• Domingo, 30 de agosto de 2015
  • Edición impresa

Viajan por América en Jeep vendiendo postales y artesanías

Javier y Mey partieron de Mendoza el 8 de febrero y van por Perú. Disfrutan de los días sin rutina y de la cultura de los lugares.

Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

Dejar la comodidad, lo seguro, abandonar la llamada zona de confort y renunciar a todo lo “convencional” para partir detrás de un sueño. Y con un solo objetivo: llegar al momento en que se alcance ese sueño, y seguir avanzando a la par. Porque no siempre alcanzar un sueño significa cumplirlo.

Movidos por esta inquietud -que terminó mutando a necesidad-, Javier Tejada (27) y Mey Bravo (26) abandonaron Mendoza -y sus rutinas- el 8 de febrero de este año a bordo de su Jeep IKA de 1972 con dirección a México, aunque sabiendo que el destino puede cambiar y variar a lo largo de la travesía y según lo que vaya surgiendo.

Convirtieron el vehículo en un “Jeep-home” -como ellos mismos le llaman- y cargaron lo justo y necesario. “Soñé que viajaba” es el nombre que eligieron para esta aventura.

“Es un viaje sin tiempo y sin límites. Salimos sin saber cuánto durará y hasta que rincón de América Latina llegaremos. Nuestro horizonte es México, pensamos llegar y volver a nuestra tierra por una ruta diferente para poder conocer al máximo América. Nuestro viaje se solventa con las ventas de artesanías y trabajos que vamos tomando en los distintos lugares”, contó Javier a Los Andes vía Facebook, aprovechando uno de los pocos momentos en que pueden conectarse a internet para actualizar sus redes sociales y su blog, que funcionan como diario de viaje para estos dos jóvenes mendocinos.

Hasta el martes estuvieron en Máncora (Perú), aunque a última hora regresaron a la ruta con la promesa de volver a dar noticias cuando lleguen a su próximo destino y puedan conectarse.

“Los primeros días fueron terribles, extrañamos mucho. Yo lloré, Javi no sabía qué hacer conmigo. Lloraba tanto que lo hacía dudar de lo que estábamos haciendo. Hasta que poco a poco nos fuimos acostumbrando a esto, fuimos conociendo gente linda, que llenaba esos vacíos y -en ocasiones- desbordaba nuestro corazón de amor. Aprendimos a convivir con las despedidas y a sorprendernos con muchas bienvenidas. Aprendimos a confiar en la gente, a pesar de tener mucho miedo.

Pasaron más de seis meses desde que salimos de casa, mucha gente en el medio, más de 7.000 mil kilómetros recorridos, y ahora estamos menos prejuiciosos al llegar a un lugar. Disfrutamos de las cosas cotidianas, aprendemos de cada cultura, nos esmeramos por ser parte del lugar, jugamos de locales lejos de casa. Estamos aprendiendo a ser felices con poco, cuesta mucho, es por eso que aún estamos en el intento”, destacó a su turno Mey.

En la ruta
Mey estudió diseño de interiores en el Instituto Avellaneda, mientras que Javier hizo la licenciatura en Calidad, medio ambiente e higiene y seguridad laboral. Ambos son mendocinos y hace ya tiempo venían planificando esta “locura”.

“Soñamos unir América Latina a bordo de nuestro Jeep, que está acondicionado como nuestra casa viajera. Es un sueño que estamos logrando hacerlo realidad en cada momento que sumamos nuevos kilómetros, cuando conocemos la gente de cada pueblo y sobre todo cuando aprendemos sobre la cultura. No fue tan difícil decidirse, ¿quién no sueña con viajar por siempre?. Sólo tuvimos que juntar coraje, algo de dinero, recibirnos y dejar listo el Jeep (que se transformó en un jeep-home)”, contó Javi, desde las playas peruanas de Máncora.

Los jóvenes cuentan que con esta decisión dejaron su casa, trabajos y familias, todo para ir detrás de su sueño: recorrer Latinoamérica con su Jeep, al que bautizaron Pampero. 

