26 de noviembre de 2013 - 23:59

A los 86 años, se suicidaron de la mano para exigir eutanasia

Eran un matrimonio de intelectuales. Murieron con una bolsa en la cabeza. En una carta expresan su cólera por no existir en el país la muerte asistida.

Intelectuales, elegantes y enamorados como cuando se conocieron en la posguerra, los miembros de un matrimonio francés, ambos de 86 años, decidieron morir juntos, de la mano y con una bolsa de plástico en la cabeza.

Bernard y Georgette Cazes dejaron una carta dirigida al procurador de la República, expresando su cólera porque la legislación francesa no permite el suicidio asistido y le anunciaron que su familia abrirá una causa al Estado porque no respetó sus libertades. En otra carta, Georgette le pide a sus hijos sustituirla para iniciar ese juicio.

A los suicidas los descubrió el camarero, que les llevó el desayuno que habían pedido por la mañana y que ellos obviamente habían organizado para que los encontraran pronto.

Una muerte planificada, serena y al mismo tiempo dramática en su mensaje. Devuelve la eutanasia y el suicidio asistido, que la legislación francesa no autoriza, al corazón del debate.

Los Cazes eligieron para despedirse de la vida el palacio Arte Nouveau del hotel Lutetia, en París, cuyo bar visitaban Picasso, Malraux y St. Exupery. Un lugar de enorme significado familiar. Allí la madre de Georgina conoció a su marido y fue donde Georgette encontró a su padre, un oficial francés, al final de la guerra, tras ser liberado de un campo de concentración alemán.

El hijo mayor de la pareja, que prefiere no dar su nombre, contó que sus padres habían tomado esta decisión "hace muchos años". "Su preocupación era la dependencia y la separación más que la muerte", explicó.

Bernard y Georgette se habían conocido en Bordeaux. Se casaron y tuvieron dos hijos. Vincent murió en un accidente de automóvil cuando tenía 21 años. Su madre escribió 10 años después un libro sobre Proust, que debía ser la tesis de su hijo en la universidad.

Bernard era economista y filósofo, con varias obras publicadas. Ella era profesora de latín y letras, autora de manuales escolares y activa jubilada en Issy Les Moulineaux.

Otra pareja octogenaria los imitó ayer en París pero con la ayuda de medicamentos.

Estos cuatro muertos reclamaban su mismo derecho: el del suicidio asistido. "El fin de la vida en dignidad" era una de las promesas electorales del presidente socialista François Hollande en su campaña.

Holanda fue la pionera del suicidio asistido en 2001 y los médicos que acompañaban a sus pacientes en este camino no son penalizados por la justicia. Pero las condiciones están reglamentadas, como en Suiza, Luxemburgo y Bélgica. El comité de Ética francés emitirá una conclusión el próximo 16 de diciembre.

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