con una mochila a quien reuniera la mayor cantidad de botellas y tapitas.

"¡Uh! Pedimos por todos lados. En la casa de los abuelos, a los tíos, a los vecinos... Mi hija anda por la calle y va juntando tapitas", contó Alejandra Sánchez, mamá de Ornella.

"Todavía nos faltan algunas para poder terminar de cubrir el techo", advirtió Verónica Morales -mamá de Leo-, quien contó que ellas también se las ingeniaron para armar la estructura de madera.

La seño de la sala de 4, Rosana Battistoni, explicó que -además de los fines pedagógicos y ecológicos- el proyecto sirvió para involucrar a los padres, 'hermosear' este paraje rural ("había muchos residuos arrojados por las calles y en los campos de la zona") y generar un espacio lúdico, que quedará para los futuros alumnos de la escuela.

No fue fácil enseñar las técnicas de reciclado. "Empezamos armando un basurín con las botellas. Después, como sufrimos la presencia de muchas moscas, se nos ocurrió confeccionar las cortinas. Al final, surgió la idea de la casita de juegos", relató la docente.

A la par, los pequeños están cultivando sus arbolitos con el asesoramiento del celador Víctor, quien realizó un curso de forestales impulsado por la firma Chandon, que emplea a muchas familias de esta zona de Gualtallary. Algunos árboles se los llevarán a casa y con los otros quieren armar un parquecito en un lote contiguo a la escuela que sirva como sitio de lectura.

Una vez terminada, la casita se sumará a los columpios, maromas y toboganes que forman parte del 'Patio de Valentina'. Los niños eligieron ese nombre para su lugar de los recreos en honor a una compañerita que falleció el año pasado debido a una enfermedad terminal.

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