28 de junio de 2014 - 00:00

¿Automotor o automotriz?

En estos días, escuchamos hablar de problemas con el sector automotor y con la industria automotriz. Muchas veces, los entrevistados no tienen en claro cuándo se debe usar el adjetivo ‘automotor’ y cuándo, el femenino ‘automotriz’. Para despejar la duda, es necesario saber que el vocablo se forma a partir del término ‘motor’, que significa “que mueve” y que tiene dos formas femeninas: “motora” y “motriz”. Así, encontramos ejemplos como “sistema motor”, “actividad motora” y “fuerza motriz”.  Nos dice el Panhispánico de dudas que es incorrecto usar la forma “motriz” para calificar sustantivos masculinos. Entonces, no diremos, por ejemplo, “impulso motriz”, sino “impulso motor”.

Estas afirmaciones son válidas para los adjetivos compuestos a partir de “motor”, como el caso que nos ocupa en el título de esta nota: diremos: “El sector automotor está preocupado” y no “El sector automotriz está preocupado”; en cambio, sí podremos afirmar “La empresa automotriz tiene la última palabra”, dado que el adjetivo se está refiriendo a un sustantivo femenino. Cuando estemos utilizando la palabra “automotor” con valor sustantivo, aludiremos a un vehículo con tracción mecánica: “El automotor se detuvo porque se había quedado sin combustible”. En cambio, si se ha sustantivado el adjetivo femenino y escuchamos la forma “la automotriz”, se estará aludiendo a la industria o a alguna actividad siempre de género femenino: “Las automotrices han disminuido sus ventas”.

Otro término que suele despertar dudas en cuanto a su escritura es “medioambiente”, entendido como el “conjunto de circunstancias o condiciones exteriores a un ser vivo que influyen en su desarrollo y en sus actividades”: “El Día Mundial del Medio Ambiente fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas, el 15 de diciembre de 1972”. Aunque aún es mayoritaria la grafía en vocablos separados, medio ambiente, el primer elemento de este tipo de compuestos suele hacerse átono y, entonces, da lugar a que las dos palabras se pronuncien como una sola; por ello, se recomienda la grafía simple “medioambiente”, cuyo plural es “medioambientes”. Su adjetivo derivado es “medioambiental”: “Se ha detectado en el bosque un problema medioambiental”.

Siempre hemos utilizado el verbo "ocupar" con el grafema "c"; pero, en el último tiempo, ha comenzado a generalizarse con "k" el término "okupa", para referirse a la persona o al movimiento que propugna la ocupación de viviendas o locales deshabitados. El vocablo, acortamiento de "ocupante", se admite con "k" para reflejar una voluntad de transgresión de las normas ortográficas. Esta grafía ya figuraba, desde 2012,  en los avances de la próxima edición del Diccionario de la Real Academia (la tendremos en octubre, al cerrarse la celebración de los trescientos años de la institución). También sus derivados, como "okupar"  y "okupación", están ya admitidos en España y no es necesario, al usarlos en un texto, aplicarles ningún tipo de resalte pues las Academias de lengua española del mundo los han admitido.
¿Y qué hacer con la expresión "on line"? ¿La escribiremos en dos palabras o en una sola? Al respecto, la Fundación del Español Urgente (FUNDÉU) nos dice: "El término inglés "online", que  puede traducirse por "conectado, digital, electrónico, en internet o en línea", según el contexto, puede escribirse "online", "on line" y "on-line", para referirse al hecho de estar conectado a una red.

La vida actual no se concibe sin el uso de internet. ¿O deberemos escribir “Internet”? Nuevamente consultamos el avance de la próxima edición del DRAE y la reciente obra del Instituto Cervantes “Las 500 dudas más frecuentes del español”; vemos que ambas obras aconsejan escribirla con letra inicial minúscula, aunque advierten que no se considera incorrecta su escritura con mayúscula. ¿Cómo justifican esa doble solución? La palabra “internet” se define como “red informática mundial, descentralizada, formada por la conexión directa entre computadoras mediante un protocolo especial de comunicación”. En su origen es el nombre propio de una red concreta, por ello se recomendaba su escritura con mayúscula inicial y así lo hallamos en el Panhispánico del año 2005; pero ahora el sustantivo se ha lexicalizado como nombre común pues designa un medio o canal de comunicación: “Puedes buscar la información en internet”.

Se puede usar precedido de un determinante masculino, aunque no es lo más corriente. Es más común verlo después de un artículo femenino dado que estamos refiriéndonos al vocablo “red”, que es de ese género. Sin embargo, son correctas las dos expresiones: “El internet que yo conocí entonces era muy diferente a este internet que manejamos ahora” y “La (red de) internet que yo conocí entonces era muy diferente a esta internet que manejamos ahora”. En cuanto a su pronunciación, se trata de un vocablo agudo; en lo relativo a su escritura, es un extranjerismo adaptado por lo que no es necesario escribirlo en letra distinta a la del resto del texto.

Finalmente, escuchamos y leemos que este año nos visita El Niño: ¿a qué se alude con esta denominación? El nombre El Niño, que se aplica a un fenómeno climático que causa desastres en la costa americana del océano Pacífico, se escribe con mayúsculas iniciales y no necesita cursiva ni comillas. El nombre español de El Niño está fijado convencionalmente para su uso internacional y, a diferencia de otros fenómenos atmosféricos como los huracanes, incluye el artículo, por lo que “el” se escribe con mayúscula y no se contrae con las preposiciones A y DE. Leeremos, pues: “Este año estará marcado por la presencia del fenómeno de El Niño”, “El fenómeno de El Niño está aquí” y “Panamá comenzará a sentir los efectos del fenómeno de El Niño en el próximo trimestre”.

El mismo criterio se aplica a la corriente de El Niño, que tampoco necesita comillas ni cursiva y que se escribe con mayúsculas iniciales en El Niño, como en “Este fenómeno inusual es provocado por la corriente de El Niño”.

Sobre la autora

María del Rosario Ramallo es profesora y licenciada en Letras y Especialista en Docencia Universitaria. Ex directora de la Carrera de Letras, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. Es titular de las cátedras "Semántica. Fonética y Fonología" y "Filología Hispánica II".
Es autora de varios libros de ortografía y normativa y coordinadora de un equipo de investigación sobre el habla mendocina.

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