16 de diciembre de 2018 - 00:00

2018, un año de buena cosecha - Por Maxi Salgado

Las ocho medallas conseguidas en los Juegos Olímpicos de la Juventud son un hito para los deportes amateurs. Una cosecha difícil de igualar.

Vaya poniendo el champán al freezer nomás. Diciembre suele ser el mes de los balances y con la mayoría de las competencias deportivas terminadas, parece haber llegado la hora de mirar para atrás y hacer un racconto de lo que fue un 2018 que el deporte mendocino no debería olvidar por la gran cantidad de páginas doradas que se escribieron en la historia.

Es posible que muchos, ocupados en darle pelea a la crisis económica, no se hayan percatado de esto y además estamos acostumbrados a olvidar rápidamente los hechos porque la catarata de información va dejando en el fondo a aquellas gestas que, de todas maneras, seguirán ahí hidalgas y orgullosas.

El deporte de Mendoza reclamó y se ganó un lugar grande en el ámbito nacional e internacional y fueron tantos los deportistas que se subieron a los podios que posiblemente me pueda olvidar de algunos, a quienes les pido una anticipada disculpas.

El fútbol, para muchos el deporte rey, tuvo a un Godoy Cruz protagonista que se quedó con un subcampeonato peleado palmo a palmo con Boca y una nueva clasificación a la Copa Libertadores de América, la cuarta, lo que demuestre su valía. Ya todo el país habla de ese club que hace bien las cosas y que juega bonito. Además de ser el segundo equipo que más puntos sacó en el año (de enero a diciembre) sólo superado por Racing, el Expreso consiguió empezar a cristalizar el sueño de su presidente de tener un equipo hecho netamente en casa. Y hasta consiguieron un histórico título en el fútbol femenino destronando a Las Pumas, históricas ganadoras.

También hubo un Gimnasia que tendrá muchos motivos para brindar. Porque consiguió la ansiada vuelta a la B Nacional, casi sin transpirar, hizo un gran primer semestre en la segunda división del fútbol nacional y se metió en Copa Argentina, pero además y como bonus track, se sacó la mochila que se signficaba no poder ganarle a su clásico rival, Independiente Rivadavia, en torneos Nacionales. Una temporada perfecta, de esas que sólo parece que se dan en las películas. Independiente se mantuvo en la categoría y está brillando en esta nueva temporada, pero comparte el podio con San Martín que desde las cenizas comenzó a levantarse y volvió a quedarse con el título de la Liga Mendocina y también está a un paso de poder ser el campeón anual de la Federación de Básquetbol y eso demuestra que viene trabajando bien.

En lo que respecta a lo individual, nadie puede ignorar que tres mendocinos estuvieron en el partido más importante del fútbol Sudamericano, para muchos mundial, la final de la Copa Libertadores de América: Gonzalo Martínez y Enzo Pérez en River y Cristian Andrada en Boca. Ni el más soñador podría haber imaginado esta participación hace unos años.

Pero, no todo termina en el balompié. Cómo olvidar que hace apenas dos meses que Buenos Aires recibió los Juegos Olímpicos de la Juventud y que Mendoza tuvo una participación numerosa y exitosa. Trece deportistas de esta tierra estuvieron defendiendo los colores de nuestro país y de ellos, ocho volvieron con un presea a la provincia (Gianella Belén Palet -hockey sobre césped-, Juan González y Julián Hernández -rugby- fueron oros, mientras que Agustín Cabaña -hockey césped-, Tomás Herrera -remo-, Facundo Firmapaz -tiro-, Nicolás Dieguez -balonmano- y Juan Bautista Amieva -vóley- fueron bronce).

Una cosecha que difícilmente pueda repetirse, pero que nos infla el pecho a todos los mendocinos. Para muchos estos Juegos pueden ser de menor valía, pero la verdad es que la lectura que debe hacerse es que acá estuvieron quienes dominarán el deporte mundial en los próximos cinco o diez años. La lista sigue con Leonardo Murialdo como campeón Sudamericano de hóckey sobre patines, el futsal dominando (como siempre) a nivel selecciones, Rivadavia pisando fuerte en el básquet y Las Heras comenzando su sueño con el equipo femenino. Descorchemos y que se venga el brindis nomás.

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