La Berraca Guanábana: ritmos que curan

Con cantos colectivos y ritmos de Colombia, el ensamble de mujeres abre hoy el ciclo que fusionará música y vino en las terrazas de la Capital.

Ellas explican: “en Colombia, ‘berraca’ es la mujer valiente, audaz. La ‘guanábana’ es una fruta tropical, que además de ser carnosa, jugosa y sabrosa tiene propiedades curativas; puede regenerar, incluso, células cancerígenas. Y la música es así: un poco ‘guanábana’, porque cura los males”.

La Berraca Guanábana

-cuentan- nació hace tres años, entre meneos alegres de caderas y cantos colectivos originarios de la costa colombiana. Todo comenzó como un juego animado por el canto y la percusión. “Nos reuníamos en el verano a escuchar y proponer canciones -dicen- y a pensar sobre qué superficies podíamos golpear o qué podíamos pedir prestado.

Aunque ninguna era percusionista proponíamos ejercicios de improvisación o de ritmos”.

Es que estas cinco estudiantes de la licenciatura en Música Popular de la UNCuyo se lanzaron a explorar geografías y ritmos latinoamericanos; una búsqueda similar a la que encaran La Levingstone Colmenares, La Bolivian o Enclave a Tierra, entre otros grupos locales que abordan música de raíz latinoamericana, respetando la formalidad de las tradiciones.

Sin embargo, ellas quedaron ‘atrapadas’ en el Caribe colombiano: no hay cuerpo que se le resista a la energía contagiosa del bullerengue. Desde entonces, La Berraca Guanábana se dedica a investigar e interpretar ritmos populares de la costa atlántica colombiana (bailes cantaos, bullerengues, cumbias y tamboras) en distintos escenarios de Mendoza.

El primero de 2013, es la quinta edición de “Música y vino en las alturas”, ciclo gratuito producido por la Municipalidad de Capital que, desde hoy y todos los jueves hasta el 21 de marzo, ofrece música en vivo y degustación de Vino Destino, elaborado con uvas de los viñedos ubicados en el ingreso al aeropuerto Francisco Gabrielli. (Ver: Todos los jueves).

Un día antes, Vanesa Becerra (voz, maracas y llamador) y Mailén Obrador (voz y alegre) se prestan a descifrar el ADN del proyecto que sostienen junto a Natalia Ponce (voz y maracas), Nathaly Morán Palacios (voz y tambora) y Ana Jesowoicz (bajo).

-¿Por qué decidieron indagar en la música popular colombiana?

-La idea original era hacer música tradicional latinoamericana y comenzamos por temas que reflejaran el sentir de la mujer latina. En ese proceso nos encontramos con el ‘bullerengue’, un género del Caribe colombiano que es ritual y que sólo es interpretado por mujeres. Nos familiarizamos con él y nos fuimos perfilando por la música de esa región: nos atraparon sus ritmos y la energía que transmiten. Por otro lado, Colombia forma parte del programa de 4° año de la Licenciatura en Música Popular, así que algunas de nosotras ya veníamos estudiando estos ritmos.

-¿Qué sabían de los cantos colectivos'?

-El canto tiene algo maravilloso ya que el instrumento que se utiliza es uno mismo. Esto permite que muchas personas se reúnan y todas puedan hacer música simultáneamente; con su sola presencia. Otro elemento importante es que en estos cantos, las letras van llevando la idiosincrasia de los pueblos, sus costumbres y cotidianidad. Además, en la facultad, hemos tenido acceso a información y músicas de muchas regiones: desde las bagualas y vidalas norteñas, hasta Cuba y sus pregones soneros.

-El abordaje que realizan de este repertorio es tradicional. ¿No les interesan las fusiones?

-Nos interesan hasta cierto punto. Al incorporar a Ana (Jesowoicz) y su bajo eléctrico ya comenzamos a hacer fusión en algunos temas; también al mantener maracas en algunos géneros que no las llevan en su forma tradicional. Sin embargo, nos parece muy vastos y ricos estos lenguajes. Por fusionar, a veces el resultado termina pareciéndose a otras músicas de las cuales ya hay bastante para escuchar. En nuestro caso, elegimos aportar algo diferente al panorama musical de Mendoza, y tal vez de Argentina: acercar música colombiana del Atlántico.

-¿Qué puntos de contacto encuentran entre estas músicas y nuestro folclore?

-Encontramos que los ‘bailes cantaos’ (colombianos) y la música cuyana hablan del trabajo, del sufrimiento del trabajador y de reunirse para festejar; en ambos, la temática amorosa está siempre presente. También podríamos hacer una analogía entre los pescadores de arena y los vendimiadores: cómo se sufre cuando viene la creciente; o la helada. Ahora, si consideramos nuestro folclore desde un punto de vista más amplio encontramos una gran similitud entre las coplas de las bagualeras, y las coplas anónimas que se cantan en diversos bullerengues o cumbias. Incluso hemos escuchado un verso común a los dos géneros: “Dame un poquito de agua/ que vengo muerta de sed./ No he venido por el agua/ si no por venirte a ver”.

-¿Cómo recibe el público estos ritmos?

-Quien escucha el sonar de los tambores y las palmas se contagia de inmediato; participa bailando y cantando. Los coros que son tan fáciles de aprender como ricos pues llevan el elemento negro, aborigen y español. Además, estás músicas son más familiares de lo que uno se imaginaría. ¿Quién, alguna vez, no ha bailado una cumbia?

LAS MAS LEIDAS