30 de abril de 2016 - 00:00

¿En qué quedamos?

El uso permanente de la mayoría de las palabras cotidianas hace que no nos detengamos a pensar en los múltiples valores que ellas pueden tener y en los diferentes contextos en que se pueden utilizar. Cuando alguien nos pregunta sobre la corrección o incorrección de una construcción o acerca del uso apropiado de un vocablo, entonces cobramos conciencia de la riqueza de un término o de cómo va mutando su significado conforme a la construcción en que se utilice. También advertimos qué difícil es hacer conocer esa polivalencia al extranjero que está aprendiendo español.

Precisamente, uno de ellos me preguntó qué significaba que alguien es ‘quedado’ y qué relación había con la expresión ‘me he quedado de una pieza’ y con el triste ‘toque de queda’.

Siempre me gusta emprender el acercamiento a una palabra a través de la búsqueda de su etimología ya que, al saber cómo se acuñó un término y de qué manera llegó hasta nosotros a lo largo de los siglos, se nos abren perspectivas. La palabra es una viajera incansable a través del tiempo y de las distancias.

‘Quedar’ proviene del verbo latino ‘quietare’, cuyo valor significativo resulta transparente: “Estar quieto o calmado”. De hecho, se relaciona también con la forma ‘quietus’, que pertenecía al verbo ‘quiescere’ (“calmarse, reposar, aquietarse”). Veintiún siglos después, el verbo ‘quedar’ y el pronominal ‘quedarse’ tienen muchas otras acepciones: en primer lugar, vale como “estar, detenerse forzosa o voluntariamente en un lugar”. La segunda acepción guarda relación con este valor, pues es “subsistir, permanecer o restar parte de algo”. Si se dice de una persona, su valor puede ser el de “ganarse cierta fama o representación, merecida o inmerecida, como resultado de su comportamiento o de las circunstancias”.

También, dicho de una persona o cosa, puede tomar como acepción “permanecer en un estado o pasar a otro más o menos estable”. En cambio, si se habla de las rentas o de otra cosa que se subasta o que se vende al mejor postor, toma el significado de “rematarse a favor de alguien”.

Otras acepciones que dan cuenta de la polisemia de ‘quedar’ son las de “cesar, terminar, acabar”, como en “Ahí quedó el asunto, pero nadie se fue conforme”. Cuando el verbo toma este significado, se estila construirlo con la preposición ‘en’, como en el último ejemplo.

‘Quedar’ puede equivaler a “estar situado” y a “pasar a la posesión de algo”. En este último caso, suele llevar a su lado un complemento encabezado por la preposición ‘con’.

Cuando se quiere indicar que una acción debe terminar de cumplirse, se usa la construcción ‘quedar por’ más un verbo en infinitivo. Con este valor, hay que tener en cuenta que ‘quedar’ debe concordar con el sujeto.

Si referimos este verbo al mar o al viento, toma el valor de “disminuir la fuerza”: así, ‘viento quedado’ o ‘mar quedado’ son equivalentes a ‘viento ya sin fuerza’ o a ‘mar sereno, sin oleaje’.

¿En qué quedamos? Esta expresión coloquial sirve para invitar a alguien a poner término a una indecisión o aclarar una contradicción: “¿En qué quedamos: vas a votar por ellos o no?”

Otra expresión coloquial muy usada, con diferentes valores, es ‘quedarse atrás’, que puede ser equivalente a “no lograr el progreso alcanzado por otros o encontrarse en situación inferior a la que se ha tenido”; “no comprender por completo algo” y “aflojar, desmayar en un empeño”: “No se desanime: se quedó atrás, pero ya se va a recuperar”; “Discurre tan rápido que uno se queda atrás tratando de seguirlo” y “No se me quede atrás: siga que ya va a lograr su meta”.

Valor similar posee la expresión, también coloquial, ‘quedarse corto’. En cambio, ‘quedarse tieso/duro’ equivale a “sorprenderse en grado extremo”; incluso, también “sentir mucho frío”, “asustarse en grado sumo”. Sentido negativo tiene también ‘quedarse a oscuras’, que equivale a “perder lo que se poseía o no lograr lo que se pretendía”; también, “no comprender lo que ha visto u oído”: “Por un mal cálculo económico, se quedaron a oscuras y debieron empezar de nuevo”; “Habla con términos tan difíciles que el auditorio se queda a oscuras”. Y ‘quedar(se) de una pieza’ equivale a “sorprenderse o admirarse por haber visto u oído algo extraordinario o inesperado”.

¿Y qué es el ‘toque de queda’? La ‘queda’ es la hora de la noche que, en algunos pueblos, señala que todos deben recogerse, lo cual se avisa con una campana; por ende, en relación con ello, viene el ‘toque de queda’, triste medida gubernativa que, en circunstancias excepcionales, prohíbe el tránsito o permanencia en las calles de una ciudad, durante las horas generalmente nocturnas. Finalmente, ser ‘quedado’ no es algo positivo: significa ser perezoso, indolente y carecer de iniciativa.

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