16 de septiembre de 2017 - 00:00

A la bartola, verdad de Perogrullo

La dueña del negocio se enoja con su empleado y le recrimina que hace las cosas ‘a la bartola’. El joven no entiende qué le están diciendo y, ni bien puede, pregunta a sus compañeros, igualmente jóvenes, el significado de la expresión que acaba de oír. Ninguno sabe responder pues –lo hemos dicho en notas anteriores– se trata de frases ya poco usadas y desconocidas por los hablantes de menor edad.

Uno de ellos recuerda que pueden ir en busca del valor de esa locución si consultan la edición del diccionario académico subida a la red. Rápidamente, bajo la entrada ‘bartola’, encuentran una explicación para su pregunta: en primer lugar, ‘bartola’ proviene del nombre propio ‘Bartolo’, acortamiento de ‘Bartolomé’; este nombre –según nos informa Octavio Iglesias en su diccionario de etimologías– se ha usado a menudo para referirse a personajes despreocupados y perezosos.

De allí, entonces, la expresión ‘a la bartola’, como locución adverbial, con el valor de “descuidando o abandonando el trabajo u otra actividad”. Aparece junto a los verbos ‘tumbarse, echarse, tenderse’: “Es un periodista poco serio; no investiga y se echa a la bartola con cualquier noticia”.

El diccionario académico registra también ‘a la bartola’ como una locución adverbial coloquial, usada con el valor de “despreocupándose, quedando libre de toda inquietud o preocupación”. Asimismo, da el verbo ‘bartolear’, como sinónimo de “haraganear”, con valor coloquial, sobre todo en Chile.

Resulta muy interesante la explicación que brindan Pedro Barcia y Gabriela Pauer en su Diccionario fraseológico del habla argentina, cuando nos dan como significados “sin cuidado ni precisión; con negligencia; sin previsión” y cuando añaden, como observación, la siguiente: “La expresión es de uso español, pero con la sola acepción de ‘no hacer nada, no trabajar’; en la Argentina, se usa el verbo ‘bartolear’ (“actuar sin cuidado, con poca seriedad”) y el adjetivo ‘bartolero’, sinónimo de ‘a la que te criaste’, ‘a la sans façon’ ”.

También incluye toda esta familia de palabras el Diccionario de americanismos, obra de las Academias de Lengua Española; en él, leemos que ‘a la bartola’ es una locución adverbial que se registra en Venezuela, Chile, Paraguay, Argentina, Uruguay y República Dominicana, en relación con el modo de hacer algo y con el valor de “de forma improvisada, descuidada o negligente”.

Se agrega el sustantivo ‘bartoleo’, sobre todo en Chile, como “pereza en la forma de actuar o trabajar”; se cierra la lista con el adjetivo ‘bartolo, -a’, referido a persona, con el valor de “tonta, descuidada, irresponsable”.

Recientemente, en sus notas diarias, la Fundéu (Fundación del español urgente) ha llamado la atención acerca de las expresiones ‘verdad de Perogrullo’ y ‘perogrullada’. Digamos, en primer lugar, qué significan y, luego, cómo deben escribirse. El sustantivo ‘Perogrullo’ es el nombre propio de un personaje ficticio a quien se atribuye presentar obviedades de manera sentenciosa. Al tratarse de un nombre propio, debe escribirse con mayúscula inicial.

La búsqueda en diccionarios etimológicos arroja como resultado que ‘Pero’ es el equivalente a ‘Pedro’, mientras que ‘grullo’ es un adjetivo calificativo, de carácter coloquial, con el valor de “paleto (= poco educado y de modales y gustos poco refinados), palurdo (= rústico, ignorante)”. Al formar la frase coloquial ‘verdad de Perogrullo’ se quiere indicar que alguna afirmación es una certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla:

“Creí innecesario explicarte esa cláusula pues es tan clara que resulta una verdad de Perogrullo”. En lenguaje más llano y corriente, podríamos decir que equivale a “obviedad”. Si, en cambio, se quiere buscar el equivalente dentro de la familia de palabras, el propio diccionario nos remite a ‘perogrullada’, sustantivo que, por ser común, no necesita mayúscula inicial y que tiene el mismo valor significativo que la frase analizada: “Me cansé de oírla: dice solamente perogrulladas”.

Le pregunto a un familiar cómo se desenvuelve su hijo en el nuevo destino y me responde que se desempeña bien, “como Pedro por su casa”. Alguien escucha la respuesta y no puede desentrañar su sentido; vamos al diccionario, para que advierta que no se trata de una forma personal de expresarse sino que es una frase recogida del habla española. Efectivamente, el diccionario académico, bajo la entrada ‘pedro’, como sustantivo común, incluye la locución adverbial coloquial ‘como Pedro por su casa’, con la explicación “con entera libertad o llaneza, sin miramiento alguno. Se usa cuando alguien entra o se mete de este modo en alguna parte, sin título ni razón para ello”. Además, se usa para indicar la comodidad con la que una persona se desenvuelve en un entorno nuevo, como si hubiera estado allí desde largo tiempo.

La frase tiene historia pues proviene del siglo XI, cuando se acuñó la locución ‘entrar como Pedro por Huesca’, en alusión a Pedro I de Aragón, rey de Aragón y Pamplona, que combatió a los árabes en la península Ibérica. Cuentan los historiadores que era un gran estratega militar y que, gracias a ello, pudo conquistar los territorios de Huesca y Barbastro. La victoria en Huesca fue tan contundente, que se interpretó como si no hubiera existido resistencia y Pedro simplemente hubiera llegado a reclamar lo suyo. Por tal motivo, cada vez que alguien entraba de manera confiada a un lugar desconocido se hacía referencia a esta batalla. Con el tiempo, ‘Huesca’ se sustituyó por ‘casa’.

¡Qué triste es ser absolutamente desconocido en un lugar! La lengua posee una expresión que da cuenta de esa falta de reconocimiento por parte del entorno: se trata de la locución ‘Juan de los palotes’ o ‘Perico de los palotes’. Si bien entre nosotros es más común la primera de las frases, en el diccionario académico, bajo la entrada ‘palote’ figuran ‘Perico de los palotes’ y ‘Perico el de los palotes’, como expresiones coloquiales, con el valor de “persona indeterminada, un sujeto cualquiera”.

¿Qué quiso decir el locutor cuando se refirió al valor de un documento hallado y usó la expresión “valer un Perú”? Dijo textualmente: “El material encontrado es inédito y vale un Perú”. La expresión, que también podría haber sido “vale un Potosí”, sirve para indicar el inmenso aprecio o estimación que se siente por algo. Según establecen las fuentes académicas, tanto ‘Perú’ como ‘Potosí’ pueden escribirse, como nombres propios, con mayúscula inicial, o llevar minúscula por ser considerados sustantivos comunes. El significado de ambas expresiones obedece a que tanto la ciudad de Potosí como Perú son territorios célebres por sus antiguos yacimientos de metales preciosos, conocidos ya en la época precolombina y posteriormente explotados.

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