1 de enero de 2026 - 08:00

Cada vez más jóvenes en todo el mundo optan por tecnologías analógicas: qué dicen al respecto

Entre el cansancio ante la hiperconectividad y el avance de la IA, crecen en los jóvenes prácticas que recuperan lo lento, tangible y la experiencia personal.

“Frente a tanta aceleración y a un ritmo de vida tan inmediato, necesito un lugar donde pueda detenerme y aprender a ser un poco más paciente con las cosas”, Lupe (22). En un mundo marcado por la conectividad constante y la omnipresencia de la inteligencia artificial (IA), cada vez son más los jóvenes que optan por volver a lo analógico.

Mientras la IA avanza sobre aspectos cotidianos desde la escritura y la fotografía hasta la toma de decisiones, crece en paralelo un fenómeno menos visible, pero significativo: el regreso de tecnologías analógicas. Teclados físicos, cámaras sin software inteligente, relojes, cuadernos de papel y dumbphones (celulares "tontos" frente a los smartphones) vuelven a ganar espacio, especialmente entre la generación Z.

Desde Australia, donde se restringe el uso de redes sociales a niños y adolescentes, hasta jóvenes en China que reemplazan sus smartphones por cámaras digitales, el regreso a lo analógico es una tendencia mundial. Lejos de tratarse sólo de nostalgia, distintos estudios y tendencias de consumo muestran que esta vuelta funciona como respuesta al agotamiento digital y a la sensación de pérdida de control que generan los sistemas automatizados.

No se trata únicamente de una moda asociada al Y2K (la estética de fines de los ’90 y principios de los 2000) como homenaje a una infancia sin internet, sino también de un posicionamiento frente al avance de la inteligencia artificial y la sobreestimulación constante. Una investigación publicada por W. Zhong y W. Wu en el Journal of Youth Studies en el 2025, concluye que no se trata solo de nostalgia, sino de una ‘búsqueda de identidad’ activa: usar tecnología vieja es una forma que tienen los jóvenes chinos de diferenciarse en una sociedad digitalizada y recuperar el control sobre su propia imagen y su identidad.

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En un contexto donde la IA promete eficiencia y velocidad, lo analógico ofrece lo contrario: fricción, lentitud y autoría humana. Escribir a mano, sacar una foto sin filtros automáticos o usar un teléfono sin aplicaciones implica recuperar experiencias menos mediadas. Como resume Lupe, estudiante universitaria que incorporó el uso de algunos de estos dispositivos:

“Lo analógico te permite focalizarte en una sola cosa a la vez y reaprender que está bueno enfocarse en una sola cosa”. “Lo analógico te permite focalizarte en una sola cosa a la vez y reaprender que está bueno enfocarse en una sola cosa”.

Jóvenes y límites a la hiperconectividad

El fenómeno es especialmente visible entre jóvenes de distintos países. En China, mientras el país acelera su inversión en inteligencia artificial y robótica para competir por el liderazgo tecnológico global, una parte de su juventud elige bajar un cambio. Se registró un renovado interés por cámaras analógicas y teléfonos básicos como parte de un estilo de vida más lento.

En Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca, la venta de dumbphones crece en paralelo a debates públicos y políticas educativas que buscan limitar el uso del smartphone en las aulas. En estos casos, el teléfono básico no reemplaza al celular inteligente, pero sí marca un límite: comunicación sin redes sociales, sin algoritmos y sin inteligencia artificial integrada.

Lupe explica cómo el uso de relojes y cuadernos contribuye a crear esos límites: “Usar un reloj es una forma de evitar distracciones. Si tengo que ver la hora en el celular, probablemente no sea lo único que haga; en cambio, con un reloj, solo veo la hora. Cuando estudio en la computadora tengo acceso a muchas más cosas que cuando estudio en papel, donde solamente tengo la hoja y leo lo que yo misma escribí”.

