3 de marzo de 2014 - 00:18

AMSA, de La Colonia: un lugar de buenos vecinos

Fue el primero que el IPV construyó en esa tradicional ciudad del Este. Tiene más de 30 años y todos recuerdan sus fiestas multitudinarias. Pasado y presente de un barrio pionero.

El AMSA de La Colonia es el primer barrio que se construyó en lo que hasta entonces eran los límites del casco tradicional de esa ciudad de Junín. Luego vinieron otros barrios, como el San Gabriel, el Santa Rita o el Gran Capitán, pero el AMSA fue primero, el que ha tenido más historia.

Al lugar lo inauguró en octubre de 1982 el entonces gobernador Bonifacio Cejuela, que había asumido hacía unos pocos meses y que ya estaba en tiempos de retirada junto con el resto de la dictadura. Y aunque el barrio vio la luz en época de militares, el nombre de algunas de sus calles -Democracia e Independencia- recuerdan mejores épocas.

Desde aquellos primeros años, tres generaciones han vivido en el AMSA y muchos de los vecinos que hoy cuentan su historia y que ya son abuelos, fueron entonces jóvenes papás, emocionados por recibir la llave de la casa propia.

"La inauguración iba a ser el 3 de octubre y ya estaba todo listo, pero a último momento la pasaron para el 9 y entonces muchos vecinos, más que nada los que alquilábamos, nos quedamos esperando con el camión cargado de muebles", cuenta entre risas una vecina en medio de la plaza Arturo Illia y rodeada por otros que se han arrimado a recordar anécdotas.

"Lo principal que usted tiene que destacar es la unión que siempre hemos tenido para ayudarnos en las malas y para festejar en las buenas", agrega la mujer y todos asienten entre murmullos.

El AMSA se construyó por el IPV en terrenos donde antes había viñedos y también una canchita de fútbol, la más usada hasta ese momento por los pibes de La Colonia. "Estuvimos casi diez años esperando a que se hiciera el barrio, pero por un motivo u otro siempre se atrasaba, así es que imagine la felicidad cuando nos entregaron las llaves", dice Ana González.

Lindas casas de barrio: cocina y comedor, baño, tres dormitorios y un patio generoso en la mayoría de los lotes. Así se entregaron y aunque el AMSA es una mutual de suboficiales y agentes, el barrio también se nutrió con otros socios, que no pertenecían a la fuerza policial y que recibieron sus viviendas. Así, y por ser mayoría de policías, el AMSA fue durante mucho tiempo una de las zonas más seguras de Junín, eso al menos es lo que dice la gente.

"Durante mucho tiempo acá no se escuchó hablar de un solo robo y alcanzaba con un tiro al aire en medio del patio para espantar a cualquier posible ladrón", sintetiza uno de los vecinos, policía retirado.

Pero hoy, con la mayoría de aquellos uniformados ya jubilados y viviendo otros tiempos, uno de los reclamos en el AMSA tiene que ver con pedir un mayor control policial en el barrio y especialmente durante las noches, para darles una 'pasadita' a los muchachos que suelen juntarse en la plaza. "La mayoría no son del barrio y la verdad es que a veces da miedo pasar de noche", explica la gente.

En total, el AMSA tiene 194 viviendas, un barrio grande para lo que el IPV acostumbra inaugurar hoy en día, y se entregó en una sola etapa y con el terreno para la plaza, aunque eso demoró bastante y a los primeros árboles tuvieron que plantarlos los mismos vecinos. "Y es que como la plaza se demoraba, tampoco había riego y entonces nos repartíamos la tarea de echarles agua a los arbolitos con un balde", recuerda don Antonio Uano.

Después sí, la comuna construyó la plaza, demarcó los senderos, puso algunos juegos, bancos y también le dio un nombre: Arturo Illia. Y aunque se hicieron cosas, faltan otras y los vecinos piden que se haga el piso de la plaza. "Alguna vez pusieron ladrillo molido en los caminitos y aunque se veía bonita, fue una mala idea porque a los que vivimos enfrente, cualquier viento nos llenaba la casa de polvillo", cuenta una vecina.

Todos coinciden en que las distintas administraciones municipales han colaborado con el barrio y así fue como llegó el asfalto y más tarde el gas natural. "Lo que ha habido es mucha colaboración entre los vecinos para conseguir cosas; fíjese que durante los primeros años, al agua potable la recibíamos de San Martín y casi no subía a los tanques; un problemón en aquellos tiempos, especialmente en los veranos, pero finalmente y después de varias gestiones conseguimos que nos hicieran una perforación en la zona y todo cambió", recuerda don Pablo Guevara.

Ya han pasado más de 30 años de la inauguración, algunas casas están parecidas a como las entregaron y otras han cambiado mucho su apariencia. Pero más allá de eso, los vecinos destacan que el AMSA sigue teniendo el mismo espíritu de unión de los primeros tiempos, cuando los propietarios de las casas eran jóvenes llenos de sueños y había más de 300 niños correteando por las calles de tierra.

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