31 de enero de 2026 - 00:15

Heladas: no todas son iguales ni dañan de la misma manera

En Mendoza, el impacto de las heladas difiere según cuándo y dónde ocurren. Por eso, comprender su dinámica multiescalar es clave para anticipar daños y reducir riesgos.

En Mendoza, la palabra “helada” aparece cada año con preocupación. Porque, aunque el frío es uno solo, no siempre se comporta de la misma manera. No todas las heladas ocurren en el mismo momento, ni tienen la misma intensidad, ni generan el mismo impacto. Por ello, entender cuándo se producen, cómo se forman y por qué afectan más a unos lugares que a otros es clave para anticipar riesgos y reducir pérdidas (y algún que otro dolor de cabeza…).

Cuando la temperatura baja de 0 °C y el agua de las plantas se congela, hablamos de helada meteorológica. Esa definición, aparentemente simple, es solo la puerta de entrada a una dinámica mucho más rica, donde la atmósfera y el relieve juegan un papel decisivo.

En una provincia como Mendoza, de clima seco, frecuentes cielos despejados y un terreno de montañas y valles, las heladas no son un fenómeno excepcional: son visitantes habituales que no siempre son bienvenidos.

El nivel de afectación depende de cuándo se producen.

Más allá de cuán fría sea una noche, el impacto de una helada está fuertemente condicionado por el momento del ciclo agrícola en que se presenta.

En una provincia como Mendoza, de clima seco, frecuentes cielos despejados y un terreno de montañas y valles, las heladas no son un fenómeno excepcional: son visitantes habituales que no siempre son bienvenidos.

Heladas tempranas: ocurren a comienzos del otoño, cuando las plantas aún no han entrado completamente en reposo. Son especialmente peligrosas porque encuentran a los cultivos en etapas sensibles de desarrollo. Un descenso brusco de temperatura en este momento puede provocar daños severos, ya que los tejidos vegetales todavía contienen mucha agua y no están preparados para el frío.

Heladas invernales: son las más frecuentes y, en general, las más intensas en términos de temperatura minima (frío). Se producen durante el invierno, cuando la vegetación está en reposo. Aunque pueden ser muy frías, su impacto suele ser menor en los cultivos perennes.

Heladas tardías: aparecen en primavera, cuando las plantas ya comenzaron a brotar o incluso a florecer. Son las más temidas, porque pueden arruinar en pocas horas el esfuerzo de toda una temporada. Una helada tardía no necesita ser extremadamente intensa para causar daños importantes: alcanza con que llegue en el peor momento posible. Y suelen tener una habilidad inquietante para hacerlo…

El problema no es solo cuán baja es la temperatura, sino cuándo ocurre.

¿Cómo se prepara el tiempo para una helada?

Las heladas no nacen de repente; se gestan uno o dos días antes. Generalmente, el proceso comienza con un frente frío que avanza desde el sur. Este frente actúa como un "paragolpes" que barre el calor y abre paso a una masa de aire polar. Una vez que ese aire se instala, llega el segundo protagonista: el sistema de alta presión. Imagínenlo como una "campana" de aire pesado que se instala sobre la región, "plancha" el viento y despeja el cielo. Sin nubes que actúen como una "manta", el calor que el suelo acumuló durante el día se escapa libremente hacia la atmósfera durante la noche. El aire en contacto con el suelo se enfría, se vuelve más pesado y queda atrapado cerca de la superficie.

Heladas: no todas son iguales ni dañan de la misma manera
Preparación. Mapa sinóptico (simplificado) de una helada, que muestra cómo la atmósfera se organiza para  favorecer la ocurrencia del fenómeno

Preparación. Mapa sinóptico (simplificado) de una helada, que muestra cómo la atmósfera se organiza para favorecer la ocurrencia del fenómeno

La helada, entonces, no ocurre porque el frío “caiga” del cielo, sino porque el suelo se enfría tanto que el aire que lo toca no tiene otra opción que acompañarlo.

¿Por qué las heladas tardías son tan traicioneras?

Las heladas tardías se producen cuando la atmósfera se organiza igual que en invierno, pero en un momento del año en el que nadie espera frío. Basta con que vuelva a ingresar aire frío, se instale una alta presión y la noche sea despejada y tranquila. Durante el día, las temperaturas pueden ser agradables, lo que refuerza una falsa sensación de seguridad. Todo parece ir bien… hasta que cae la noche y el frío irrumpe sobre brotes y flores que no tienen cómo defenderse.

En primavera, el frío no llega tarde: llega en el peor momento.

Cielo y terreno trabajan juntos

La atmósfera prepara la helada, pero el terreno decide dónde y cuán fuerte se siente. Una vez dadas las condiciones sinópticas (estado general de la atmósfera), entra en juego la topografía. Durante la noche, el aire frío cerca del suelo se vuelve más pesado y comienza a desplazarse lentamente pendiente abajo, como si fuera un líquido invisible. Este “escurrimiento” (drenaje de aire frío) hace que el frío se acumule en zonas bajas, hondonadas y fondos de valle.

La pendiente y la forma del terreno son clave. Las áreas con curvaturas cóncavas o valles cerrados tienden a atrapar el aire frío, intensificando las heladas. En cambio, sectores levemente elevados o mejor ventilados suelen salvarse, a veces por apenas uno o dos grados.

Heladas: no todas son iguales ni dañan de la misma manera
Cielo y tierra. Acumulación de aire frío (más pesado) en las zonas bajas.

Cielo y tierra. Acumulación de aire frío (más pesado) en las zonas bajas.

La cobertura del suelo también influye. Suelos desnudos y secos pierden calor más rápido, mientras que la vegetación, los rastrojos o la humedad superficial pueden atenuar el enfriamiento, aunque no hacen milagros.

Entre las parcelas de una misma finca se pueden experimentar heladas muy distintas: el cielo es el mismo, pero el terreno tiene sus preferencias.

¿Por qué importa entender las heladas?

Comprender cómo se producen las heladas (especialmente las tardías) no es solo una cuestión técnica. Permite interpretar mejor los pronósticos, reconocer situaciones de riesgo y tomar decisiones más informadas en agricultura, planificación y gestión territorial.

Heladas: no todas son iguales ni dañan de la misma manera
Viñedo tras una helada: el hielo recubre las superficies y daña los tejidos.

Viñedo tras una helada: el hielo recubre las superficies y daña los tejidos.

En Mendoza, el frío no siempre llega con ruido. A veces baja en silencio, se desliza por las pendientes y se queda quieto en los lugares más bajos, esperando la madrugada. Las heladas funcionan así: se preparan en el cielo, pero se sienten en el territorio. Y aunque no se las pueda evitar, conocer cómo se generan y dónde ocurren ayuda, al menos, a que no nos tomen completamente por sorpresa.

*La autora es meteoróloga y doctora en Geografía. La doctora García Bu es cubana nacionalizada argentina y actualmente es becaria posdoctoral del CCT-Mendoza Conicet.

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

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