Y agrega una mirada crítica sobre el propio fenómeno: “Sé que no es algo aislado ni innovador: también es una moda y hay un lucramiento con lo viejo y lo vintage. Trato de darle a esas tendencias un uso personal y que tengan un significado importante en mi vida, aunque también las use porque quedan lindas”.

Vinilos: desconexión y ritual

Ringo Obregón, del Club del Vinilo, recuerda los inicios del movimiento: “Cuando comenzamos éramos pocos y hoy ya hay una comunidad muy grande formada alrededor del vinilo. La vuelta al vinilo, como la vuelta a la fotografía analógica o a los celulares viejos, tiene que ver con un rechazo a la sobresaturación de oferta. Hoy hay tanto para elegir que eso produce desinterés, mientras que antes, cuando tenías pocas opciones, las aprovechabas al máximo”.

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Ringo destaca que el regreso del vinilo responde a un deseo de involucrarse más con la música: “La gente ya no quiere escuchar música sin darle importancia, sino que busca una ceremonia, un ritual: ponerse a escuchar un disco, ver las tapas, disfrutar del sonido analógico y conseguir el vinilo que realmente le gusta. Los discos de vinilo se pueden oler, tocar, escuchar y ver. Es una experiencia que apela a todos los sentidos, algo que no pasa con los formatos digitales”.

Según Ringo, esta experiencia no se limita a quienes vivieron la era del vinilo, sino que también atrae a las nuevas generaciones: “Hay personas de 40, 50 o 60 años que buscan recrear algo de su adolescencia, pero también jóvenes que no vivieron eso y que se acercan buscando desconexión, ritual y una forma distinta de relacionarse con la música”.

Cámaras digitales: recuerdos con significado

Lara (21) cuenta su experiencia con la fotografía digital: “Hace aproximadamente dos años encontré la cámara que uso hasta hoy. Al principio la usaba para sacar fotos más ‘cool’, pero con el tiempo se volvió algo cotidiano. Hoy la llevo siempre conmigo y la uso para guardar momentos”.

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Irupé (21), estudiante y fotógrafa, explica que en su caso el interés comenzó como una cuestión estética, porque “la calidad ultra HD a veces impide jugar con los colores, las texturas o la fantasía. La cámara analógica tiene un tinte muy único, difícil de lograr con una reflex”.

Incorporar estos formatos también modificó su relación con el celular y las redes sociales: “Es una manera de no estar tan pendiente del teléfono y de lograr algo más único y personalizado”. Y agrega: “Creo que tiene que ver tanto con algo personal como generacional. A mí me hace bien porque me aleja del celular, que siento que me hace mal, pero también creo que es una tendencia”.

Una crítica silenciosa al modelo digital

Especialistas coinciden en que el retorno a lo analógico no es una cruzada antitecnológica, sino una crítica práctica al modelo digital dominante. Frente a la lógica de estar siempre conectados, visibles y disponibles, estos dispositivos permiten crear zonas de desconexión voluntaria dentro de un ecosistema saturado de pantallas. Como dice Lupe:

“En un mundo digital constante, trato de dejar algunos espacios analógicos para que mi cabeza pueda descansar un poco”.

En los países nórdicos, modelos clásicos como los Nokia volvieron a ganar popularidad, tanto entre padres como entre jóvenes que buscan reducir la dependencia digital y mejorar el bienestar. En Europa, esta tendencia se inscribe en un movimiento más amplio de desconexión digital o detox digital, que propone limitar el uso del smartphone para disminuir distracciones y estrés tecnológico.

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Entre las principales razones de esta vuelta a lo analógico aparecen la búsqueda de una relación más saludable con la tecnología, la menor exposición a redes sociales y notificaciones, la promoción de alternativas más simples por parte de padres y escuelas y una tendencia cultural hacia la simplificación digital.

En definitiva, lo analógico se consolida como un gesto cultural y simbólico: una forma de reafirmar la experiencia humana en tiempos de automatización creciente y de recuperar el placer de lo lento, lo táctil y lo plenamente vivido.

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