Fabio Alberti cha cha cha
Peperino Pómoro, uno de los personajes más controversiales que sobrevivió a la censura mediática.
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Claro que no faltaron polémicas. El segmento “Todos juntos en capilla”, en el que un cura relataba la vida del mártir ficticio Peperino Pómoro, irritó a organizaciones conservadoras que presionaron a auspiciantes y autoridades. El sketch fue levantado, pero su mito creció con los años, replicado en VHS y luego en YouTube, y Peperino terminó canonizado en la memoria del público como “santo catódico”. La delgada línea entre sátira y blasfemia encontró en “Cha Cha Cha” su caso de estudio más citado.
El último episodio televisivo salió el 13 de agosto de 1997. Allí, se emitió un compilado con los mejores sketches del ciclo, además de un discurso de Casero donde describe al programa con la frase: “Tenía esa mitad y mitad... con las guarangadas que a veces decíamos, a nosotros nos gusta la cosa refiné y también nos gustaba esa cosa graciosa que tiene el meter los dedos adentro de la mayonesa, para buscar una aceituna”.
Alfredo Casero
Juan Carlos Batman, el esperado personaje de Alfredo Casero.
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Alfredo Casero, el multifacético compulsivo
En la última década, Casero protagonizó idas y vueltas, enojos, retractaciones y roces con periodistas y figuras del espectáculo. La memoria reciente guarda su cruce al aire con Luis Majul en 2022 —golpe de puño a la mesa incluido— y, más cerca, sus disculpas públicas a Julio Chávez por dichos desafortunados. Él mismo ha reconocido que la crispación general potencia reacciones que luego requieren reparación. Con aciertos y errores, Casero se convirtió en un caso de “cancelación mediática” en loop: repudiado y celebrado, trending topic intermitente, símbolo de una época en la que el humor y la política chocan a cielo abierto.
El reverso luminoso de la biografía de Casero es su rol como padre de dos artistas que también hicieron su camino: Nazareno y Minerva, quienes construyeron carreras sólidas en cine, televisión y plataformas.
Volvamos a “Cha cha cha Vol. II”: Si algo explica la vigencia del fenómeno es que nunca trató de agradar a todos. Su apuesta por el delirio consciente —ese humor que empieza donde termina el sentido común— habilita lecturas múltiples. En 1997 eso chocó con la lógica del rating. En 2025, paradójicamente, la fragmentación de audiencias le sienta bien: en una cultura de nichos, Cha cha cha se vuelve masivo y contagioso. El público lo celebra con la misma energía con la que lo descubrieron en VHS, cable, YouTube o TikTok.
En una entrevista con diario Los Andes, el creador de personajes icónicos y uno de los mayores programas de culto argentino, habla del show en escena, de lo que fue Cha Cha Cha y de su sueño de dejar un legado para las nuevas generaciones.
Fabio Alberti cha cha cha
Boluda Total, un emblema de los programas televisivos de cable de los '90.
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-Cha Cha Cha marcó una época en la televisión argentina. ¿Cómo nació la idea de un programa con un humor tan particular?
-Empezamos en el Parakultural. Era una un viejo almacén que había que tener cuidado porque el piso era de madera y si pisabas demasiado en un lugar se rompía. Tenía una especie de sótano que tenía un caño roto abajo, siempre había agua ahí y quedaba como si fuera una gruta. Ahí tocaba una banda que se llamaba Interesados en Máquinas con un montón de gente divina. En ese lugar también estaban Urdapilleta y Tortonese, la banda de Mex Urtizberea. Yo empecé a trabajar con Macelo Mazzarello, después con Fabio Alberti. Era un lugar hermoso, emblemático. Después me dejaron de querer por política, pero me importa un pedo.
-¿Cómo pasaron de ahí a la pantalla?
El que me llamó para hacer el programa fue un gran amigo de Canal 2, Roberto Cenderelli, estaban buscando actores. En ese momento estaba Pettinato, Araoz, las Locas como tu madre, La cuadrilla… Toda gente del under. Ahí nace “De la cabeza”, que no fue una idea nuestra, aunque tuve mucho que ver porque hicimos una edición con más de 50 horas de video. En esa época, con los cassettes tenías que poner primera, segunda, marcha atrás, ¿viste? (se ríe) No se digitalizaba, se pegaba. Así empezamos con Fabio Alberti, y ahora lo terminaremos porque fue él quien me llamó para hacer Cha Cha Cha en el teatro.
