El Papa Benedicto XVI inauguró ayer, con la celebración de una solemne misa en la plaza de San Pedro, el Sínodo de la "Nueva Evangelización", que reúne a 262 arzobispos, obispos, superiores generales de congregaciones y patriarcas llegados de todo el mundo, y con el cual intentará, lejos del caso Vatileaks, dar un nuevo impulso a la Iglesia.
Desde la plaza de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, el Papa recordó que el Concilio Vaticano II, inaugurado hace 50 años, fue la "expresión más universal y el impulso más autorizado" del dinamismo espiritual y pastoral del siglo XX.
Para la inauguración del Sínodo, el Papa Benedicto XVI puso al matrimonio y a la familia en el centro de la "Nueva Evangelización", afirmando que hay un vínculo claro entre la crisis de la fe y la crisis del matrimonio".
El matrimonio, "unión de amor fiel e indisoluble", "es en si un Evangelio, una Buena Nueva para el mundo de hoy" dijo el Papa. "Desgraciadamente, por diversas razones, el matrimonio atraviesa una profunda crisis, precisamente en las regiones de antigua evangelización", añadió.
Durante la oración del Ángelus, un Papa de 85 años de edad, invitó a miles de creyentes a "orar más específicamente al Espíritu Santo, protagonista de la evangelización desde el nacimiento de la Iglesia".
Durante la misa, Benedicto XVI no dijo ni una sola palabra sobre los escándalos que sacudieron al pequeño Estado del Vaticano, ni sobre el juicio de su mayordomo Paolo Gabriele, que concluyó el sábado con una condena de 18 meses de cárcel por "robo agravado" de documentos confidenciales.
Al principio de la ceremonia, Benedicto XVI proclamó dos nuevos Doctores de la Iglesia. Ambos, teólogos admirados por sus ideas y actores de la evangelización en su época, eran ya santos: el español Juan de Ávila (1499-1569) y la alemana Hildegarda de Bingen (1098-1179).
El Sínodo, que durará tres semanas, es una de las grandes prioridades del Papa: se trata de encontrar los medios para anunciar el Evangelio en países tradicionalmente cristianos, donde los fieles se alejan de las iglesias.