Estilo Miércoles, 25 de mayo de 2016 | Edición impresa

La línea interminable

Será recordado por muchos, como amigo, como padre, como maestro. Otros, podrán percibir su inspiración a través de sus cuadros. Ayer, el pintor y grabadista Alberto Thormann dejó este plano, luego de luchar contra el cáncer. Su gran legado.

Por Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com.ar

Saludó, se dio vuelta e invitó a su taller, siempre con la intención de abrir puertas. Ésa es la última imagen que tenemos: la del artista vital, en medio de un proyecto, trazando líneas afuera y adentro de la tela.

En esos meses estaba haciendo "Música en tu jardín", un espectáculo donde sus pinceles se movían en vivo, inspirados por las baladas del músico Marcelo López.  Alberto y Marcelo, que se conocían desde niños, por fin habían cumplido allí el sueño del "hagamos algo juntos" combinando la música y la plástica. 

"Es como si escribiera a través de la pintura", describía. Ése era su lenguaje: jugaba con las líneas, las texturas y las formas entre el surrealismo, el expresionismo abstracto y su propia cabeza. 

De niño, recibió el primer premio de  pintura en un concurso de murales de Maipú. Es posible que a los 11 años, no imaginara que a lo largo de su exitosa trayectoria recibiría 34 premios más.

Nació en Mendoza en 1959 y se graduó como licenciado en la Facultad de  Artes de la UNCuyo. 

Obtuvo más de 34 distinciones como grabador, dibujante y pintor. Desde el '84, realizó exposiciones grupales e individuales, tanto en el país como en el Santiago de Chile, Punta del Este, Londres y Marbella.

Junto a su esposa, la escultora en cerámica Alejandra Civit, llevó a cabo una serie de murales.

"Cuando lo entrevisté, se le llenaron los ojos de lágrimas al hablar del amor de su vida. Llevaban 25 años juntos y aún entonces se conmovía hasta las lágrimas", recuerda una joven periodista.  

Alberto era, además, columnista de revistas de arte y  decoración. De hecho, realizó el libro de pintura "De sueños y mares" para la colección Impsat.

En sus cincuenta páginas de papel satinado, se desplegaron sus pinturas, con textos de Ezequiel Garma Feijóo. El prologuista, Ernst Fortunatti, doctor en Historia del Arte, comentó: "La combinación de elementos y procedimientos tales como el frottage, el collage, el grattage o el dripping, le son absolutamente familiares y es más, con ellos resalta de un modo más flagrante el mundo que ha creado y que ahora nos ofrece. Si nos retrotraemos al primer cuarto del siglo XX y aludimos al movimiento superrealista, podremos coincidir con unos cuantos postulados suyos, sobre todo en aquellos relativos a la irracionalidad y a lo insólito. La mecánica de los procedimientos técnicos aludidos abre caminos que, bajo un principio fundamental, nos permite relacionar dos objetos en un plano inusual".

Vale la pena continuar: "Algunas escuelas filosóficas afirman que sólo se necesita la fantasía que combine la ciencia y la técnica con el fin de considerar el factor perturbador de lo imprevisible. Sin embargo, sabemos que esto no es suficiente, que es absolutamente necesaria la imaginación como capacidad de representación. Ésta es la magia del arte, de la creación pura, donde todo lo soñado puede convertirse en una realidad incontestable y donde ya nada es inimaginable o irrepresentable. Es la alternativa de la fantasía como forma del conocimiento del mundo, de todo lo que es y lo que no es, de todo lo que podría ser. Lo posible ilimitado. Sin fantasías sabemos que tenemos un mundo fáctico, con estadios y sucesos, pero no una verdadera realidad. Thormann, pues, nos ofrece una auténtica realidad que aplica su fantasía y la nuestra, representando lo que todavía no está objetivado; combinando lo que aún no está relacionado y haciéndolo interactuar; finalmente, pensando creativamente en lo que no se ha visto ni considerado nunca".

