Con 15 años sobre los escenarios, lo que comenzó como un proyecto a dúo hoy se afianza como banda. La voz de Mariel Martínez es la que abrió el camino, y junto a Alejandro Picciano conformaron una dupla distinta dentro del género en España.
Con 15 años sobre los escenarios, lo que comenzó como un proyecto a dúo hoy se afianza como banda. La voz de Mariel Martínez es la que abrió el camino, y junto a Alejandro Picciano conformaron una dupla distinta dentro del género en España.
“Con Mariel nos fuimos a Madrid, ambos hacíamos tango. Yo tenía mi grupo y ella cantaba aparte. Y en una oportunidad, el pianista que la acompañaba siempre no pudo ir a tocar, y medio de casualidad la comencé a acompañar. Yo toco con guitarra eléctrica tipo de jazz, que para dúo es medio raro no tocar guitarra criolla. Pero con el lenguaje propio de cada uno pudimos fusionar el trabajo”, cuenta Alejandro sobre los inicios de la banda.
De a poco fueron afianzándose en la escena tanguera de Europa, con un trabajo poco común para los seguidores de la música ciudadana. Dentro de su repertorio, sostienen un compilado de temas clásicos, de grandes autores pero que por fortuna no son los elegidos por el resto de los artistas.
Con arreglos propios, y buceando en el pasado, traen a la actualidad esas composiciones tapadas por el polvo del tiempo.
La formación de Mariel Martínez siempre estuvo ligada al tango. Comenzó a abrazar el género con la FM Tango, la escuela de Avellaneda en Buenos Aires, y así forjó su carrera de cantante.
Diferente es la vida de Alejandro, quien en sus largas temporadas en Mendoza comenzó a escuchar el rock, y ya en Buenos Aires tuvo sus primeras banda de canciones.
Desde Madrid y con varios conciertos por distintas ciudades de Europa, Lito Nebbia fue quien le abrió la puerta para grabar su primer disco, y expandir su circuito de conciertos hacia otras latitudes.
“A Lito Nebbia lo conocíamos de antes, y un día me escribe un mail y me pregunta donde tocábamos esa noche en Madrid. Cayó al bar, y justo esa noche no había casi nada de público. En la charla después del show nos propuso grabar un disco.
Le llevamos todo lo que teníamos grabado y con ese material nos editó el disco por su sello Melopea que se llamó “De mi barrio”. Fue una noche rara que terminamos con un disco editado”, comenta Alejandro sobre el principio de su relación con el productor y músico argentino.
A partir de allí y con el apoyo de “papá Lito”, como ellos lo llaman, el proyecto de Mariel y Alejandro fue virando por rumbos impensados. Con su segundo álbum de estudio “Perfume de tango”, el cual contó con la colaboración del músico y otros artistas fue el inicio de un próspero camino.
“La perspectiva para nosotros comenzó a cambiar en toda Europa. Viajamos por Francia, Portugal, Alemania, y de a poco armamos el grupo. Primero hicimos un trío, por eso el nombre, y grabamos el disco “Un Placer”, en vivo en el teatro Calderón de Madrid. Esto generó giras por Rusia de punta a punta, Ucrania y otros países. Lo sorprendente para todos es que nuestro repertorio no es el tango for export, jamás tocamos los más conocidos. Mariel no los canta, y todos los espectáculos internacionales son con esos temas. Nosotros vamos de abanderados de Mariel, defendemos siempre al grupo y tratamos conservar nuestra esencia”.
La última locura del dúo fue la grabación de “Estos otros tangos”, un material con composiciones de los años ‘20. Sin imaginarlo, el disco fue nominado a los premios Gardel 2014, a Mejor Álbum Artista Femenino de Tango.
"Grabamos a dúo ese disco. Y aunque no alcanzamos a presentarlo formalmente, lo nominaron a los Gardel. Fue una sorpresa enorme, estando en Madrid, que un disco con temas como "Olvido", "Casa vieja", y con un formato raro, íntimo estuvo nominado a los premios".
Su impronta dentro de la música ciudadana conquistó el circuito tanguero en España y alrededores, y con la conexión cultural que nos caracteriza disfrutan del encanto que produce su propuesta.
“En España hay una conexión cultural con Argentina enorme. La gente grande tiene relación con la canción; hay una cosa emotiva con el tango y con la canción, por historias en común. Y después la gente joven está relacionada en toda Europa con el baile. Nos sorprende a menudo que por ejemplo vamos a tocar en un pueblo perdido de Italia, y hay tipos escuchando a Caló. A veces estás acá y no hay nada. Eso es raro, pero por otro lado es emotivo, como sucede con Rusia. Es la magia del tango. Por ahí nosotros no valoramos bien nuestra música”.