22 de noviembre de 2014 - 00:00

“El ‘cogollo’ define a la tonada” de Juan Draghi Lucero

La tradición es una lenta modificación

El cantar representativo de la cuyanidad afloró en la década de 1820. Es legítima e intransferible expresión lírica de nuestras masas nativas. Lo anterior en el terreno del canto y la música fue prolongación española de la época colonial. La incontenible explosión caudillista señaló el ocaso de las grandes figuras castrenses de la Revolución de Mayo.

Cansado el pueblo de una guerra de estructura europea, no popular, contra los godos, terminó por advertir que el cambio operado consistía en el traspaso del poder político-económico de los españoles peninsulares a los españoles americanos. Los conocedores de las geologías de los prohombres de la emancipación comprobarán la verdad de este aserto. Los hijos de los españoles se consideraban legítimos herederos del decadente y riquísimo imperio. Usaron a los indios, negros, mestizos, mulatos y zambos como elemento combatiente.

La primera Revolución produce en el campo lírico, himnos y cantares colectivos de hechura académica con propósitos aglutinantes al glorificar hechos de significación patriótica. En la disolución caudillista el astro nativo embelleció al frutecer libremente las poesías maravillosas, elementales, de raíz hondamente lírica e individualista, desde sentimientos de hermandad en el conglomerado popular.

Músicos analfabetos dotados de singularísimo genio musical, extrajeron del sonoro cordaje guitarrero tonos seculares, recónditos, verdaderos tesoros del arte musical universal. Las músicas de nuestras tonadas tradicionales son valiosísimos hallazgos de la inteligencia humana. Estructuran armónico binomio con sus letras en un misterioso alarde pasional, con poder unificador del elemento folk.

Hay tonadas que tienen su cogollo prefijado y que, además, se cantan antes.
Tal la pieza picaresca dialogada: La Chinita. Pero casi todas adicionan su cogollo al final del canto, como ésta: «Señorita de... del cielo caigan tres rosas, dos se queden en el aire, ¡y en usted la más hermosa!».

Autores de hoy escriben letras de nuevas tonadas. Para ostentar matiz regional nativo, apelan al uso de músicas folklóricas. De no hacerlo así le restarían todo sabor cuyano. Lo folklórico parece residir más en la música que en la letra: no es concebible que una tonada de reciente hechura tenga música de jazz o melódica. No pocos aficionados al canto nativo modernizan las tonadas, apartándose del remanido argumento antiguo para ser novedosamente descriptivos.

Exaltan el lugar del nacimiento, las viñas, la cosecha, la bodega, el vino; las costumbres y los barrios suburbanos, etc. Estas nuevas derivaciones argumentales, señalan cierta fidelidad a lo tradicional pero muy enriquecido con paisajes. Para consuelo de los «puristas» recordemos que tradición es lenta modificación.

El folklore sanjuanino ostenta mayor pureza que el mendocino por albergar en su ámbito menor cantidad de elemento migratorio.
De los cientos de tonadas registradas en canciones, sólo se cultivan en la actualidad menos de una docena.
Como broche final, es de justicia recordar que son los músicos y cantores de orientación viva la llama de nuestro noble folklore.

LAS MAS LEIDAS