Alfredo Casero
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Alfredo Casero recuerda detalles de aquella época, como el Volkswagen Poncho restaurado, de su amigo Mark Johnson, (a quién definió como alguien del “deep San Isidro”) que lo pasaba a buscar. Toda la secuencia del relato parecía parte del video de su tema “Bailando en la Sociedad Rural”. Recuerda cómo preparaban los personajes en un departamento de 18 metros cuadrados donde vivía Fabio Alberti, la ayuda de Juan Lepes, padre de Narda y emblema de la cultura de aquellos años, cuánto le pagaban (“eran 300 mil pesos de hoy, un poco más que una maestra”, dice), cómo llegó Capusotto al grupo y como gozaban de cierta “fama” en el ambiente del Parakultural.
(continúa) Cuando en el 92 que arrancamos, todo el mundo nos decía “no lo hagan”, porque en los otros canales estaban monolitos como Gasalla. Lo que nos pasó después fue que Claudio Villarruel, que era el productor general de América 2 (quien luego sería productor y artífice del éxito de Tinelli) nos puso un programa antes que el nuestro que se llamaba “Crema Americana”, que hacía casi lo mismo que nosotros, hasta alquilaban los mismos trajes, nos choreaban abiertamente. Y nos rompió el culo. Pero nosotros le terminamos ganando porque el público se daba cuenta. Fue una guerra cultural. Después, mientras nosotros hacíamos Cha Cha Cha, Tinelli ponía cinco tipos delante de alguna modelo, a la que contrataban para decirle barbaridades o ponerla en pelotas. A mí eso me parecía terrible.
Fabio Alberti y Alfredo Casero
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-Muchos de los sketchs y personajes del programa se convirtieron en íconos ¿Alguno que haya sido tu favorito?
-El productor con Manuk. Laburar con Fabio es una alegría. También con Alacrán. Ahora vuelve de Estados Unidos para hacer una gira en España y nos vamos a ver allá. La verdad que lo quiero mucho y es una bestia. Mira, nosotros tenemos mucho tiempo haciendo esto y yo ya quiero terminar con Cha Cha Cha, hemos metido más de 65.000 personas, terminamos haciendo Movistar Arena ahora en diciembre…
-Estás haciendo una gira muy esperada por los fanáticos ¿Vos creés que vas a poder decir “Bueno, listo, cerramos acá”? ¿Creés que el público te lo va a admitir?
-Lo que pasa es que hay toda una nueva generación que después de haber estado 11 años muy cancelado, muchos jóvenes no tienen idea. Dicen “Quiero flan” sin entender lo que pasó. Y nadie se toma el trabajo de explicar, a menos que pongamos nosotros pedazos en TikTok, porque nadie le da bola a nada.
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Fabio Alberti y Alfredo Casero en uno de los scketches más recordados.
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-Pero se convirtió en un programa de culto. “Telescuela técnica” era real, sin embargo todos lo recuerdan por ustedes.
-(Se ríe) Telescuela técnica era una gran cosa, yo soy mecánico y cuando era muy chico aprendí de medidas, a usar un calibre, gracias a ese programa. Eran diferentes maestros y había unos que eran un plomo, que se quedaban callados, que no sabían de los tiempos en televisión. Eso me encantó y era lo que hacíamos. Ahora en el show no puedo hacerlo porque solo dura dos horas y no nos da el tiempo para todos los personajes. Lo que me encanta es que nos pasamos, hay un bis que dura 40 minutos porque la gente te pide una cosa, y otra, quiere cantar la Marcha de Vaporeso, que fue un héroe y que como todos los héroes, no existe. Entonces vos le podés poner las mejores o las peores cosas a ese personaje, que tampoco es un “personaje”, es un ser etéreo, un espíritu, como el peronismo, donde hay un líder espiritual al que se le pone todo lo bueno y todo lo malo. Vaporeso es un mediocre con muchas ganas de salir, que aparentemente se hizo millonario y nos puso plata para hacer el programa. Es eso.
-Hay canciones que también son emblemáticas
-Gracias. El último disco que hice, que se llamó Hiperfinitsfirulets, era para escuchar en el auto, varias veces, pues la gente se engancha, escucha la letra. Entonces yo no hacía un disco, hacía un divertimento. En Japón también hice discos, con Kazufumi Miyazawa, que era el dueño de Shimauta.
Alfredo Casero
Alfredo Casero y la participación del público.
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-Volviendo a tu forma de hacer humor, tanto en televisión como en teatro, da la sensación de que hicieras mucha improvisación. ¿Es así o está todo guionado?
