8 de julio de 2018 - 00:00

Así vivió una mendocina, en Bélgica, el adiós de Brasil

Florencia Linero es una bióloga lujanina que reside y trabaja en Bruselas y nos relata cómo disfrutaron allí el batacazo.

La historia es corta: euforia mezclada con cerveza, banderas y gritos en ambos idiomas: español y flamenco. El pequeño de la familia, Lucas, sabe nombres claves: Di María, Mascherano, De Bruyne y Lukaku.

Aunque los dos primeros ya no serán mencionados en lo que queda del Mundial de Rusia, los dos últimos están a punto de marcar parte de la historia.

Es viernes, temperatura perfecta de verano, no hay lluvias anticipadas.

Nada puede ser mejor, todos los belgas se han aprovisionado con suficiente cerveza y esperan ansiosos el terrible encuentro.

El partido comienza, solo 13 minutos de juego y Bélgica queda en shock. El corazón comienza a palpitar con mucha ilusión. No han pasado más de 30 minutos y el padre de la familia, Kristof, (de origen belga) grita en perfecto español: ¡¡Golazoooo!!

Más gritos, muchos nervios, ilusión, mensajes de aliento desde Argentina. El tiempo que nunca pasa, pero por suerte hay un arquero que parece imbatible frente a los remates de los brasileños.

Final del partido, los belgas que se caracterizan por no mostrar fácilmente sus emociones, salen eufóricos a las calles, bocinas, luces, gritos…

Lo increíble acaba de pasar: Brasil se va de la copa y Bélgica, después de 32 años, renueva sus ilusiones de levantar por primera vez la Copa  del Mundo.

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