Una pareja de Tucson (Arizona), en Estados Unidos, mantuvo cautivas y condiciones infrahumanas durante más de dos años a tres de sus hijas, de 12, 13 y 17 años, hasta que dos de ellas consiguieron escapar y llegar a la casa de un vecino, después de que el hombre, su padrastro, las amenazara con un cuchillo.
El pasado martes el padrastro trató de derribar la puerta de una de las habitaciones, mientras blandía el arma, y las chicas consiguieron huir a través de una ventana. Avisaron a la Policía, que regresó a la casa y rescató a la tercera hermana, encerrada en un cuarto.
Los padres, Fernando y Sophia Richter, de 34 y 32 años, están detenidos y acusados de abuso emocional y físico. Además, afrontan tres cargos de secuestro y, en el caso del hombre, uno de abuso sexual. Michael Gillooly, capitán de la Policía de Tucson, dijo en una conferencia de prensa que las tres niñas estaban desnutridas y sucias. Además, no las habían dejado bañarse durante meses,
"Vivían en condiciones asquerosas'', dijo Gillooly, agregando que dos de las chicas tenían en un dormitorio separado de su hermana de 17 años, de quien abusaba el hombre.
Las niñas también dijeron a las autoridades que sólo las alimentaban una vez al día. La casa estaba llena de cerraduras. Las habitaciones estaban insonorizadas, y los Richter incluso habían colocado toallas en los conductos del aire y en la parte inferior de las puertas.
Buscaban así amortiguar el ruido que provocaba la música que, han declarado las menores, les hacían escuchar de forma constante y a un gran volumen.
El Jefe de Policía de Tucson, Roberto Villaseñor, ha declarado al “Arizona Daily Star” que las pruebas que han encontrado en la vivienda apoyan las increíbles historias narradas por las menores.
Pruebas como el diario que desde hacía un año y medio redactaba la mayor de las tres, donde describía su deplorable día a día. Villaseñor dijo que, junto al diario, el único objeto que acompañaba a la adolescente en su habitación era un póster del cantante Enrique Iglesias.
“Nos explicó que era su posesión más preciada”, relató el máximo responsable policial de Tucson, quien aclaró que habían recuperado el póster de la vivienda para entregarlo a la chica.
Quedan detalles por aclarar. Por ejemplo, si las hermanas llegaron a asistir a un colegio, y cuándo. Por qué los Richter mintieron a la familia, a la que dijeron que vivían en San Diego. Y por qué sometieron a sus hijas a un tormento físico y psicológico. Las chicas, una vez liberadas, fueron limpiadas y alimentadas, y ahora están a cargo de los servicios de menores de Tucson.