25 de marzo de 2017 - 00:00

A 37 años del asesinato de monseñor Romero

El arzobispo fue muerto en 1977 después de haber exigido al gobierno el cese de las matanzas de campesinos.

El Salvador conmemoró en todas sus iglesias católicas con una liturgia y una marcha el 37° aniversario del asesinato del arzobispo Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, convertido ya en beato por el Vaticano.

Romero nació el 15 agosto de 1917 en el seno de humilde familia en un pueblo pobre del oriente salvadoreño, Ciudad Barrios, del cual recuerda a DPA su hermano menor Gaspar que no “llegaban transportes porque no habías carreteras; todo se hacía en caballos y burros”.

Al morir, Romero era arzobispo de San Salvador y jefe de la jerarquía católica local. Cuando asumió su investidura fue catalogado como un sacerdote conservador y apartado de la Teología de la Liberación, según su biógrafo Jesús Delgado.

El asesinato del sacerdote jesuita por soldados, en 1977, llevó a Romero desde entonces a tener una permanente denuncia en contra de las violaciones de los derechos humanos, en especial de los militares contra los pueblos campesinos que exigían su acceso a tierras y trabajo.

En aquel momento Romero, como arzobispo, ordenó publicar la excomunión para quienes habían “tomado parte material e intelectualmente en ese horrendo crimen (de SJ Rutilio Grande”, y sus dos acompañantes.

Posteriormente vino una “cacería de brujas” contra religiosos y laicos que apoyaban a las llamadas Iglesias populares y a las comunidades eclesiales de base, porque eran consideradas centros de reunión de grupos de izquierda que antecedieron a la guerrilla.

La hermana del líder de extrema derecha Roberto D'Aubuisson, María Luisa, ha reconocido públicamente que “él andaba en eso”, en la persecución política, en los escuadrones de la muerte de ultraderecha y en el asesinato de monseñor Romero.

Arenga mortal

Antes de morir asesinado en la capilla de un hospital de cancerosos, Romero hizo un llamado a las bases del Ejército que los militares y los extremistas no toleraron: “...Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre.

En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordenó en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”

Distintas fuentes, nacionales e internacionales, interpretaron el asesinato de Romero como el cierre de cualquier intento de dialogar para impedir la guerra civil, que se inicia en 1980 y concluye en 1992, con un costo de 72.000 muertos y 8.000 desaparecidos.

El beato Romero

En la actualidad, Romero está en todas las iglesias salvadoreñas por medio de un retrato de él en los altares principales. En mayo de 2015 fue beatificado en una inmensa ceremonia en San Salvador con un representante papal.

Recientemente, el principal jerarca de la Iglesia católica en El Salvador, el arzobispo José Luis Escobar Alas, aseguró que la canonización de Romero depende de que el Vaticano confirme “científica y teológicamente” un milagro atribuido a este.

Al parecer, el milagro está siendo estudiado y los obispos salvadoreños que hace poco se reunieron en Roma con el papa Francisco se mostraron “muy esperanzados en que el proceso termine pronto”.

En tanto, el presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, afirmó haber enviado una carta al papa Francisco en la que le solicita que viaje a El Salvador para la pronta canonización del beato Oscar Romero y Galdámez, hoy símbolo de paz en una nación siempre convulsa.

LAS MAS LEIDAS