-Eso es un chiste que nadie tiene que saber. Miles Davis decía una cosa que era bárbara: “La gente tiene que creer que lo que vos hacés es únicamente para ellos”. Y en realidad, muchas veces lo que hago es por una única vez porque es la inspiración de lo que pasa en el momento. Y la otra cosa es el público, porque uno ve lo que va pasando. Pero básicamente este Cha Cha Cha es lo mismo que hicimos en Buenos Aires. Está hasta mi perro “Pempo” que también labura en Boluda Total, puta, ya lo espoilé. No importa. El asunto es que tengo que alquilar un Airbnb para poder tener a mi perro, o que me lo acepten en algún hotel. Después yo siempre hago un laburo con actores del lugar, en Mendoza tuvimos un problema con unos actores. Pero en todos lados laburamos con alguien, en Uruguay, conseguimos el Batman uruguayo, a mí me encanta que la gente se cague de risa.
-¿Por qué es el final de Cha Cha Cha?
Porque es menester. Yo les estoy enseñando gratuitamente a todo el mundo la fórmula, quiero ver un Cha Cha Cha hecho por pibes, que ojalá entiendan lo que fue y agarren todo lo que quieran. Es más, estoy dispuesto a armar otro Cha Cha Cha con gente nueva y no actuar yo, sino que tengan la edad que nosotros teníamos cuando empezamos.
-¿Es cierto el mito de que hay material de Cha Cha Cha inédito?
Sí, es cierto. Hay tres programas que no están editados incluso, que fueron del año 97. Hay uno del 94 y hay mucho material en bruto que es lo mejor. Ahora que me decis, me voy a poner a pasarlos (de analógico a digital) y así por lo menos los subo a la página www.cha-cha-cha.com.ar que es donde está todo el material.
Alfredo Casero
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-¿Si tuvieras que definir Cha Cha Cha en una sola frase, cuál sería?
-Dejame pensar… (hace silencio varios minutos) Cha Cha Cha es la cultura de un momento, es el elemento analógico, en este mundo digital, que la gente tendría que consumir, como la buena música. Porque es necesario volver con el alma analógica. Tal vez la cabeza digital ya no nos captará y que tiene que ver con el tiempo que estuve muy cancelado. Y la peor de todas las cancelaciones fue que me llamen para hacer un programa, como “Todo Culorr”, que iba a ser la continuación de Cha Cha Cha (que se lo recomiendo a la gente porque es excelente), y que Pablo Codevida en un ataque de celos me grite por teléfono, se haga el loco, todo por teléfono porque es un cagueta. Sacó un solo programa y esa fue la última oportunidad que tuve.
Cómo nació el programa de culto que hoy subsiste en redes sociales
En 1992, el entonces director artístico de América TV, Roberto Cenderelli, tomó una decisión que marcaría un antes y un después en la televisión argentina: convocar a grupos de actores del movimiento underground porteño para un nuevo programa de humor. La mayoría del elenco provenía del Parakultural, aquel mítico espacio del under, y debutó con un formato innovador. Cada grupo grababa quince minutos de creación libre, y de ese material se seleccionaba apenas un minuto. El resultado: situaciones inconexas, fragmentadas, que simulaban un zapping frenético y rompían con las estructuras tradicionales del humor televisivo.
La propuesta rápidamente fue celebrada por el público, que descubrió nuevos actores y un humor diferente, nacido en los márgenes culturales y hasta entonces restringido a un circuito alternativo. Ese mismo año, el elenco fue distinguido con el Premio Pensario y tuvo una participación especial en Peor es nada, el programa de Jorge Guinzburg en El Trece, con un segmento titulado Crápula.
Fabio Alberti
Boluda Total, uno de los personajes más recordados del ciclo televisivo.
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En 1993, el ciclo continuó, aunque con la baja de Favio Posca, quien decidió emprender su propio camino en Canal 9 Libertad con un programa de características similares, llamado Del Tomate. Pese a la fuerza creativa del grupo, la primera etapa llegó a su fin. Sin embargo, el proyecto tendría una segunda vida gracias a dos admiradores: Nicolás Repetto y Raúl Naya. A mediados de ese mismo año, ambos se acercaron para producirlos y dar forma a un nuevo programa.
Así nació Cha Cha Cha, con un elenco integrado por Alfredo Casero, Fabio Alberti, Mex Urtizberea, Rodolfo Samsó, Diego Capusotto y otros nombres fundamentales. El ciclo se mantuvo al aire hasta 1997, consolidándose como una pieza clave en la historia del humor televisivo argentino.