Los candidatos de otros partidos políticos, Gary Johnson y Virgil Goode, son casi invisibles en la carrera presidencial estadounidense. Tienen poco dinero, no son invitados a los debates presidenciales y apenas figuran en las encuestas. Pero en una puja tan reñida como la que libran el president Barack Obama y el desafiante Mitt Romney, aun las minucias podrían adquirir una importancia desproporcionada.
La campaña de Obama ha rastreado a los dos ex funcionarios republicanos que podrían ser decisivos en Estados muy disputados. La campaña de Romney insiste en que no les preocupa, aunque algunos de sus aliados republicanos no han podido excluirlos de las boletas electorales estatales.
Johnson es el candidato del partido Libertario; Goode, del Partido de la Constitución. Fue gobernador de Nuevo México, y está inscripto en 48 Estados.
Goode, ex legislador conservador de Virginia, participará en 29 Estados. Su presencia tiene mayor significación en Colorado, Iowa, Nevada, Nueva Hampshire, Carolina del Norte y Virginia, Estados que Obama conquistó hace cuatro años.
En 2008, más de 2 millones de votantes escogieron a otro candidato en vez de Obama o el republicano John McCain. En casi todos los Estados el margen el margen del ganador fue tan decisivo que la presencia de un tercer partido no significó nada. Pero este año la competencia es más encarnizada.
Especialmente Romney no puede darse el lujo de perder votos en los Estados más disputados. En Virginia, su mayor amenaza es Goode, que podría restar votos a los republicanos con una campaña que apela a los votantes que desean detener la inmigración no autorizada y ser más estrictos con quienes están en esa situación.
En otros sitios el candidato a observar es Johnson, quien podría causar dificultades a los dos competidores. Johnson, que ocasionalmente se presenta luciendo el símbolo de la paz, ha difundido un mensaje pacifista, antibélico y favorable a la legalización de la droga.