De cara al Año nuevo lunar, que se festeja el viernes, millones de chinos regresan a sus regiones de origen, en lo que es la mayor migración del mundo, pero algunos dejan Pekín para siempre.
De cara al Año nuevo lunar, que se festeja el viernes, millones de chinos regresan a sus regiones de origen, en lo que es la mayor migración del mundo, pero algunos dejan Pekín para siempre.
Como todos los años, en una estación de la capital, miles de viajeros, cargados con bolsos y paquetes de fideos suben de manera desordenada en un tren en dirección de Chengdu, para un viaje de 28 horas.
Son algunos de las decenas de millones de trabajadores que regresan a sus regiones para celebrar la mayor fiesta del calendario chino: el Año nuevo lunar que este año cae el 16 de febrero.
En el tren, muchos no pudieron obtener un asiento. Se ven obligados a quedarse parados en los pasillos repletos el tiempo que dure su viaje.
Pekín, sobrepoblada, lanzó una campaña de demolición de construcciones ilegales.
Un guardia de unos 70 años, que regresa a su pueblo cerca de Zhengzhou (centro), explicó a la AFP que no ve a su hijo desde hace varios años.
A pesar de la decoración festiva, rojo y oro en honor al Año del Perro, que adorna el vagón restaurante, el ambiente es deprimente: muchos no regresarán cuando acaben los 15 días de fiesta anual.
Algunos ya no se sienten bienvenidos en Pekín. La capital sobrepoblada, que quiere limitar su población a 23 millones de personas para 2020, lanzó una campaña para demoler 40 millones de metros cuadrados de construcciones ilegales, sobre todo negocios y viviendas ocupadas por migrantes.
Los trabajadores migrantes contribuyeron al formidable crecimiento económico de China ocupando empleos poco valorados, monótonos y peligrosos que los urbanos no quieren ocupar, como obrero, empleado doméstico o agente de mantenimiento.
Li Wen, una empleada de restaurante de 47 años, vivió durante 10 en la capital para financiar la escolaridad de su hija, que ahora estudia en Chengdu. Pero no regresará luego de las fiestas.