10 de septiembre de 2016 - 00:00

¿Hubo discriminación de género en la expulsión de Dilma?

Brasil tiene uno de los porcentajes más bajos de participación femenina en cargos legislativos. Está 155 en el mundo, detrás de Arabia Saudita.

En un acalorado momento en el juicio de destitución de Dilma Rousseff, un senador que impulsaba su salida decidió que algunas de sus francas colegas femeninas en la Cámara necesitaban una reprimenda.

“Cálmense, niñas”, les dijo el senador, Cassio Cunha Lima, parte de una dinastía política del noroeste de Brasil, a las senadoras Vanessa Grazziotin y Gleisi Hoffmann, ambas partidarias de Rousseff, la primera presidenta del Brasil.

Su comentario generó agudas réplicas de ambas mujeres.

“Los hombres creen que son los dueños de este espacio, como si nosotras estuviéramos aquí casualmente”, dijo Grazziotin, de 55 años de edad, prominente senadora de izquierda por el estado de Amazonas.

Para senadoras como Grazziotin, este episodio reflejó el envalentonamiento de voces conservadoras después de la destitución de Rousseff, quien argumentó que había sido objeto de ataques misóginos por parte de oponentes. Políticas a lo largo de Brasil están debatiendo qué significa su caída en un dominio político dominado por hombres.

Pese a los progresos que lograron Rousseff y otros, Brasil califica notablemente abajo en la representación de mujeres en política. De los 513 integrantes de la Cámara de Diputados del Congreso de Brasil, hay 51 mujeres, poniendo al país en el puesto 155 del mundo en el porcentaje de mujeres elegidas a la Cámara baja de una legislatura nacional, con base en la Unión Interparlamentaria. Está detrás de países como Arabia Saudí y Turkmenistán.

La administración de Michel Temer, el sucesor de Rousseff -ex aliado que salió victorioso en la lucha de poder para expulsarla- está haciendo poco por apaciguar temores en el sentido que las mujeres serán marginadas. Al asumir el cargo hace más de tres meses, Temer nombró a un gabinete enteramente masculino en un país donde sólo 48 por ciento de la población, de 206 millones, es del sexo masculino.

Describiendo un idilio suburbano al estilo de los años ’50, en que un presidente entrecano es recibido por su esposa, un ama de casa mucho más joven, la portada de la edición de este mes de la revista brasileña Piauí capturó el cambio cultural hacia la derecha encarnada por Temer, de 75 años de edad, cuya esposa, Marcela, ex concursante de certámenes de belleza de suave hablar, es 42 años menor.

A lo largo de los procedimientos de destitución, aliadas de Rousseff en el Congreso argumentaron que la forma en que se llevó a cabo su destitución reflejó a una cúpula política en la que se suponía que las mujeres aún sirvieran como accesorios de poderosos hombres. Una nueva ola de posicionamientos mordaces en contra de políticas como Rousseff está alimentando estas inquietudes.

Durante el juicio de destitución, por ejemplo, Jaufran Siqueira, político socialmente conservador en la ciudad nororiental de Natal, saltó ante una nueva idea para ganar votos.

“Esto es lo que le pasará a feministas cuando Jaufran sea elegido”, proclamó Siqueira, de 25 años, al lado de una fotografía que publicó en su página de campaña de Facebook, mostrando una casa envuelta en llamas.

“No puedo negar que me opongo al movimiento feminista”, dijo Siqueira, corredor de bienes raíces que subió a la atención nacional con su campaña. “Sin embargo, es absurdo alegar que yo le prenderé fuego a las mujeres”.

Dijo que la foto había sido meramente “una broma”.

Pese a las crecientes tensiones, líderes políticas en Brasil siguen lejos de ser anónimas con respecto a si Rousseff fue expulsada del cargo debido a su género.

Marina Silva, la ex empleada doméstica que es una de los principales contendientes para la elección presidencial de 2018, dijo en una entrevista que la expulsión de Rousseff tenía su origen en incompetencia y una formación profundamente defectuosa de políticas, refiriéndose a los cargos de que ella manipuló el presupuesto federal para ocultar problemas económicos.

“Yo entiendo que las maniobras de Dilma con el presupuesto fueron ilegales”, dijo Silva, de 58 años, ambientalista que chocó repetidamente con Rousseff cuando ambas eran ministras en el gabinete del Presidente Luiz Inacio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, tendiente a la izquierda.

"Los conservadores se están poniendo más vociferantes en el ámbito global; tan sólo vean a Trump en Estados Unidos", dijo Marina Silva, refiriéndose a Donald Trump, el nominado republicano para presidente, quien, cuando le preguntaron si había conocido a Rousseff, respondió: "No. ¿Quién es él?"
"Esto no significa que las mujeres no tendrán un papel crucial en la política brasileña después de la destitución de Dilma", dijo Silva. "Por supuesto que lo tendremos. Ahora tenemos demasiado impulso para detenernos".

A medida que la campaña se intensifica para elecciones municipales, otros líderes en diferentes puntos del espectro ideológico de Brasil se hicieron eco de dichas opiniones.

“Yo no veo este momento como algo que decepciona las aspiraciones de mujeres brasileñas”, dijo Teresa Surita, partidaria de la expulsión de Rousseff, quien se está postulando por la reelección como la alcaldesa de Boa Vista, ciudad en el Amazonas brasileño.

Surita, de 60 años de edad, quien ha tenido acusaciones de corrupción, dijo que ella seguía comprometida con mejorar la vida en su ciudad. Integrante del Partido Brasileño del Movimiento Democrático, el partido centrista de Temer, ella dijo que alcanzar sus objetivos involucraba el mantenimiento de suaves vínculos con el gobierno federal en la capital, Brasilia.

“Tengo que estar consciente de la necesidad de apoyo del gobierno federal, sin consideración a quién esté en el poder”, dijo.

Si bien las mujeres tienen solo una décima parte de las bancas en la Cámara baja del Congreso, pudiera estar surgiendo una imagen más compleja en el ámbito local. Por ejemplo, 51 ciudades tienen solamente a mujeres postulándose para alcaldesas este año, según la Corte Electoral Superior, y las mujeres representan casi 33% de los candidatos en pos de cargos de concejales municipales ese año.

Las mujeres también están ganando posiciones de prominencia en el poder judicial. Carmen Lucia Antunes Rocha, de 62 años, partidaria de la acción afirmativa, los derechos gays y menos restricciones sobre el aborto, está subiendo este mes para convertirse en la presidenta del tribunal supremo de Brasil.

De cualquier forma, otros argumentan que la salida de Rousseff reveló los feos funcionamientos de la esfera política de Brasil dominada por varones. A medida que grandes protestas estallan en contra de la administración de Temer, particularmente en las calles de San Pablo, la ciudad más grande de Brasil, miles de mujeres están expresando oposición al nuevo gobierno.

“Temer quitó a Dilma porque a un hombre no le gusta responderle a una mujer, y como presidente, ella era quienes les decía qué hacer”, dijo Rayra Lima de Araujo, de 14 años, estudiante de secundaria.

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