En esta historia tan crepuscular como espantosa, se produce un diálogo entre las disciplinas imaginarias y la teología informática, acerca de la necesidad de reescribir a Ray Bradbury.
La situación
En esta historia tan crepuscular como espantosa, se produce un diálogo entre las disciplinas imaginarias y la teología informática, acerca de la necesidad de reescribir a Ray Bradbury.
La situación
Debido a una expansión inconcebible del espacio, el planeta tierra ha modificado en dos grados su órbita de rotación y estado de gravedad.
Todas las naciones emprenden la tarea de lanzar naves espaciales para acomodar los satélites artificiales de comunicación, que giran alrededor de la estratosfera terrestre.
Así, en el navío interespacial Zonda 5, se reúnen el Astronauta Patafísico y la información del cerebro corporizado en materia nanométrica, llamado por los científicos Ingenio. Ambos personajes mantienen un diálogo en memoria de Ray.
Los personajes
"Ingenio": no requiere tener un cuerpo humano para pensar. Anteriormente fue parte de la memoria que habitaba en un ser humano. Cuando este murió, su cerebro fue utilizado como información que organiza a los circuitos electrónicos y sistemas de almacenaje de datos de las bio-computadoras de la nave espacial.
"Astronauta": es un patafísico descreído de las ciencias terrestres, debido a que éstas ya no pueden explicar el sentido de la vida en el hiperespacio.
Dicen los que saben, que él es uno de los fundadores de una mística de la ciencia de las excepciones. Aquella en la que todo lo que no puede ser respondido por la ciencia convencional entra de manera imaginaria a esta superación anárquica y para algunos, imposible, para ser resuelto.
Diálogo transmaquínico
- Astronauta: No me interesa, solamente hablar de política ni de poder…
-Ingenio: ¿Por qué?
- Astronauta: Y… son fenómenos bastante recientes y vaya a saber si más adelante desaparezcan.
- Ingenio: ¿Entonces…?
- Astronauta: Lo que sí me llama la atención es la creación de la vida misma.
Por eso, en este diálogo con usted, voy a intentar desafiar a la ciencia de lo imposible, para pensar la existencia, en la historia imaginada por Ray Bradbury Fahrenheit 451.
Conmueve la soltura con que Bradbury logra insuflar vida a los personajes y ambiente de Fahrenheit 451, soplar los hálitos diría un monje, hacer de la existencia una idea, acotaría un copista.
Es que la vida es algo serio, tan serio que ella se vuelve incomodante, forzando de ese modo a lo imposible, para tornarse deletreable en gotas de aire. Por eso, la vida no echa raíces y tampoco se la cultiva, sino que se suspende en hilos flotantes, sutiles y tegumentales.
- Ingenio: ¿Y qué forma tendrá la vida?
- Astronauta: Ella llena los espacios o es el espacio mismo, es más, en el momento de su venir, su acontecer es de pálpito, alegría y dolor.
- Ingenio: ¿Y Ray Bradbury?
- Astronauta: Y… él le pregunta a la palabra por su silencio.
- Ingenio: ¿Y al silencio?
- Astronauta: Al silencio él lo escucha…para sentir como se abre un espacio de creación, un desplegar, donde la vida misma se cuela en sus palabras.
- Ingenio: ¿Para qué?
- Astronauta: Para traer su don, su darse en la palabra, para vivir su pálpito.
- Ingenio: …entiendo, Bradbury fue un poeta, y preocupado por la vida creó una atmósfera, Fahrenheit 451.
- Astronauta: Sí, y en los silencios de sus libros habita la poesía de un serenidad humana que está atenta a la vida, su darse siendo, su darse viniendo, su mostrarse singularmente intransferible.
- Ingenio: ¿Y los medios de comunicación?
- Astronauta: Todos nosotros no podemos dejar de hablar de Ray Bradbury.
- Ingenio: ¿Todos, despiadadamente todos?
- Astronauta: Ray Bradbury no quiere olvidarse de la vida, por eso recuerda en cada libro una atmósfera, un temperamento de una posibilidad de existencia en sus mundos creados.
- Ingenio: ¿Y nosotros qué?
- Astronauta: En el encadenamiento planetario de los medios de comunicación no podemos dejar de recordar a Bradbury, como una delicada presencia consagrada a rememorar su invención.
- Ingenio: ¿Él vino viviendo?
- Astronauta: Él sí, nosotros a esta altura ya no soportamos el silencio anterior a la palabra, porque su poesía ardió junto con los libros de Ray, en Fahrenheit 451, lo único que nos queda es expandirnos adentro de un gran libro imaginado por la cibernética y la biología molecular.
- Ingenio: Como si cada uno de nosotros fuera un ingeniero de lo viviente y tuviera que contar su historia en términos de bits y de genes.
- Astronauta: Algo así, puede ser. Tenemos que construir nuestra existencia inmersa en el planetarismo mediático, y para hacer eso más llevadero tendríamos que elaborar un nuevo silencio y poesía que está esparcida por las redes de máquinas.
- Ingenio: ¿Hay que reescribir la imaginación de Ray?
- Astronauta: Posiblemente, porque ahora una palabra ya no se escribe en el papel que arde a 451°F, sino que se graba como dato en el mundo cuántico de la materia microscópica. Allí la imaginación se cuenta de una manera distinta, ¿será ese nuestro reto?
- Ingenio: Tiene mucha razón, en este momento pienso… nunca supe a qué cuerpo humano pertenecería yo mismo como cerebro, ¿quizás haya vivido en el cuerpo de Ray?
- Astronauta: Técnicamente no lo sé. En los momentos en que puedo ver las Ocho Lunas de la Galaxia Zama, pienso que usted más que la memoria de Ray, es la memoria de todo lo existente y cada dato suyo es una partícula del universo que se copia, extiende y se vuelve a copiar en otra partícula de un microuniverso más ampliado.
Como si todo lo que tiene vida fuera una computadora y es usted el que puede realizar su cálculo íntimo. Pareciera que los ingenieros que lo mantienen vivo han logrado encontrar las relaciones virtuales de todas las lenguas y fuera usted la construcción de algo que puede entrar en comunicación con cualquier cosa, me da espanto Ingenio.
Cada vez que me topo con usted tengo la sensación de que me transfigura en datos de una materia imperceptible para mis ojos. Basta Ingenio, deje algo de mi memoria para que la patafísica tenga un resguardo para que en algún momento ella pueda extinguirse.
Le parece que dejemos esta conversación para otro momento y terminemos de revisar estos satélites, porque deben funcionar las mesas de redacción de los periódicos virtuales, redes informáticas y GPS del planeta tierra.
- Ingenio: Sí, tenemos que hacer todo lo posible para que las pantallas no se apaguen.
Por Enrique Roig
Mendocino de Luján de Cuyo, tiene 37 años. En 1995 obtuvo el segundo premio en narrativas del Certamen Internacional de Poesías y Cuentos del Mundo, organizado por el Centro de Escritores/as Nacionales. Estudió Comunicación Social y es Especialista en Investigación en Comunicación del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. Posiblemente, muchas de sus inquietudes están en los impulsos de su familia, donde están su abuelo, el artista Fidel Roig Matóns, su tío, el filósofo Arturo Roig, su tío abuelo, el escritor Alejandro Santa María Conill y su padre el jurista e historiador Enrique Frank Roig.