El gobierno colombiano y la guerrilla comunista FARC iniciaron ayer la discusión sobre drogas ilícitas, el tercer tema de sus negociaciones de paz en La Habana, expresando fuertes divergencias sobre el futuro de la hoja de coca.
El gobierno colombiano y la guerrilla comunista FARC iniciaron ayer la discusión sobre drogas ilícitas, el tercer tema de sus negociaciones de paz en La Habana, expresando fuertes divergencias sobre el futuro de la hoja de coca.
"Si convenimos que no es lo mismo coca que cocaína, resulta ilógico que para acabar con el problema del narcotráfico, se deba entonces erradicar una planta que puede brindar beneficios a la humanidad", dijo el jefe negociador de las FARC, Iván Márquez a la prensa, a su llegada al Palacio de las Convenciones de La Habana, sede de los diálogos.
La delegación oficial no hizo declaraciones en esta jornada, pero su jefe, Humberto de la Calle, dijo en Bogotá que el gobierno de Juan Manuel Santos aspira a poner fin al cultivo de la coca.
"Queremos un campo sin coca, queremos que nuestros campesinos dejen atrás definitivamente estos cultivos, que lo único que han dejado en estas regiones es violencia, pobreza y marginalidad", aseguró De la Calle, antes de emprender el viaje a la isla para reanudar las pláticas, tras un receso de tres semanas.
El principal negociador del gobierno sentenció que "no habría fin del conflicto (armado) verdadero sin atacar de fondo este fenómeno", porque éste "se ha alimentado precisamente del narcotráfico".
El gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombiana (FARC) tenían previsto reiniciar las charlas el 18 de noviembre, pero ese día decidieron su aplazamiento hasta ayer, "con el propósito de afinar visiones, intercambiar documentos y analizar las diferentes propuestas recibidas de distintos sectores de la sociedad", según un comunicado conjunto divulgado en La Habana.
Márquez, que es también número dos de las FARC, aseguró que "la hoja de coca a través de siglos ha sido utilizada para mitigar el hambre, la sed, el cansancio, como digestivo y relajante, y está determinado por la ciencia que tiene propiedades nutricionales y medicinales".
Sostuvo que "el rigor de la represión y de las medidas punitivas contra la criminalidad que se desenvuelve en los procesos de producción, comercialización y consumo de las llamadas drogas ilícitas (...) no debe recaer sobre los eslabones más débiles de esta cadena que son los consumidores y los campesinos, cuando los beneficiarios principales del negocio ilegal son los emporios financieros del mundo".
El jefe guerrillero reiteró que el flagelo del narcotráfico "no puede tratarse por la vía militar", sino que "requiere acuerdos con la participación de la comunidad nacional e internacional y el compromiso de las grandes potencias como principales fuentes de la demanda mundial de estupefacientes".
En una declaración divulgada a mediados de este mes, el máximo jefe de las FARC, Timoleón Jiménez (Timochenko), adelantó que esa guerrilla favorecería la legalización de las drogas ilícitas para desalentar las ganancias de los traficantes, si se propone el tema durante las conversaciones
Timochenko también atribuyó entonces la principal responsabilidad del problema intencional de las drogas ilícitas a Estados Unidos, por "su incapacidad y falta de voluntad para hacer cumplir la leyes prohibitivas".