La real fantasía de Alberto también lo llevó a diseñar cajas lumínicas en la Fiesta Nacional de la Vendimia 2004. Cajas de  5.000 luces de colores. 
Como muchos inspiradores, también ejerció la docencia. Fue profesor desde 1997 hasta 2003, en Colegio Andino, Tomás Edison, Compañía de María y San Jorge.

Además de dictar cursos de grabado y talleres de dibujo y pintura en Mendoza, Córdoba y Chaco, estuvo al frente de las cátedras de Dibujo I y II en la Universidad Champagnat. 

Sus obras se exponen y forman parte de colecciones públicas y privadas en Chile,  Canadá, Taiwán, México, España, Inglaterra y Estados Unidos.
Amaba Mendoza, "sus montañas, sus ríos". Le encantaba su lugar en el mundo. Y el otro mundo, el del inospechado juego a partir del lienzo.

"Su obra, colorida o en blanco y negro, está compuesta por líneas, planos y  transparencias,  sugerentes espacios y  formas que más allá de la abstracción,  hacen  posible que  el espectador  vea  en el cuadro su propio universo. No hay bocetos o dibujos previos. Él comienza a partir de una mancha, trazos y brillos que genera en la tela. Sus pinturas son óleos sobre tela y sus dibujos, técnicas mixtas con carbonillas, tizas pastel y acrílicos. Siempre hay un marcado interés por el detalle y el equilibrio estético. Su temática es libre, pero siempre hay una relación entre el cielo y la tierra,  la montaña  y el mar, construcciones oníricas, la marca del hombre y su Dios", escribió Sam Kirsbik.

A los 57 años, Alberto Thormann murió en la madrugada del martes, tras una larga enfermedad y una internación en la Clínica de Cuyo. 

La comunidad artística despide por estos días a uno de los maestros más queridos de la provincia. 

 

Mendoza lo recuerda

Martín Villalonga (Artista plástico): "Nos conocíamos desde los años noventa. Fuimos amigos desde aquellos comienzos. Alberto, o como le decimos siempre, "El Negro" Thormann, era un artista perseverante, un profesional con todas las letras y un maestro destacado. Además, su arte es muy particular. Su obra resalta, está bien definida. Su colección es una metamorfosis donde lúdicamente se puede intervenir lo figurativo y lo abstracto. Me consta además que también fue un buen marido y un gran padre.”

Fernado Gabrielli (Director de arte de Casa El Enemigo): “Un tipo con un empuje y ambición impresionante. Él tenía una gran predisposición con la gente y era muy respetado por sus colegas. Cuando arrancamos con el emprendimiento la Garita en 2005, que entonces estábamos empezando como productores, se sumó con una energía increíble. Participaba como uno más cuando él ya era un artista reconocido. Su obra no es parecida a la de nadie. Es muy característica. Un tipo fantástico, más allá de su talento”.

Silvia Basso (Artista plástico): “Cuando empecé a pintar, Alberto ya era un referente para mí. Lo seguía en todas sus muestras. Siempre fue muy generoso. Luego, él hizo lo mismo. Cada vez que inauguraba una muestra, yo sabía que él y su mujer estarían allí. Jugaba cuando pintaba, primero manchaba, y luego dejaba que su parte más intima, su alma, le sugiriera cómo seguir. Él se enojaba cuando no podía pintar, su corazón estaba puesto ahí. Le deseo toda la luz para su familia”. 

Coco Gras (Locutor y conductor): “El Negro fue testigo de mi casamiento. Nos unía una gran amistad. Un tipo íntegro, generoso, buen docente. Un creador que estaba dispuesto a jugar con las formas, colores. Sentía y siento que su obra me desafía y me divierte. Un hombre que en su última etapa se atrevió a cruzar los límites y volcó todas las energías al arte. Renunció a sus trabajos para dedicarse de lleno a la plástica. Se fue en paz. Vivió la vida con mucha espiritualidad, muy feliz con su familia”