Fincas Domingo, 16 de octubre de 2016 | Edición impresa

Agricultura de precisión: se consolida en el sector vitícola

A un ritmo constante avanza el uso de la tecnología. En la facultad de Ciencias Agrarias se creó una cátedra específica. El INTA tiene un drone y advierten que se genera mucha información que es difícil interpretar.

Por Juan Manuel Porolli - jporolli@losandes.com.ar

La tecnología hoy permite generar información precisa para la ambientación en el manejo de los cultivos. Esto incluye censado próximo y remoto, relevamientos con sensores de tipo terrestres (en terreno al lado de la planta) y remotamente con imágenes satelitales, aéreas y drones con equipamiento específico.

Federico Framarini, socio Gerente de AgroPraxes SRL explicó que “a través de la agricultura de precisión generamos información para la planificación productiva y la toma de decisiones; la posibilidad de manejar los cultivos de acuerdo a las condiciones del suelo; acceso al agua y evolución del cultivo que permite potenciar la producción de acuerdo a los objetivos del productor y ahorrar otros costos operativos”. 

A esto agregó que “se incrementó exponencialmente en los últimos años este uso de la tecnología. Con servicios adaptados para mapeos de descriptores del terruño, hemos logrado mapear mucha superficie y ampliar nuestros servicios. Se avanza en temas de robótica y realidad virtual, echando mando a herramientas innovadoras y de última generación para poder describir y mapear diferentes terruños”.

Gustavo Schejter, Director de FlyCuyo, explicó que “la agricultura de precisión se basa en una estrategia de administración que utiliza tecnología de la información y las comunicaciones para recolectar datos útiles desde distintas fuentes, con el fin de apoyar decisiones asociadas a la producción de cultivos”.

Explicó que hoy el uso de la tecnología permite al productor conocer en tiempo real el estado, el desarrollo y la variabilidad de los cuadros de cultivo.

Por su parte los drones equipados con cámaras, permiten realizar relevamientos topográficos, que ayudan a identificar zonas del terreno susceptibles a erosión, exceso o deficiencias de vigor, manchas con alto contenido de sales, etc. y además la integración de dispositivos de geoposicionamiento global -GPS- permite direccionarlos bajo un recorrido preestablecido y no depender de la pericia del piloto que lo maneja desde tierra con un control remoto.

Incluso los equipos que se utilizan pueden detectar malezas, estimar rindes, daños por heladas y pérdidas por granizo, realizar un seguimiento del cultivo a partir de imágenes multiespectrales (NDVI), detectar enfermedades, daños por plagas, malezas en el cultivo y hasta el desplazamiento del ganado en el caso de grandes extensiones.

Schejter contó que “un solo dron puede monitorear cientos de hectáreas en forma precisa, evaluando las condiciones del terreno, con el fin de recoger información sobre la hidratación, la temperatura o el ritmo de crecimiento de los cultivos. Una de las funciones más importantes que se atribuyen a estos dispositivos es la localización prematura de enfermedades. De esta forma se pueden evitar plagas o enfermedades que arruinen parte de la cosecha”.

El Director de FlyCuyo sostuvo que hoy el uso de drones “en Agricultura de Precisión abarca desde cultivos intensivos como los hortícolas, monitoreo de viñedos, olivos y cultivos frutícolas en general, hasta agricultura extensiva como soja, maíz, trigo y girasol”, y agregó que se está impulsando el uso en ganadería, sobre todo en campos de grandes superficies.

Framarini por su parte sostuvo que “el potencial en viticultura es enorme ya que se puede homogeneizar o aumentar la heterogeneidad, cuantificar los rendimientos o cosechar vinos según el potencial de cada terruño. Hoy estamos principalmente presentes en la viticultura, por el valor agregado de hacer agronomía de ambientes, pero también tenemos fuerte presencia en nogales, olivos y horticultura”.