“Desde antes de casarnos teníamos esta idea en la cabeza, pero nos ordenamos y decidimos ir de a un sueño por vez. Primero nos casamos (en febrero de 2013) y luego nos recibimos. Después de pensar, tener miedo, repensar, hablar con muchos viajeros y leer varios libros de viajes, finalmente decidimos poner fecha. Ésa es la clave del éxito: poner una fecha para cumplir un sueño, el que sea”, iniciaron su relato los mendocinos viajeros.

Así las cosas, nueve meses antes del 8-F (fecha de partida) -y como si se tratara de un embarazo-, comenzaron a gestar el proyecto. “Creamos una fan page en Facebook, nos pusimos nombre y empezamos a vivir esta historia. Durante esos meses, en nuestra casa sólo se hablaba del viaje. Cuando no estábamos juntos, nos escribíamos contándonos ideas que teníamos, el tiempo libre -y el ‘no libre’- se pasaba entre planos del Jeep, listas interminables de cosas que teníamos que hacer y comprar. Un día, pasamos por una librería a unas cuadras de casa y compramos un mapa de América, y comenzamos a contarles a desconocidos del viaje, ¡ya nos sentíamos arriba!. Pasamos por la verdulería y se lo mostramos a Jorge, nuestro verdulero y su esposa Ale, quienes siempre nos hicieron el aguante”, agregó Javi.

Luego de entender que no era una “promesa sobre el bidet” (como canta Charly García), los familiares y amigos de los jóvenes comenzaron a ayudarlos también, tirando todos juntos en pos del viaje.

“Hicimos de todo para juntar dinero (rifas, vendieron remeras con el motivo de la travesía), recibimos mucha ayuda también. Y así el tiempo fue pasando, y nuestra ansiedad aumentando, hasta que febrero llegó. Habíamos dejado de trabajar un mes antes de salir, y en ese mes, preparamos el ‘Jeep-home’, dimos de baja a los servicios, compramos todo lo que necesitábamos, desarmamos nuestra casa y todo lo que no entró en el vehículo fue a parar a una habitación, esperando a que volvamos algún día tal vez”, prosiguieron. 

El 8-F encontró a Javier y Mey muy cansados, y con el estómago muy revuelto (según ellos mismos recuerdan). “Se juntaron muchas sensaciones, cerrar la puerta de casa, y verla vacía fue duro. Entregar las llaves, dejar a la perra con una nueva mamá, y pensar en todos los abrazos de despedidas que estábamos por recibir nos tenía con mucho miedo. Después de la despedida, que fue con muchas lágrimas, de felicidad y de nostalgia, salimos”, agregaron.

Itinerario abierto
Además de la plata que pudieron juntar -y con lo que les quedó luego de acondicionar el Jeep-, son diversas las formas en que están solventando la travesía y el día a día. La venta de postales, remeras y artesanías, además de cualquier trabajo o changa que puedan conseguir en el sitio donde los ponga el día a día son los ingresos económicos de la pareja.

Dentro del territorio nacional, ya dejaron su huella en San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán y Salta. Bolivia y Perú son los otros dos países por los que -hasta el momento- ha pasado “Pampero”. Los dos saben que el viaje recién comienza y ni siquiera están pensando en el final.

“Crecimos queriendo más y más. Un auto más nuevo, una casa más grande, una piscina, el último celular. Y hoy nos ponemos felices con una comida compartida, con amigos que nos escuchen y comprendan, con gente que nos toca bocina y nos saluda sin conocernos. Es un cambio difícil, pero que vale mucho la pena. La libertad de decidir qué vamos a hacer cada día, de despertarnos cuando sale el sol y acostarnos cuando se va, de estar todo el día juntos. El hecho de que no exista la rutina, el tener la suerte de no saber en qué día vivimos ni la hora. El poder recibir invitaciones a casa de gente que ni sabíamos que existía, o descubrir nuevos sabores y olores constantemente. Éstas y muchas otras cosas más nos están haciendo personas extremadamente felices, y nos hacen replantearnos constantemente que vida queremos tener cuando decidamos volver”, cerraron.