En cuanto a los costos que tiene la aplicación de este servicio, el socio gerente de AgroPraxes SRL argumentó que “son relativamente bajos, comparados con los costos de manejo de la agricultura. No es mayor a un jornal de un personal avanzado. Al compararlo con los costos anuales no representa más de un 3%”.

“El costo se define en base a un estudio previo teniendo en cuenta por un lado las necesidades del productor y por el otro las recomendaciones técnicas del equipo de FlyCuyo, compuesto por ingenieros agrónomos, pilotos especializados, etcétera”, argumentó Schejter.

En Mendoza quien también está desarrollando este tipo de tecnología es el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) quien desde abril cuenta con un drone que está siendo utilizado sobre todo en el sector vitivinícola.

Desde 2005, el INTA Mendoza trabaja con información espectral de los cultivos. Se trata de la captura de imágenes dentro y fuera del espectro visible. Las mismas pueden ser obtenidas mediante satélites, aviones tripulados o a través de vehículos terrestres.

Luego esa información se utiliza para estudiar la variabilidad de los cultivos, mediante índices verdes, relacionados al vigor de la vegetación.

Los datos recabados resultan un insumo indispensable para el manejo de algún sitio específico y también para la viticultura de precisión. 

Rosana Vallone, responsable del área de suelos y riegos de INTA Mendoza, contó que “en la provincia hace muchos años que se está aplicando la tecnología de precisión. No avanzó más rápido porque no había empresas que prestaran este servicio, pero esto se revirtió y hoy se cuenta con una amplia oferta”.

Explicó que hoy en día “quien mayor provecho saca de esto es la vitivinicultura; es la que más demanda estos servicios. Es una herramienta ventajosa, para ahorrar insumos y ser eficientes”.

Igualmente la profesional del INTA manifestó que “hay que entender que la agricultura de precisión nos ofrece la oportunidad de homogeneizar las producción a través del manejo específico para regar y fertilizar de acuerdo al tipo de suelo porque no siempre lo mejor es sacarle el máximo rendimiento”.

Vallone también marcó que hoy se incrementó la utilización de la tecnología, pero la gran demora se está produciendo en la interpretación de los datos que se obtienen. 

“Por eso estamos focalizándonos en aprender a interpretar y dar un uso práctico a los datos que obtenemos gracias a la tecnología. Porque si no, se genera mucha información pero no se le da el uso apropiado. Todavía falta crecer mucho y lo bueno es que empresas locales lo están desarrollando”.

Cátedra específica

La Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo aprobó el año pasado el dictado de la asignatura Geomática y Agricultura de Precisión, como parte de un plan de mejoras académicas.

Se trata de un espacio curricular que comenzó a dictarse este semestre y que contiene los temas esenciales de este tipo de agricultura, como el posicionamiento satelital, sistemas de información geográfica, manejo de sitios específicos y la aplicación de esta metodología a los principales cultivos de la región cuyana.

Actualmente esta cátedra cuenta con 20 alumnos y se dicta en la carrera de Ciencias Agrarias. La misma se abrió en el marco de un plan de mejoras académicas que buscan una mayor adaptación de la oferta educativa a las necesidades de la sociedad. 

En este sentido, los impulsores de esta cátedra, Ariel Barros y Luis Rodríguez Plaza, explicaron que “en nuestra zona se realiza agricultura de precisión de cultivos intensivos, como vid, frutales y olivos. La tecnología utilizada hasta el momento está relacionada con sensores remotos y proximales. Dentro de los primeros se encuentran las imágenes satelitales, aéreas y de drones, mientras que en el segundo grupo hablamos de los sensores de clorofila, salinidad y humedad de suelo, entre otros”.

Para estos profesionales, los beneficios que otorga la agricultura de precisión permiten al productor obtener información de calidad y en tiempo real.

Con esta información se puede inferir su vigor, mediante la utilización de índices verdes, y de esta forma conocer la variabilidad espacial de las parcelas productivas, lo que permite un manejo específico “in situ” y una cosecha diferenciada, además de entender qué pasa con el efecto que produce el suelo y el riego en las plantas.